El gobernante Partido Popular en el Ayuntamiento de Salamanca ha dado marcha atrás en una desatinada propuesta de los últimos tiempos. No es malo reconocer un error, revalidando eso de (a veces) rectificar es de sabios. Lo interesante del asunto es, según dicen, su “reconocimiento” de la importancia de la opinión vecinal. Si bien cabría preguntarse a qué vecinos se refiere. El origen del asunto, recordemos, es un cambio de recorrido de varias líneas de transporte público, tanto municipales como metropolitanas, en el acceso a una calle vital para el sistema.
Teniendo presentes datos recientes, ambos servicios superan los 19 millones de viajeros al año. No es descabellado pensar que más de la mitad pasan por la Gran Vía. En este tema la importancia del numero es grande, de un lado hay un servicio público de uso masivo frente a supuestos intereses de un número limitado de residentes en una zona. Desde luego estas personas tienen todo el derecho, como los demás, a opinar y ser tenidas en cuenta. Infelizmente a pesar de ser usuario habitual del autobús urbano, no he coincidido con ningún munícipe pidiendo opinión ciudadana.
El problema está en la decisión política. Considerando la larga experiencia municipal en limitar el acceso de vehículos privados a significativas áreas de la ciudad, no puede ser difícil encontrar soluciones conciliando intereses. Por supuesto los vecinos tienen todo el derecho del mundo a acceder con sus vehículos a sus cocheras o domicilios. Igual que los de la Calle Azafranal o la Rúa Mayor, por poner algún ejemplo. Pero ¿tan difícil es armonizarlo con un beneficio tan mayoritario?, sobre todo cuando se condiciona un servicio público vital y utilizado masivamente.
Residiendo en El Zurguén no soy ajeno a amplias demandas vecinales mantenidas durante años. Como pedir un Centro Cívico, construido con presteza en Vistahermosa por ejemplo, aprovechando incluso el fruto de una aplicación torticera de normas urbanísticas. Imposible al parecer, mejor retorcerlas más accediendo a su conversión en residencia de mayores disimulando no ser tal. A pesar de ello solares vacíos adecuados hay de sobra, caso del convertido en aparcamiento solicitado por ¿vecinos e industriales?. Estos de un Polígono mal conectado peatonalmente (sigue sin haber paso de peatones en la N-630), realmente alejado y con amplia oferta vacía.
También se pide con insistencia un Centro de Salud. Estamos en un espacio residencial público pensado para cerca de 5.000 viviendas, cuyos servicios públicos necesarios tiene suelo asignado. Ciertamente competencias de la Junta, presidida por un exalcalde salmantino y con el que comparten gran camaradería. Quienes van a solucionar el problema de la vivienda construyendo hasta el infinito, ¿las más de 2.500 aquí restantes todavía?. La solución no puede ser desvestir el santo del Centro Casto Prieto tras una reciente inversión sustancial, vistiendo otro igualmente fuera de la lógica de El Zurguén. ¿O el mensaje es confirmar el abandono de la construcción de esas viviendas públicas?.
Por supuesto ejemplos de opinión vecinal no tenida en cuenta existen muchos. Pero volviendo al tema, estaría bien dejar de sacarlo de quicio. El centro de Salamanca sigue confundiéndose en gran medida, por fortuna, con casco antiguo. Y la Gran Vía está ahí, fruto de un momento en el que las consideraciones urbanísticas y patrimoniales no eran las mismas. Ahora es la posibilidad más eficaz para el paso razonable del transporte público por una de las zonas con mayor capacidad de atracción de viajes de la ciudad. Solo se necesita resolver el acceso sur en ambas direcciones, la regresión de volver al Mercado Central en una dirección además discrimina a los usuarios de la otra.
Hace ya décadas hay una solución encima de la mesa, destinar en exclusiva esta calle a los sistemas de transporte sostenible. Por fortuna cada vez menos dependiente de contaminantes hidrocarburos. Regulando su paso alternativo exclusivo bajo el puente de Arroyo de Santo Domingo, se elimina el 80% del tráfico hoy soportado. Que, desde luego, por mucha amenaza, no tiene porqué trasladarse a Canalejas ni otro sitio. El reto del autobús urbano y el Buscyl metropolitano es su utilidad para sustituir tráfico privado. Abrir un amplio y ordenado debate ciudadano, aprovechando la necesaria renovación del obsoleto Plan de Movilidad, podría dar una solución sin dogmas.