Sábado, 22 de septiembre de 2018

La esclavitud del siglo XXI

Jóvenes atrapados en sueldos precarios y empresarios más ricos

Cada día son más los jóvenes que con más de treinta años tienen que vivir en casa de sus padres porque no logran obtener un sueldo digno que les proporcione independencia.

Las empresas han encontrado un chollo con las becas de prácticas ofrecidas por el estado. Durante seis meses el sueldo del becario está garantizado y este, en la mayoría de los casos, hace el trabajo de un profesional, ahorrando de esta forma el sueldo que tendría que pagarle. Al finalizar este periodo, que se supone es para dar la oportunidad a estos jóvenes a continuar en esa empresa con un sueldo digno, se les sustituye por otro becario que continuará haciendo el trabajo.

Estos jóvenes excelentemente cualificados aceptan esta oportunidad soñando con introducirse en el mercado laboral, pero el que lo consigue es a costa de hacer horas extraordinarias no pagadas, realizar funciones que no le corresponden y agachando la cabeza ante el patrón por miedo a que le despidan y sabiendo que hay una lista inmensa para sustituirle.

Esta es la realidad actual, aunque para mí lo más triste de la situación es la conformidad de los padres, que ya ven como normal esta situación y comentan que al menos tienen trabajo aunque el sueldo sea muy bajo.

Recuerdo que en mi generación, al finalizar los estudios nos buscábamos la vida trabajando en lo que fuera hasta alcanzar un trabajo acorde a nuestra titulación. Aunque los padres pudieran mantenernos, en conciencia estábamos preparados para tener nuestros propios ingresos para sobrevivir y no ser una carga familiar, eso sí, no disponíamos de muchos lujos que para los hijos de la mayoría de las familias, hoy ven como normal como es el teléfono último modelo, coche, alternar varios días a la semana en los locales de moda o  las vacaciones.

El conformismo y el miedo se está apoderando de los jóvenes. No luchan ni salen a las calles para lograr una vida digna. Se les ha proporcionado medios tecnológicos con redes sociales para estar entretenidos y que no molesten.  No interesa que sean críticos y piensen. Se les ofrece una vida fácil y no basada en el esfuerzo.

Desde estas líneas hago una llamada a los lectores para que cada uno desde su posición luche por una sociedad más justa. Para que los empresarios dejen de esclavizar a los jóvenes y les ofrezcan unas condiciones dignas, que no sigan enriqueciéndose a costa de ellos.