Miércoles, 21 de octubre de 2020

Don Federico mató a su mujer

Para casarse con una costurera.

Sí, don Federico mató a su mujer para casarse con una costurera. Aunque la versión original, al parecer, decía: “Don Federico mató a su mujer,/ la hizo picadillo y la puso a la sartén./ La gente que pasaba/ olía a carne asada:/ era la mujer de don Federico./ Don Federico perdió su cartera/ para casarse con una costurera”. La transmisión oral eludió el fragmento más cárnico y reservó solo el principio y el final de la estrofa hasta el patio de mi colegio. “Las palmas” era uno de mis juegos favoritos y “Don Federico mató a su mujer” una de las canciones más famosas. La acompañábamos de una pequeña escenificación: después del “don Federico” colocábamos el dedo índice como si fuera un bigote, después del “mató a su mujer” pasábamos el dedo índice por el cuello, como si fuera un cuchillo. Todo encajaba.

Con todo lo que está sucediendo en el mundo, quizá no sea importante recordar ahora a don Federico. O quizá sí, porque, además de una historia ficticia, era verdad: don Federico mató a su mujer. Y la sigue matando. Don Federico mató a su mujer y se convirtió en motivo de canción infantil, en juego de niños, en entretenimiento de recreo. También eso consiguió don Federico. Normalizar la tragedia, hacer lúdico el asesinato. Introducir la atrocidad en la cultura popular. Banalizarla.

Con todo lo que está sucediendo en el mundo, quizá sí sea importante recordar ahora a don Federico. Y a su mujer. Y a la costurera. Incluso ahora. Precisamente ahora.