Jueves, 4 de junio de 2020

Josemi Valle: “La educación intenta aproximarnos al ser humano que nos gustaría ser”

Ligado a Salamanca durante muchos años, forma parte del equipo de docencia de la Escuela Sevillana de Mediación
Josemi Valle se licenció en Filosofía por la USAL

Ligado a Salamanca durante tantos años, donde se licenció en Filosofía por la USAL, Josemi Valle forma ahora parte del equipo de docencia de la Escuela Sevillana de Mediación y también del profesorado del ‘Experto en Mediación y Gestión de Conflictos’ de la Universidad Loyola Andalucía. El escritor bilbaíno también imparte cursos y talleres relacionados con ámbitos interdisciplinarios de la interacción humana.

¿Cómo aplicaría la Filosofía para mejorar los valores de esta sociedad?

Hay que tener mucha precisión cuando se habla de valores. Hay muchos tipos de valores (éticos, financieros, religiosos, deportivos, artísticos, personales, instrumentales, terminales, etc.). Supongo que en su pregunta se refiere a valores de régimen ético e instrumental. Creo que no se trata de aplicar la Filosofía entendida como disciplina curricular.  Se trata de pensar bien, aprovisionarnos de conocimiento, memoria y pensamiento crítico, de hacernos preguntas, de instalar la duda como una manera de habitar la realidad, de interrogarnos para qué queremos vivir, qué sentido tiene lo que hacemos. Creo que ante cualquier información entrante hay que preguntarse más a menudo por qué y para qué. Etimológicamente la palabra filosofía significa la amistad que uno mantiene con el conocimiento, así que convertir ese conocimiento en comportamiento saludable para la convivencia es probablemente la mayor tarea a la que podemos aspirar como seres humanos que han decidido compartir redárquicamente la vida con los demás.

Un mundo más bondadoso

A través de sus cursos y conferencias, ¿qué generaciones percibe que estamos creando?

  “Los que mercantilizan la vida han impuesto el sentido de las cosas, incluidas aquellas que no mantienen ninguna consanguinidad vital con el mercado  

No lo sé. El planeta Tierra está habitado por siete mil cuatrocientos millones de habitantes. Con una cifra tan exorbitante puedo coger ejemplos y contraejemplos que ratifiquen una tesis o que la impugnen. Sería muy osado concluir en algo categórico. Ahora bien, sí creo que estamos hipertrofiando la mercantilización de la vida. Los mercaderes han impuesto el sentido de las cosas, incluidas aquellas que no mantienen ninguna consanguinidad vital con el mercado. Intuyo también hartazgo de este mundo que sólo santifica la cuenta de resultados y desdeña todo lo demás. Precisamente todo lo demás, una vez satisfecho lo primario, es lo que resulta relevante para las interacciones humanas, para el ser vulnerable, frágil e inerme que somos cada uno de nosotros.  Por eso intuyo que frente a la inercia de un mundo cegado por la maximización de los márgenes de beneficio hay una inmensa minoría que desea un mundo más bondadoso en el que el cuidado de nuestros iguales y el cumplimiento de los Derechos Humanos se supraordine a los imperativos de las finanzas.

Hace unos meses me ocurrió algo que me invita a pensar en esta dirección. Publiqué en mi blog Espacio Suma No Cero un artículo sobre la bondad vinculándola a la inteligencia. En una semana el artículo tuvo un millón de visitas. No era un texto muy diferente a los que escribo todas las semanas. La diferencia es que toqué un tema que creo que tiene protagonismo en un mundo que cuestiona que detrás de la acción humana haya motivaciones ajenas a la pulsión lucrativa.

‘La capital del mundo es nosotros’ es una de sus obras, y en su Red Social figura el aforismo «El gentilicio de cualquier habitante del planeta Tierra debería ser Nosotros». ¿Se refiere a la necesidad de compartir en un mundo individualista y lleno de egoísmo?

Esa sentencia figura así en Facebook porque no disponía de más caracteres, pero el aforismo original que escribí para uno de mis ensayos matiza que el gentilicio de cualquier habitante del planeta Tierra con un mínimo de inteligencia y bondad debería ser Nosotros. Sin el concurso de la bondad y la inteligencia, entendida como la racionalidad con la que se construyen los sentimientos de apertura al otro, es difícil que alguien pueda sentir su condición de existencia vinculada a todas las demás existencias. Somos nodos en una gigantesca red. La convivencia con los demás es nuestro destino irrevocable. “El hombre es un animal político por naturaleza”. Lo escribió Aristóteles hace veinticinco siglos. Y añadió una coda que se olvida muy a menudo: “y quien crea no serlo o bien es un dios o bien es un idiota”. 

Competición y cooperación

Educación, competencia, competitividad. ¿Cuándo debemos competir?

Es una pregunta que requiere mucho espacio y mucho tiempo para ser bien contestada. Aquí no podría desgranarla sin ser negligente en mi análisis. La tesis que yo defiendo en mi ensayo ‘La capital del mundo es nosotros’ es que deberíamos competir por lo fútil y cooperar por lo imprescindible. Desgraciadamente el mundo funciona al revés. Es una pena porque la competición siempre  provoca damnificados.

Un valor imprescindible en la sociedad es la educación. ¿Cuál es su finalidad principal?

La educación no es exactamente un valor. Es un instrumento. No sé cuál es su finalidad, pero creo intuir cuál debería ser. En el último ensayo que acaba de publicar Marina, ‘El bosque pedagógico,’ he leído que un principio del arte de la educación es que no se debe educar a los niños conforme al presente, sino conforme a un estado mejor. Creo que su pregunta queda contestada. La educación, ya sea la formal, la informal o la invisible, intenta aproximarnos al ser humano que nos gustaría ser.  Kant afirmaba que la educación sirve para que pasemos de la animalidad a la humanidad. Somos homínidos que nos estamos humanizando. La educación sirve para  la tarea siempre inconclusa de humanizarnos. 

Le dio forma al libro ‘Liderar en tiempos difíciles’, de Juan Mateo y Juanma Lillo. ¿Qué virtudes especialmente necesita un líder para dirigir y ser al mismo tiempo respetado?

Ha pasado muchísimo tiempo de aquello, aunque fue una experiencia muy bonita y muy enriquecedora. Todas las semanas las dos personas que cita y yo manteníamos una reunión de trabajo en Madrid. Yo me encargué de dar forma a lo que salía de aquellas reuniones en las que bullían muchas ideas, sobre todo de la cabeza de Lillo, la persona que yo conozco con mayor capacidad para analizar el comportamiento humano.

Cada vez me interesan menos las etiquetas. Estoy saturado de escuchar cosas relacionadas con el liderazgo y los líderes. Todo ser humano para ser respetado necesita a otro ser humano que le respete. El respeto solo se puede adquirir entre aquellos educados sentimentalmente para advertir que todo ser humano por el hecho de serlo lo merece. Otra cosa es el elogio o la reprobación de los comportamientos, lo que nos invita a diferenciar la dignidad como valor y como conducta para evitar tergiversaciones. 

¿En nuestra política harían falta más líderes formados en educación para  forjar mejor el progreso de nuestros jóvenes? ¿Cómo se puede frenar el alto índice de fracaso escolar en nuestro país?

Me hace preguntas cuyas respuestas supondrían la redacción de un ensayo. No le puedo contestar porque no lo sé, no al menos de un modo abreviado. Si admirásemos al que merece una admiración vinculada con el buen comportamiento, el conocimiento, la ciencia, el arte, las creaciones increíbles que es capaz de realizar la inteligencia humana, la educación, o el interés de aprender, gozarían de mayor participación y mayor valoración. Tendemos a mimetizar aquellos patrones que obtienen la admiración social. 

El filósofo Fernando Savater acusa a los nacionalistas de España, que considera clase alta, de pretender distanciarse de los pobres. ¿Usted cómo ve el fenómeno nacionalista y sus consecuencias?

Hace unos días Savater dio una conferencia a cien metros de donde vivo. No pude acudir porque me coincidió con una clase, pero su intervención se grabó y la he escuchado. Savater distingue entre el orgullo local, el nacionalismo elitista y el separatismo. Habiendo tantísimas personas en cuyas vidas se incumplen reiteradamente la mayoría de los Derechos Humanos me parece una frivolidad malgastar energía y tiempo en este tema. He comprobado que los que más citan a su país son los que más desdeñan las condiciones de las personas que viven en él. Recuerdo una viñeta de El Roto en la que aparecía una bandera blanca y a su lado el siguiente y lúcido comentario: ‘Las banderas las pinta el diablo’ Creo que está todo dicho. Y por si queda alguna duda citaré a mi admirado Battiato. En su canción ‘La vía láctea’ afirma: “Somos provincianos de la Osa Menor”.

“ Kant afirmaba que la educación sirve para que pasemos de la animalidad a la humanidad  

Política y convivencia

Arturo Pérez Reverte ha manifestado que el discurso de la izquierda es tan superficial que la derecha se permite el lujo de ser corrupta y ganar. ¿Le gusta la izquierda de este país, desde sus diversas formaciones?

Con mucho acierto algunos autores denominan política folk al ecosistema que señalas con tu pregunta. Como la política cada vez me interesa más como forma de organizar la convivencia y pensar modos nuevos de articular la vida humana, el folclore político cada vez me interesa menos. Contestar a tu pregunta es adentrarme en ese folclore. 

¿La política debe respetar las tradiciones?

Las tradiciones no son buenas ni malas por sí mismas. El contenido de una tradición concreto hay que respetarlo o conservarlo si mejora el proyecto de ser humano que nos gustaría ser, y habría que eliminarlo si empeora o envilece ese proyecto.  

¿Para un amante del fútbol como usted el imparable mercantilismo del deporte rey le causa más morbo o decepción?

Me proporciona una maravillosa fuente de estudio del neoliberalismo económico como método. A mucha gente le cuesta entender la biología del capital en un mercado desregulado, pero la comprenden a la primera cuando se extrapola a los equipos de fútbol y a las competiciones en las que se encuentran con sus opositores. El fútbol es pura pedagogía, con la añadida particularidad de que todo en él aparece hipertrofiado.

Texto: Amador Vicente