Emociones para un torero

El mundo taurino salmantino rinde homenaje al maestro Juan José en el 50 aniversario de su alternativa. Padrino, testigo y apoderado asistieron al acto en el Casino
El maestro Juan José en una emotiva noche junto a su hija Nadia

El Casino de Salamanca se abarrotó de público, mucho universo taurino de profesionales, ex -profesionales y aficionados. Un reconocimiento general y unánime a la trayectoria como torero y a la honestidad profesional como pedagogo taurino de Juan José, el maestro de la Fuente de San Esteban que no solo consiguió triunfar muy joven en el planeta de los toros en una longeva biografía como torero en activo, sino también, y esto es patrimonio de muy pocos, tener el talento y la claridad expresiva y efectiva de transmitir las esencias practicas del oficio, a los jóvenes aspirantes. Juan José lo consiguió en varias generaciones de jóvenes toreros que pasaron por sus manos y las de sus compañeros profesores a lo largo de 29 años en la Escuela de Tauromaquia de Salamanca, que ayer también quiso estar presente en este multitudinario homenaje organizado por la federación de Peñas Taurinas Helmántica con la colaboración del Casino de Salamanca.

Ese, seguramente, va a ser el poso fundamental de Juan José en la historia del toreo de Salamanca: el germen que plantó con paciencia y comprensión en numerosos jóvenes (después la suerte, las condiciones de cada uno y la deriva de la vida se encarga de orientar destinos).

Pero ayer, para quienes vivimos muy cerca la evolución del toreo de los últimos 25 años, y formamos parte de su entramado, fue especialmente interesante todo cuanto se dijo, se apuntó y se recordó en el coloquio de la mesa, bien labrado y preparado por Paco Cañamero.

Sus protagonistas hablaron largo, no sin nostalgia, de las corridas que torearon juntos y los interesantes videos que rescató para la ocasión Tony Sánchez, ofrecieron una retrospectiva sentimental de aquella época, de su protagonismo en ella Y la constatación de que quienes estaban allí sentados habían sido estrellas en lo suyo.

Allí había mucha historia. Estaba Manolo Lozano, con noventa años y una memoria sorprendente (no así el oído). La anécdota del avión de Cantinflas es impagable, o la explicación del toreo de Juan José cuando le preguntaron si el accidente había sido su cruz. Dijo el viejo apoderado: “no, fue la espada. En Lima, un año pudo cortar seis orejas, estuvo sensacional y pinchó todos los toros. Fue un muletero excepcional”.

O cuando el anciano apoderado, otrora avispado diseñador de campañas publicitarias para sus toreros, explicaba sin ningún rubor como se conchababa con críticos taurinos y periodistas para promocionar a sus poderdantes.

Y la historia de tomar la alternativa con 17 años porque las cosas vinieron así rodadas. Todo fue improvisado, sobre la marcha, debido a un accidente con una espada de Palomo Linares. Cosas de coyuntura. Para quienes conocemos, como aficionados, el papel de este hombre en la maquinaria organizativa de espectáculos taurinos de la época fue muy impactante verlo y escucharlo  (se refirió a la Oportunidad de Vista Alegre, que él montó junto a sus hermanos Eduardo y Pablo) de donde salió Palomo Linares) porque parece sacado mismamente del Cossío.

Andrés Hernando y Gabriel de la Casa fueron dos toreros que, sin ser figuras grandes, tuvieron un recorrido largo y serio en el toreo, ambos con registros estadísticos abultados en aquellos años 70-80 y con golpes de efecto profesional y éxitos para la historia. De la Casa toreó mucho en América y el torero de Segovia lució anoche una sorna peculiar cuando le comentó a Manolo Lozano cosas sobre las “liquidaciones” del torero (Juan José). Los dos volvieron anoche a Salamanca a dar la alternativa, después de 50 años, a Juan José, los dos repitieron en varias ocasiones la admiración por el torero de la Fuente de San Esteban y la especial conexión que les unía con esta tierra cuando la visitaban con frecuencia para tentar en sus años jóvenes.

Y José Luis Rodríguez, el ganadero de Valrubio. Amistad entrañable con Juan José. Explicó con claridad meridiana sus sentimientos hacía el torero, cómo tiene imborrables en la memoria los naturales soberbios de Juan José a un toro de Jandilla en la Feria charra. Y cómo su amistad fue en aumento cuando el maestro proyectó sobre el ganadero sus clarividentes conceptos del toreo. Y su orgullo por ser valedor de la gente más joven, de los chicos de la Escuela, el futuro, en fin, de la fiesta. Y dijo que sus compañeros debían abrirse más en este sentido.

De rúbrica dos alumnos de la Escuela, Claudia Gutiérrez e Ismael Pérez, ofrecieron un suspiro de verónicas preciosas.

Luciano Sánchez, Presidente de la Federación de Peñas, abrió el acto y lo cerró con la entrega por parte de varios vocales de la misma de recuerdos a los participantes en acto.

Fue una velada lleva de emociones que vino a coronar la hija del homenajeado, Nadia, con un discurso entre lágrimas, tierno y conmovedor que nos humedeció los ojos a unos cuantos.

Y Juan José, tímido como es él, superado por tanto cariño de su gente y de la afición, cerró el acto dando las gracias. Y todos de pie le llevamos en hombros con el corazón.