Domingo, 16 de diciembre de 2018

Pueden prometer y prometen

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Como era de esperar y pese a que nuestro presidente del gobierno se ha hecho famoso por abandonar reuniones importantes para ver la Champions, el deporte pasó desapercibido en el debate electoral a cuatro que mantuvieron los candidatos de los tres partidos aspirantes y la vicepresidenta. Precisamente ella, Soraya Sáenz de Santamaría, fue la única que utilizó, aunque fuera a modo de elemento retórico (bastante grotesco, por cierto), un símil futbolístico. Ahora bien, teniendo en cuenta de que ni a los periodistas ni al gran público les interesaba demasiado qué hacer con los desfalcos de numerosas entidades deportivas que viven a golpe de aval o con la desaparición de esos clubes que daban color a los domingos en esas ciudades de provincia del interior que sobreviven gracias a sus funcionarios y a los turistas (en el mejor de los casos), ni tampoco con la nueva regulación que pretende sacar del vacío jurídico en el que vivían –vivíamos– a los profesionales del sector (porque el hecho de que no reúnan condiciones dignas no impide que muchos de ellos ya estén realizando una labor profesional), no me quedó otra que acudir a los programas electorales.

 

A primera vista, sin entrar en la letra pequeña, se puede concluir que todos los programas vienen a enunciar los mismos principios. Los cuatro partidos valoran favorablemente el binomio deporte-salud, se jactan de los éxitos de nuestros deportistas, aprecian los valores que enseña el deporte, apuestan por la transparencia en la gestión de los grandes clubes de nuestro fútbol y creen que el deporte es un nicho económico por explotar. Aun así, pese a este consenso general en torno a las grandes líneas del discurso, en algunos temas los partidos sí son originales y nos muestran diferentes planteamientos y, como es lógico, distintas soluciones.

 

Uno de los puntos fundamentales pasa por la materialización de esta apuesta que todos afirman querer hacer por el deporte. El PSOE, por ejemplo, se compromete a hacer un Plan Estratégico con horizonte en 2025 y articulado en torno a cuatro ejes: el fortalecimiento de la actividad física y la igualdad en el deporte, el juego limpio, el impulso del deporte como motor de crecimiento económico y la consolidación de los éxitos deportivos. Casi nada y, en realidad, apenas nada. Podemos, por su parte, plantea la creación de un Fondo Social del Deporte, que financiaría la promoción y difusión de proyectos deportivos, así como de educación física y de investigación. Además, es el único que apuesta abiertamente por la incorporación de una hora extra semanal de educación física en los colegios y por la inclusión de la materia en el segundo curso del bachillerato. Está bien, pero luego hay que hacerlo. Ciudadanos, por último, plasma su ambición en la propuesta de un plan integral de formación deportiva, en la creación de un comité de expertos que se encargue de velar por la transparencia en la ejecución de las políticas relacionadas con el deporte y en la creación de observatorios que prevengan y corrijan eventuales conductas desviadas.

 

Del PP mejor no digo nada. Al menos este año han tenido la decencia de no incluir ninguna medida concreta proclamando únicamente vagas pretensiones. ¿Recuerdan la “no ley” de mecenazgo? Aún la seguimos esperando. Podemos y Ciudadanos se plantean su redacción o al menos la concreción de esos privilegios fiscales de los que habrían de beneficiarse las entidades sin ánimo de lucro que llenan los patios y las canchas de nuestros pueblos y ciudades con sangre, sudor y lágrimas. Al parecer, esa ley, que estaba ya redactada, ha permanecido criando polvo en un cajón mientras algunas comunidades autónomas han ido sacando sus medidas parciales y generando con ello nuevas situaciones de desigualdad entre españoles, situaciones que no por repetidas dejan de escocerle al común.

 

Así, visto el panorama, no me queda otra que concluir que en España, al menos hasta ahora, con la complicidad que hemos mostrado por omisión con nuestra clase política, hemos declarado que no nos gustan ni la cultura ni el deporte, que solo nos gustan Cervantes y Nadal; Picasso y Pau Gasol.