Jueves, 5 de diciembre de 2019

Debbie & Michael Phelps

Columna escrita por Agustín Gómez Rodríguez

& Juan Ángel Torres Rechy, nadadores veracruzanos.

 

 

Los hechos hablan, no las palabras. Estas son una sombra pálida de aquellos.

Quizá todos coincidamos en que no podemos dirigir nuestra voluntad a un objetivo a menos que lo hayamos diseñado previamente en nuestro interior. Cuando Debbie Phelps le dijo a su hijo que quería conocer Roma, Michael supo lo que su madre le quería decir. Lo animaba a volver a entrenar después de unos meses de haber dejado la natación, para competir en los Mundiales de la Ciudad Eterna del 2009.

En un reportaje de esa competencia escrito por Diego Torres para El País, leemos que «Debbie fue la primera que le llevó a la piscina del Club del Norte de Baltimore [en su infancia], estimulándole a practicar la natación, sacándole de la cama de madrugada todos los días y montándole en el coche para ir a entrenarse.» Quienes hemos hecho alguna actividad artística, deportiva o de otro tipo conocemos el significado de estas palabras. Hay que acumular fatigas, muchas, para conseguir algo que nunca hemos tenido. Pero también necesitamos un estímulo exterior. «Phelps se siente más que agradecido a su madre», dice a continuación D. Torres en su escrito del 3 de agosto de 2009.

En los Juegos Olímpicos de Rio hemos visto maravillados cómo la historia, la leyenda de un solo hombre se ha sobrepasado a sí misma… 27 medallas. Algo sin precedentes y que no creemos que vuelva a repetirse. Los elogios no alcanzan a describir lo que Michael Phelps ha hecho con la natación. Ha sido el mejor nadador de todos los tiempos, el más dominante. Estamos agradecidos por haber disfrutado su trayectoria.

Sonará trillado decir que se trata de la culminación de muchos años de trabajo, pero así es. No hay fórmula secreta, ni magia. No es simplemente una persona con mucho talento: esta perspectiva demeritaría el esfuerzo de tantos años, ignoraría el dolor y el sudor en el gimnasio, las interminables horas en la piscina, dejaría a un lado los fracasos y las frustraciones que también se sucedieron. Lo que hay detrás de las medallas se llama trabajo, disciplina, corazón, coraje y mucho sacrificio.

Suelen ser los padres, los profesores o los amigos quienes descubren la semilla del talento que llevamos en nuestro interior. Nosotros la cuidamos y la regamos cuando es una planta, hasta hacer que se convierta en un árbol, pero el proceso no se lleva a cabo en soledad, sino con el apoyo de otros.

Esta condición pone de manifiesto el rasgo antropológico de la necesidad de los diferentes núcleos sociales, empezando por el familiar, para que podamos conseguir la autorrealización y el triunfo. Uno de estos núcleos contiene a las Federaciones o los Comités, sin cuyo buen funcionamiento se obstaculiza en gran medida la empresa. Se necesita, de una parte, buenas instalaciones, entrenadores con una formación de élite, apoyos y patrocinios, etc. (más en deportes caros, como la natación), y de otra, programas educativos para desarrollar desde las escuelas las facultades de los jóvenes. ¿Queremos deportistas en el medallero olímpico?

En todo caso, la mirada se dirige a la justicia, a dar a cada uno lo que merece. En principio, como decimos, una educación y la oportunidad de cultivar y desarrollar el talento hasta donde la persona misma lo desee. En nuestras manos, por lo tanto, llevamos una gran responsabilidad, pues de nuestras obras depende no solo nuestra felicidad, sino también la oportunidad de que los demás la conquisten con el sudor de su frente, tal y como lo propició Debbie Phelps cuando preparó cada una de las comidas del niño que después se haría gracias a su voluntad de un nombre propio.

 

Agustín & Juan Ángel

 

Jos, jos, jos.