Jueves, 22 de agosto de 2019

Pero mira cómo beben

Hay que ver cómo beben los jóvenes de ahora en sus organizados botellones de cada fin de semana. Y los peces esos del villancico también, aunque estos sea agua. La escasa agua de nuestros embalses vaciados por la falta de lluvia. Y mientras beben y beben y vuelta a beber, celebrábamos recientemente otra navidad más. Otra festividad señera de luces de led y gastos descontrolados. Esta vez en pleno deshoje de la margarita política. Esto que no para.

               Y reyes que ya no son tan reyes (muy poco de magia también). Porque ya nos hemos hecho demasiado viejos y ciertas cosas ya no nos sirven. Dicen que también la constitución (y eso que esta nació en el setenta y ocho, es decir, anteayer mismo). Pero al menos yo no quiero que me traigan (los reyes o los republicanos, tanto me da) otra constitución nueva. Me conformo con que se cumpla la que tenemos ahora. Pero, claro, eso ya no depende de mí solo. Desconfío de los trajes hechos a medida para cada ocasión. Y en la historia de una nación treinta o cuarenta años no son nada, y si hay que cambiar todo el traje constitucional cada treinta años, vamos dados. Entonces es que somos unos inconformistas impacientes y caprichosos. O eso creo yo.

              Yo soy dado a beber más bien poco. Ni en el verano que aprieta más la sed. Y tampoco soy de aguas de río como los peces esos. Soporto la navidad como buenamente puedo y me dejan. Y también soporto a duras penas que me gobiernen las prefabricadas mayorías esas que tampoco he votado. Soy sufrido demócrata de salón, de esos a los que llaman cada cuatro años para legitimar representantes. Yo voy, voto, y luego hacen verdaderas barbaridades con mi voto. Pero no escarmiento y vuelvo a votar, como el mismo beber de los pececitos esos del añejo villancico que me horada los oídos por estas pasadas fechas.