Miércoles, 23 de octubre de 2019
Ciudad Rodrigo al día

La saca perfecta: necrologio de la 2ª tanda de vecinos de El Bodón

Era eficaz, masiva, no dejaba huellas de las víctimas ni de sus cadáveres, enterrados en fosas de fincas privadas (y no en los cementerios), sin acceso para extraños

La represión en El Bodón fue de las más cruentas por la vía extrajudicial, aunque después se remató por la vía militar “legalizada”. A ello contribuirían varias circunstancias, antes y durante el Alzamiento. La aplicación de la Reforma Agraria, que afectaba a algunas dehesas del término (Melimbrazo y Pascualarina) y principalmente la del Collado de Malvarín, cuyos propietarios debieron de considerar crimen de lesa majestad que los vecinos impacientes se metieran a roturarla. Luego los conatos de resistencia en los primeros compases del Alzamiento, con presumibles amenazas verbales a las familias de la casa cuartel de la Guardia Civil, cuando ésta se fue concentrada a Ciudad Rodrigo y, al volver para llevarse a dichas familias el día 19 de julio por la tarde, se halló la carretera cortada con carros y recibió algunos tiros de escopeta. Entre estos guardias no hubo muertos ni heridos, pero su rencor, que ya venía de atrás, sería duradero. Las detenciones se iniciaron el 26 de julio y las primeras ejecuciones extrajudiciales, entre ellas la del guardia civil retirado Ángel Acosta y de Agustín Pino, presidente de la Sociedad Obrera (croniquilla del día 9 de agosto), hasta que se produjo la saca masiva de la cárcel de Ciudad Rodrigo el 11 de septiembre (Iglesias 2008a o 2010 b, Represión franquista: 298-300).

Esta fue la saca carcelaria perfecta que serviría de modelo a las que se practicaron después en la prisión del partido judicial. Era eficaz, masiva, no dejaba huellas de las víctimas ni de sus cadáveres, enterrados en fosas de fincas privadas (y no en los cementerios), sin acceso para extraños, sin diligencia alguna de identificación cuando aparecían huesos en los barbechos. En el caso de las víctimas de El Bodón esto quedó así hasta 1979, en que sus restos fueron exhumados en la finca de Medinilla (Bañobárez), sin que la familia de los Sánchez-Arjona, que eran los dueños (así como de la finca expropiable de El Collado), supieran nada, aunque resulta extraño que los “conductores” (entre los cuales a veces los mismos falangistas mirobrigenses mencionan a Fernando Velasco Sánchez-Arjona en la C.2133/37) dieran con el sitio, a más de 50 kilómetros del lugar de origen de los muertos. Cabe la posibilidad de que las ejecuciones extrajudiciales se efectuaran en el término de Saelices, junto a la “Encina de los muertos”, cerca de la entrada a las minas de Enusa (CR 2016).  Sus nombres figuran en una lápida del cementerio municipal, sin el segundo apellido. En las sacas de otras localidades, los restos mortales secuestrados han sido recuperados hace poco tiempo o siguen in situ hasta el día de hoy, si es que no han sido trasegados a cencerros tapados.

La gran saca de los elegidos para la muerte en El Bodón fue precedida de dos series de detenciones, una en julio y esta otra en septiembre. Se comprueba por la “Relación” de entradas y salidas en la cárcel del partido judicial. El 26 de julio fueron detenidos nueve vecinos bodoneses, seis de los cuales fueron sacados la noche del día 11 de septiembre, conforme al protocolo previsto: puesta “en libertad” de los presos (con presunto interrogatorio y declaración de inocencia previos) y a la salida entrega alevosa a las fuerzas armadas (Milicias Facistas) para su ejecución. Un informe policial (09/03/1979), incluido en el expediente tramitado a instancia de la viuda de José Barahona Medina, confirma que estos bodoneses fueron detenidos “el 26 de julio de 1936, por fuerzas de la Guardia Civil en Bodón”, a las dos de la tarde de dicho día ingresaron en la cárcel del partido judicial, el mismo día fueron “puestos en libertad” y, con “otros más”, fueron trasladados, ejecutados y enterrados en la finca de Medinilla del “término municipal de San Felices de los Gallegos” (AMCR, Viudas), detalle erróneo este último (la fosa en cuestión pertenece al término de Bañobarez).

Alberto Gutiérrez Pino. Aparece en la lista de detenidos de El Bodón por la Guardia Civil que ingresa en la cárcel de Ciudad Rodrigo el 26/07/36 a las 2 de la tarde y es puesto” en libertad” el 11/09/36, eliminado clandestinamente en la saca nocturna. Entre los detenidos del día 11/09/36 iba Celestino Gutiérrez Pino, hermano suyo, sin duda. Pero con aquel nombre no se comprueban otros datos. Podría tratarse de Alberto Manuel Gutiérrez Amado, de 28 años, hijo de Jesús (labrador) y Regina (RCEB, act. nac. 08/04/1908), probablemente jornalero y soltero.

 José Barahona Medina, de 40 años, hijo de Ricardo e Isabel, jornalero, casado con Aquilina Barragués Diego, de cuyo matrimonio quedaban cinco hijos. Su acta de defunción, tardía, situaba su fallecimiento en “San Felices de los Gallegos el día 12 de septiembre de 1936”, a consecuencia de “herida de arma de fuego”, sin constancia del lugar donde fue enterrado (RCEB, act. def. 15/09/1941, “a instancia de la viuda”).

Rafael Ramajo Martín, de 26 años, hijo de Gonzalo y Concepción, jornalero, concejal republicano. Tenía una hermana casada con Amador “Milhombres”, líder local que promovía el reparto de tierras (EB 2007). Tuvo algún protagonismo el 19 de julio, pues fue comisionado, junto con Bernardo García Silva (sin duda hermano de Juana García Silva [infra], represaliado más tarde [C.574/40]), para informarse en Ciudad Rodrigo de las consignas a seguir contra el Alzamiento militar, lo cual se traduciría en el intento de resistencia a la Guardia Civil, según se desprende de la causa seguida contra Primitivo Román (C.788/37). Por ello, sintiéndose en el punto de mira, trató de ocultarse en La Herguijuela de Ciudad Rodrigo, donde tenía un hermano casado. Un cuñado de este hermano, David Baz Jorge, padre de la informante Mª Rosa Baz González, lo escondió al principio (HCR 2008B). En el testimonio de Ramón Barragués, en la causa seguida contra éste, se da por “desaparecido” a Rafael Ramajo (C.1861/37).

Serapio Montero García, de 27 años, hijo de Leonardo y Asunción, jornalero, casado con Antonia Acosta Galán, de cuyo matrimonio no quedaban hijos. En el registro civil existen dos actas de defunción. Según la primera, Serapio, de 38 años, falleció en “despoblado en el término de San Felices de los Gallegos en donde apareció muerto el día 7 de agosto de 1936, a consecuencia de “heridas de arma de fuego”, sin constancia del lugar donde fue enterrado (RCEB, act. def. 22/10/1947, “a instancia de Faustino Montero”). En la otra acta de defunción se comprueban analogías y diferencias con la anterior (en lo que atañe al nombre, edad, fecha y lugar donde falleció, que se indican en bastardilla): Serapio Agustín Montero García, nacido el 28 de agosto de 1909 (RCEB, act. nac. 28/08/1909), casado con María Antonia Acosta Galán; falleció en “esta villa [de El Bodón]” el día 11 de septiembre de 1936, a consecuencia de “herida de arma de fuego”, y fue enterrado en el cementerio de esta villa (RCEB, act. def. 07/01/1958).

Los testimonios posteriores dejan claro que solamente había una persona de ese nombre y edad por entonces en el pueblo, el cual encabeza la nómina de los cuatro primeros asesinados bodoneses, según algunos testimonios: “Serapio nada más [había] ése. Los primeros que llevaron a matar (...). Serapio fue el primero, y tio Ángel el Guardia, tio Agustín el de la Gorda y tio Feliciano” (EB 2006). La documentación escrita evidencia que no fue Serapio la protovíctima bodonesa, sino alguno de los otros tres citados: Acosta Barragués, de quien Serapio era yerno, Agustín Pino Sánchez o Feliciano Galán Rodríguez, que fueron asesinados un mes antes en la carretera de Salamanca (croniquilla del 9 de agosto). Pero éste no fue el caso de Serapio, que en la mencionada “Relación” figura entre los detenidos en la fecha indicada de julio y sacado de la cárcel del partido con los bodoneses enterrados en Medinilla (11/09/36).

Felipe Santos Gutiérrez, de 22 años, hijo de Laurentino y María Manuela, sin otros datos. Su padre era primer teniente de alcalde republicano (RCEB, act. ses. 12/03/36).

Luis Nicolás Sánchez. Aparte de la detención y la saca, con este nombre no se comprueban otros datos. Podría tratarse de Luis Santiago NICOLÁS CEPA, de 26 años, hijo de Eladio (jornalero) y María Amparo (RCEB, act. nac. 22/06/1900).

Los otros tres detenidos en aquella fecha, José Agudo Gutiérrez, Germán Pino Galán y Primitivo Hernández Juan, no fueron ejecutados en la gran saca. No se mencionan como tales sacados en las actas de defunción (RCEB) ni en los testimonios orales:

“[El informante dice que] ninguno de estos tres [Germán Pino Galán, Primitivo Hernández Juan y José Agudo Gutiérrez] (de éste último dice que si el segundo apellido podría estar mal) fue fusilado, que todos emigraron en torno a los años cincuenta hacia el Norte y que no han vuelto a venir casi nada por el pueblo, recuerda que el año pasado estuvo de visita la hija de uno de ellos y cree poder afirmar que los tres ya han fallecido” (EB 2008).

Un hijo de  José Agudo recuerda algunos avatares represivos sufridos por su padre:

(…) estuvo un mes en la cárcel de Ciudad Rodrigo, hoy ocupada por la Diputación [donde se ubicaba el cuartel de la Falange, antiguo “cuartel de la Bomba” y después Instituto]. Gracias a un pariente que habló con el capitán de la Guardia Civil se libró de la muerte. Una noche lo sacaron y le hicieron beberse una botella de aceite de ricino y tragarse unas hojas de periódico y lo dejaron en libertad. Una vez recuperado, lo reclamaron forzoso y lo llevaron al frente. Hizo toda la guerra y decidió quedarse en el Ejército para no tener que volver a El Bodón, que no volvió a pisar, solo para cumplir una promesa de ser mayordomo cuando estaba en el frente. Fue militar, pero nunca franquista y nunca olvidó la muerte de su cuñado Ramón Gómez y del resto de sus vecinos asesinados” (CR 2016).

La redada del día 11 de septiembre fue más numerosa que la de julio. Los detenidos ingresaron en la prisión del partido judicial a las 13 horas, “entregados por fuerzas de Carabineros”, y por la noche, a excepción de uno fueron, “fueron puestos en libertad” en teoría, pero de hecho, sin indicación de la hora, “entregados a la fuerza de Falange Española por orden del Juzgado Instructor”. El  informe policial (21/01/1979) del expediente de Ramón Gómez indica que: “Aparece una orden de entrega a fuerzas de Falange Española (...) fechada el mismo día de ingreso y posteriormente otra de libertad (...)” (AMCR, Viudas). En el listado de los 18 detenidos bodoneses, que precede a los  expedientes personales elaborados en 1979 (AMCR, Desaparecidos 1936), al margen y con otro caligrafía, aparecen unas indicaciones para distinguir a los nueve vecinos que fueron sacados en la noche de aquel día para ser efectivamente asesinados en Medinilla, uno de los cuales escapó inicialmente, pero solo por algún tiempo, y otro que consiguió fugarse definitivamente, así como a los seis que no fueron sacados para ser asesinados, tres de los cuales al menos estaban en vida cuando se añadió la información marginal (Iglesias 2016: 299).

Isidoro Cepa Prieto, de 29 años, hijo de Juan Antonio y Mercedes, jornalero, casado con Agustina Paniagua Prieto, sin hijos. Según el acta, tardía, falleció en “San Felices de los Gallegos (…), en donde apareció muerto”, sin constancia de la causa ni del lugar de enterramiento (RCEB, act. def. 20/02/1945, “a instancia de su esposa”). Fue detenido en la finca de la Edesa, donde fue esposado, antes de ser llevado para Ciudad Rodrigo, a pesar de que uno de los falangistas responsables era novio de una hermana, con la que se casaría (EB 2007).

Ramón Gómez Ramajo, de 34 años, hijo de Saturnino y Asunción, jornalero, teniente de alcalde, casado con María Teresa Gómez Barragués, de cuyo matrimonio quedaban cuatro hijos. Su acta de defunción, tardía, señala que falleció “en San Felices de los Gallegos” el día indicado, a consecuencia de “herida de arma de fuego”, sin constancia del lugar donde fue enterrado (RCEB, act. def. 25/03/1941, “a instancia de la viuda”). Su hermano Ángel (de 13 años en 1936, vejado) recordaba que fue utilizado por las autoridades militaristas para avisar a Ramón, que estaba trabajando en una hondonada a la vista del pueblo, para que fuera al ayuntamiento. Ramón adivinó que era para detenerlo y matarlo, pero no había escapatoria, porque los falangistas copaban el pueblo por arriba y por abajo (EB 2004).

Cipriano Sánchez Hernández, de 23 años, hijo de Justo y Ángela (RCEB, act. nac. 1170671913), sin constancia de otros datos.

Nemesio Lorenzo Ferreira, de 33 años, natural de Villar de Ciervo, hijo de Ángel y Francisca, jornalero, casado con Irene Acosta Castaño, de cuyo matrimonio quedaba una hija. Según el acta de defunción, tardía, falleció en “despoblado” el día 11 de septiembre de 1936, a consecuencia de “heridas de arma de fuego”, sin indicación del lugar donde fue enterrado (RCEB, act. def. 13/03/1942, “a instancia de la viuda”).

Vicente Gutiérrez Carrasco, de 45 años, hijo de Fermín y Vicenta, jornalero, casado con Pía Carballo Valencia, de cuyo matrimonio quedaban ocho hijos. Según el acta de defunción, tardía, falleció en “la Dehesa de Merinillas, término de Bañobarez, el día 11 de septiembre de 1936”, a consecuencia de “heridas de arma de fuego”, sin constancia del lugar donde fue enterrado (RCEB, act. def. 20/10/1941, “a instancia de la viuda”).

Juana García Silva, de 37 años, hija de Jesús (jornalero) y Bernarda, casada con José Manuel Ramos, pero no tenía hijos. Era consideraba “la madrina de la bandera”, por haberla bordado, pues era modista, por lo cual también habría hecho camisas rojas por encargo. Éstos fueron los presuntos motivos para matarla, de acuerdo con los testimonios, aunque también fue causa de su muerte el desaire amoroso que un falangista sufrió de su parte (EB 2004A, EB 2004B, EB 2007).

José Hernández Nicolás (a) “El Tuerto”, de 38 años, hijo de Isidoro y Abilia, jornalero, casado con Raimunda Herrero Blanco, de cuyo matrimonio quedaban cuatro hijos. El acta de defunción, tardía, señala que falleció, “según se supone”, el día 11 de septiembre de 1936, sin indicación de causa ni del lugar donde fue enterrado (RCEB, act. def. 13/03/1942, “a instancia de la viuda”). Lo habían dejado tuerto de un tiro, cuando cogía bellota, y por este detalle una vecina pretendía haberlo reconocido cerca de la frontera portuguesa, lo que suponía que habría conseguido escapar en 1936 (EB 2007).

Eloy Acosta Castaño, de 35 años, hijo de Claudio (sirviente) y Rufina, concejal republicano, casado con Matilde Montero, pero no tenían hijos. Debía de ser sobrino de Ángel Acosta Barragués, pues su padre tiene los mismos apellidos que éste.

Manuel González Benito, de 37 años, hijo de Vicente y Teodora, jornalero, casado con Ángela Pereira Andrés, de cuyo matrimonio quedaban tres hijos. Falleció “en despoblado en Ciudad Rodrigo el día 16 de septiembre de 1936”, a consecuencia de “heridas de arma de fuego”, sin constancia del lugar donde fue enterrado (RCEB, act. def. 11/01/1950, “a instancia de su esposa”). De ello se sigue que, en lo tocante a fecha y lugar del asesinato, hay datos contradictorios entre el acta y la lápida. En el listado que precede a los expedientes personales (1979) lleva la indicación, marginal y posterior sin duda, ojo, aludiendo a que se habría librado de la muerte (AMCR, Desaparecidos 1936), pero no parece ser el caso.

Plácido Ramos Nicolás, de 38 años, hijo de Joaquín y Magdalena, labrador y jornalero, casado con Remedios Barragués, de cuyo matrimonio quedaban seis hijos. Falleció “en despoblado en Ciudad Rodrigo el día 16 de septiembre de 1936”, a consecuencia de “heridas de arma de fuego”, sin constancia del lugar donde fue enterrado, según el acta de defunción, tardía (RCEB, act. def. 11/01/1950, “a instancia de su esposa”).

La tradición familiar y local ha retenido que Plácido Ramos fue detenido con otra veintena de hombres y una mujer el 11 de septiembre de 1936. Según su hija Magdalena, Plácido era hombre de derechas y defendió contra los jornaleros a un “señor pudiente al que había visitado Gil Robles”. El cura, José María Corral, le tomó ojeriza por un malentendido con la esposa de Plácido acerca de una procesión en que era madrina, para la cual ella no quería que se sacara una imagen a la calle y el Cura pretendía lo contrario a toda costa (EB 2004B). Cuando llevaban a los detenidos en el camión, alguien, al parecer de El Sahugo, lo desató (EB 2004A). Estuvo escondido en el monte, por Monsagro, y después en un cuchitril del corral, en su propia casa. Los niños, incluida la informante Magdalena Ramos, lo ignoraban, pero él los veía e iba a darles un beso cuando estaban dormidos. Los vecinos lo denunciaron (EB 2007) y fue llevado al ayuntamiento. Su hija Magdalena fue a verlo, pero alguien la amenazó con la culata del fusil para impedírselo. Su esposa quedó embarazada del sexto hijo. No debió de morir cinco días después de su huida (el 16/09/1936, como señala el act. def. del 11/01/1950), sino probablemente semanas o meses después, como dice su mencionada hija. Según el testimonio de un vecino de La Encina, que compró las vacas de Plácido Ramos, estaría enterrado en la cercana finca de Campanilla (término de Ciudad Rodrigo), donde habría más de una fosa (EB 2004B).

Además de Plácido Ramos, la tradición local e incluso comarcal recuerda que también consiguió fugarse otro bodonés destinado al sacrificio aquella noche, Emeterio Pino Moreno (a) “Minguín” (del nombre de su padre, Domingo), sobre el que corre una extendida leyenda (Iglesias 2008a). Se tiró del camión macabro, operación en la que perdió dos falanges, y durante la guerra estuvo emboscado, como un maqui, aunque visitaba a los padres, que eran pastores en fincas, en un hoyo de las cuales se escondía.

En suma, los 18 vecinos de El Bodón, según la relación de entradas y salidas de la cárcel del partido de Ciudad Rodrigo, ingresaron en ella, como “detenidos [militares]”, el día 11 de septiembre y salieron de ella ese mismo día, a excepción de uno, Ramón Barragués Orensanz, que salió el siguiente día 14. Sin embargo no parece que todos los excarcelados corrieran el mismo destino que quienes fueron víctimas de la saca y cuyos cadáveres quedaron en la finca de Medinilla. El listado mismo lleva la indicación de que algunos no murieron entonces, como señalan los testimonios: Celestino Gutiérrez Pino, Ramiro Nieto Hernández, Juan Hernández Barragués, Protasio Ramajo Sánchez (“tio Protasio”), Eugenio Acosta Castaño (“tio Eugenio”) y Jesús García Gómez (“tio Jesús”), además de los fugados, Emeterio Pino y Plácido Ramos, y del no excarcelado entonces, Ramón Barragués. La información oral señala que hubo otros agraciados, devueltos a su casa, como “tio Millán”, hermano de Eloy Acosta y cuñado de Nemesio Lorenzo, porque los detenidos habrían sido más numerosos, aunque no aparezcan en la relación carcelaria del partido judicial. La informante Hermelinda Prieto Román (de 16 años entonces y testigo de la detención de los bodoneses en el cuartel de Falange, oculta en el balcón de un piso aledaño), coincidiendo con otros testigos, recuerda que en el camión de la redada principal se llevaron a más de veinte personas, incluida Juana García.

Algunos de estos que, por diversas razones, se libraron de la saca mortífera, fueron después procesados por “responsabilidad militar”, como el alcalde republicano Ramón Barragués (C.1867/37), que cumplió pena de prisión en la isla de San Simón de Redondela (Pontevedra). Otros, como Ramiro Nieto y Protasio Ramajo, fueron multados y embargados por “responsabilidad civil” (1937)  o “responsabilidad política” (1939), con unas cantidades tan desorbitadas que no las pudieron pagar, hasta que fueron  indultados  20 años más tarde. Entre los procesados, además de Primitivo Prieto Román (hermano de la citada informante Hermelinda), entre otros, se cuenta al secretario de José Andrés Manso, Amador Hernández Ramos (a) “Milhombres”, gran orador, casi tan famoso por estos pagos como el líder socialista. Era natural y casado en El Bodón, donde residía a menudo, pero era vecino de Salamanca, donde fue juzgado y condenado a muerte, aunque conmutado (C.486/36).

Por último, más tarde fue víctima también de una saca carcelaria (16/12/36) Evaristo Pino Castaño, natural El Bodón, contabilizado con los vecinos de Ciudad Rodrigo.

En cuanto a las víctimas indirectas, sin duda el desamparo de los numerosos huérfanos y viudas de asesinados causó estragos (la hambruna existía de antes y se agravó con la guerra y las postguerra), pero la escasa información solo ha permitido la identificación de dos personas afectadas. De enfermedad carcelaria, sin que se pueda excluir la saca, murió un vecino bodonés de edad avanzada (Iglesias 2008a).

Asunción Acosta, viuda de Serapio Montero, “murió de pena” (EB 2007)

Matilde Montero, viuda de Eloy Acosta, murió de un ataque cuando estaba segando sola (EB 2007)

Tomás Pescador Criado, de 70 años, natural de Aldeaseca de la Frontera, peón caminero, viudo, padre, entre otros hijos, de Gerardo Pescado Pescador, alcalde de Matilla de los Caños, ejecutado extrajudicial (01/10/36). Falleció o desapareció  en la prisión de La Caridad (1940-41) (C.204/39, Iglesias 2012a).

Para los totales de las diversas modalidades represivas se remite a la croniquilla de la primera tanda de asesinados bodoneses (día 9 de agosto).