Lunes, 18 de noviembre de 2019

Elogio de la nada

Siempre nos quedará la lectura. Es uno de los ámbitos privilegiados en los que mejor se detecta el fulgor del mundo. Cada libro, cada autor, cada descubrimiento… son como cuentas de un rosario que van trazando ese rezo personal en el que está cada uno en su trayectoria por el existir.

Una imagen religiosa, sí, sobre el leer. Kafka, Celan y otros escritores de la tradición judía hablan de la poesía como un modo de oración. También podemos llevar la imagen hacia lo geográfico. Entonces habríamos de decir que cada ser humano, en la medida en que lee, va configurando su propia cartografía. Y nunca hay un mapa igual a otro. El de cada uno, cuando de verdad lo es, tiene un trazo distinto.

En nuestro rosario o cartografía personal, estos días se está incorporando un nuevo elemento de ese mapa o rosario lector que vamos configurando. Se trata del escritor francés Christian Bobin (Le Creusot, 1951). Un escritor de culto, fiel a su lugar y a su mundo, fuera de las alharacas sociales y publicitarias.

Sus prosas son fulgurantes, intensas, sorprendentes, esenciales, decisivas. Parte siempre de lo aparentemente trivial, de lo vivido, de lo anodino si se quiere. Pero, a partir de ello, escarba o profundiza y trasciende lo tratado, para situarlo en un hermoso y fascinante plano de belleza y de verdad.

¿Por qué no comenzar por su ‘Elogio de la nada’? Parte de una pregunta que le hacen, para que responda por escrito a partir de ella. “¿Qué da sentido a tu vida?” Y, a partir de tal interrogante, el autor nos lleva hacia los territorios de la fascinación. “A los escritores siempre se les pide demasiado. … Como si escribiéramos a partir de un saber. En realidad sucede lo contrario: sólo podemos escribir bien sobre lo que ignoramos. Sólo podemos escribir bien si vamos hacia lo desconocido, y no para conocerlo, sino para amarlo.”

Algo que tiene que ver con esa frase que abre, como pórtico el libro, el brevísimo relato: “Ilumina lo que amas / sin tocar su sombra”. Porque: “El amor es libertad. La libertad no va con la felicidad. Va con la alegría. La alegría es como una escalera de luz en nuestro corazón. Conduce hasta mucho más arriba que nosotros mismos, hasta mucho más arriba que ella misma: hasta donde no hay nada que atrapar, salvo lo inatrapable.”

Escribir entonces, claro, es un modo de amor. Como vivir.