Viernes, 17 de agosto de 2018

Pablo Moreno, cine a Contracorriente, cine en Ciudad Rodrigo

Contracorriente Producciones lleva desde el 2006 funcionando como una empresa audiovisual joven que realiza todo tipo de trabajos, comprometida en la producción de películas con una valerosa etiqueta de cine espiritual que Pablo Moreno, director del proyecto, lleva con la misma solidez de la piedra mirobrigense
Pablo Moreno, director de Contracorriente Producciones. Foto: Carmen Borrego

La sólida vinculación con la cultura. Ciudad de teatro, ciudad de cine, secretos entre las murallas, una voluntad de piedra para mantener la historia intacta, intacta la esperanza, las costumbres, el paisaje, el campo habitado, el relato vivo. Ciudad Rodrigo se rodea de murallas, se abriga en su historia, en su interior burlado al tiempo. Y se convierte en ejemplo de emprendimiento, de esperanza, de apego, de escenario, de imagen. Es en la ciudad de las tres columnas que le dan su segundo nombre, donde Contracorriente Producciones lleva desde el 2006 funcionando como una empresa audiovisual joven que realiza todo tipo de trabajos, comprometida en la producción de películas con una valerosa etiqueta de cine espiritual que Pablo Moreno, director del proyecto, lleva con la misma solidez de la piedra mirobrigense.

Charo Alonso: Verdaderamente a Contracorriente. ¿Hay sitio para el cine comprometido con los valores y más concretamente, para los valores católicos?

Pablo Moreno: Sí, desde nuestros comienzos nos hemos dedicado a producir y promover los valores humanos en el cine. Nuestras historias y nuestra forma de hacer están inspiradas en el humanismo cristiano. Pese a que somos una familia artística muy variada y heterogénea, creemos que la pluralidad suma, y que trasciende los propios fotogramas de una película. Siempre ha habido lugar para el cine comprometido en las pantallas, independientemente de la temática que aborde, el problema está cuando queremos etiquetar ese cine, clasificarlo por intereses, modas, influencias, etc. Y prejuzgarlo sin darle la más mínima oportunidad.

Ch.A.: Leí unas declaraciones de la extraordinaria poeta y profesora Asunción Escribano que decía que los cristianos tienen cierta “vergüenza” en mostrar sus valores. ¿Estás de acuerdo con ella? ¿Podemos presumir de todo menos de ser católicos?

P.M: Es verdad, paradójicamente ocurre esto muchas veces, teniendo en cuenta que la sociedad en la que vivimos, Europa, hunde sus raíces en el hecho cristiano. Pensamos en cristiano aunque no seamos creyentes, es algo cultural. Los católicos formamos parte de este mundo y creo que el humanismo cristiano aún puede aportar mucho a la sociedad.

Ch.A.: Hacer cine es un milagro, pero hacerlo desde Ciudad Rodrigo me parece como abrir las aguas no de vuestro río, el Águeda, ni del Mar Rojo, sino del Atlántico.

P.M.: Es muy duro, pero es nuestro compromiso con esta tierra, creemos que las industrias culturales son motores para el desarrollo, en este caso, en una zona tan demográficamente deprimida como Ciudad Rodrigo y comarca intentamos aportar nuestro granito de arena. También he de reconocer que nos sentimos muy apoyados y arropados por las gentes e instituciones de la ciudad, parte del mérito de lo que hacemos es suyo.

Ch.A.: ¿Qué es Rodriwood? ¿A quién se le ocurrió la idea, genial por cierto?

P.M.: Rodriwood es una marca, pero también es un concepto, en relación con lo que decía anteriormente. Creemos que tenemos una gran riqueza cultural, monumental, histórica y natural en nuestra tierra, y esa riqueza hay que mantenerla, protegerla y promocionarla. Y una buena forma de conseguir estos objetivos es mediante proyectos culturales de esta naturaleza, traer otros rodajes de fuera significa apostar por estos escenarios, es contratar gente, generar riqueza y promocionar esta tierra más allá de sus fronteras.

Ch.A.: Un excelente plató, incluso para hacer películas históricas sobre la Guerra de la Independencia…

P.M.: Efectivamente, esa es un espinita clavada, lo que ocurrió durante la Guerra de la Independencia fue terrible, es una historia muy compleja, que alejada de cuestiones románticas o heroicas, muestra una crudeza y unas repercusiones que llegan hasta nuestros días. La única excusa para hacer una película bélica, es para poder hablar de la reconstrucción de la Paz.

Ch.A.: Desde 2006, formáis una empresa audiovisual. ¿No os habéis planteado salir de Ciudad Rodrigo, tan lejos del centro cinematográfico que es Madrid?

P.M.: Estar tan lejos de Madrid, en ocasiones, dificulta un poco las cosas, es cierto. Pero nuestro compromiso desde el comienzo fue trabajar desde aquí. Si quieres cambiar el mundo tienes que comenzar por tu casa.

Ch.A.: Comprometidos con la zona. ¿Es preciso seguir insistiendo en la descentralización de la cultura, en apostar por el trabajo en las zonas rurales, por apostar por la vida en nuestros pueblos?

P.M.: Sin duda. La centralización de la cultura aporta comodidad pero resta diversidad. En este invierno poblacional que estamos sufriendo en todo el mundo rural, una buena salida puede estar en apostar por las iniciativas culturales.

Ch.A.: Vuestra última película, ‘Red de libertad’ ha tenido numerosos premios y un gran reconocimiento de público. ¿Cómo conociste la historia de Sor Helena Studler, una monja contra el nazismo?

P.M.: A través de la familia Vicenciana. Querían una película para celebrar el 400 aniversario de la fundación de su carisma. Y de entre todas las grandes personalidades que han sido relevantes en estos cuatro siglos, la de Helena Studler fue la que más nos impresionó. Es la historia de una mujer fuerte que plantó cara a un imperio, fue siempre coherente consigo misma y trabajó por la paz y por devolver la dignidad a quienes la habían perdido.

Ch.A.: Tengo curiosidad, ¿cómo convencisteis a Assumpta Serna para el papel protagonista? ¿Cómo fue trabajar con ella? Me parece una excepcional actriz no suficientemente reconocida.

P.M.: Sin duda, Assumpta es excepcional. La historia es muy sencilla, le enviamos el guion y le gustó mucho. El trabajo con ella ha sido maravilloso, es una mujer increíble, ella se implica mucho, y es muy generosa.

Ch.A.: ¿Qué hace falta para dar el salto a un reconocimiento de vuestro cine que vaya más allá de los premios “religiosos”?

P.M.: Este año hemos comenzado a recibir el reconocimiento de la película en sectores no religiosos, llevamos ya 8 premios internacionales y la película se ha proyectado en varias secciones oficiales de grandes festivales y muestras a lo largo del mundo. Un ejemplo de esto fueron los actos organizados en la Universidad de Los Ángeles a principios de Mayo, donde Assumpta pudo presentar la película a estudiantes, profesores y otras personalidades.

Ch.A.: Ocho ediciones de vuestro Festival, FICEE, Festival Internacional de Cine educativo y espiritual. ¿La gente joven necesita cultura, valores, iniciativa?

P.M.: Creemos que el conocimiento compromete, nuestro festival pretende ser una ventana a todas esas realidades, nos interesan mucho las sinergias culturales, el diálogo inter-religioso y la apuesta por la promoción de los derechos humanos. Creemos que es un buen aporte a nuestros jóvenes.

Ch.A.: Pablo, ¿por qué hay que disculparse por hacer cine comprometido?

P.M.: Quizá haya quien no comprenda lo que haces, pero esta no es razón para dejar de hacerlo. El cine comprometido, si es comprometido de verdad, a veces, duele.

Ch.A.: Personalmente, ¿cómo llegas a la conclusión de que quieres hacer cine? ¿Qué películas te marcaron?

P.M.: Ha sido mi vocación desde que tengo uso de razón. Conseguir ese sueño es un viaje largo, ligero de equipaje y con algunas ayudas y dificultades, como en todos los viajes. Me marcaron muchas películas, quizá las más significativas sean ‘Que bello es vivir’, de Frank Capra; ‘Ordet’, de Dreyer; ‘2001, odisea en el espacio’, de Stanley Kubrick; ’Forrest Gump’, de Robert Zemeckis; ‘La vida es bella’, de Roberto Benigni, e ‘Inerestellar’, de Cristopher Nolan.

Quizás mirando al cielo, sí, pero con los pies sólidamente enraizados en la tierra. Comprometidos no solo con su vocación de cineastas, no solo con su intención de hacer un cine de marcado carácter religioso, sino comprometidos con conjurar este “invierno poblacional” que vacía las piedras y las calles. Se rueda entre las murallas eternas de una ciudad que no quiere estar vacía, que quiere conjurar su historia y escribir su futuro. Suenan las campanas por los campos que circundan la Miróbriga romana, la Miróbriga de la independencia. Tan lejos de la voluntad y del futuro de los hombres, esos hombres que creen en los sueños, en los milagros y en el triunfo de la voluntad. Esos hombres como Pablo Moreno, rodando la vida y leyendo la historia en las páginas de un guión valiente. A orillas de nosotros mismos, en la joya de la raya, en la raya entre el cielo y el suelo… la muralla y las columnas hacia arriba, hacia los sueños.