OPINIóN
Actualizado 27/04/2026 09:32:40
María Jesús Sánchez Oliva

María Guardiola estaba harta de los señores de Vox con los que tuvo que pactar para poder formar gobierno. No tenían muchas competencias, pero sí las suficientes para poder gobernar sin trabas. Para quitárselos de encima se olvidó de que los extremeños estaban tan hartos de su partido como ella de los de Vox y optó por convocar elecciones anticipadas.

Basó la campaña en ponerlos a caer de un burro y comprometerse a no volver a pactar con ellos porque estaban en contra del aborto, de la eutanasia, de la violencia de género, de la regulación de migrantes, de los malos tratos, del cambio climático y de otros derechos que han costado mucho conseguir, y Extremadura, “su Extremadura del alma”, decía, no podía ir para atrás como los cangrejos, tenía que avanzar para dejar de ser la Cenicienta de España, pero pasó lo que cabía esperar: que aquel 21 de diciembre de 2025, los ciudadanos, hartos de tantos insultos peperos, de tantas broncas en el Congreso, de tanto acusar a los demás de las vergüenzas que ellos tienen de sobra, se quedaron en casa y, en lugar de ganar votos, los perdió.

Se ha pasado cuatro meses cobrando un gran sueldo por compadrear con Vox, y con tal de seguir en la poltrona aunque sea para servir de florero, ha pactado con Vox a cambio de una vicepresidencia con competencias en servicios sociales, familia y “desregulación“.

También le ha dado la Consejería de Agricultura y Ganadería y la designación autonómica de un senador. Ante tanta “generosidad” los de Abascal anuncian medidas como la prohibición del uso del burka y el niqab en espacios públicos, el rechazo a la acogida de menores migrantes y la supresión total de subvenciones a ONG que “favorezcan la inmigración ilegal”. Y ya veremos en qué lío nos ha metido, porque lo que mal empieza, mal acaba.

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