Tranquilidad, los imbéciles no son los demás, soy yo, lo descubrí hace unos días, tomando un café con unas amigas. Todo empezó cuando una de ellas llegó tarde a la tertulia muy indignada.
Trabaja en un municipio próximo a la ciudad y desde que los autobuses son gratis solo tiene dos opciones: o sale de su casa una hora antes para poder coger el autobús a tiempo, o llega a su trabajo una hora tarde, porque lo normal es que los autobuses vayan tan llenos que a los conductores hasta les resulta imposible abrir las puertas.
Y aunque todas entendieron su descontento, solo yo me manifesté en contra del Buscyl, que es como dijeron que se llama el permiso que da derecho a viajar por toda la comunidad sin abrir el monedero.
Y no es que esté en contra de que la Junta bonifique el transporte urbano e interurbano a familias numerosas, personas de bajos recursos, pensionistas con pensiones mínimas, etc., es que no estoy a favor de que se utilice el dinero de los impuestos para comprar votos, beneficiar a empresas amigas y crear en la ciudadanía la mala costumbre de vivir del cuento, sin esfuerzo, sin luchar por nada, sin más complicaciones que la de quejarse y pedir, y no es un capricho, es que el dinero que esto supone no lo ponen los gobernantes, lo ponen los ciudadanos, y en lo que se sigan recortando prestaciones sociales, servicios municipales, ayudas a la dependencia, etc., etc., etc., porque el dinero no llega, yo seguiré pagándome mi billete de autobús , pues, aunque todas coincidieron en que es de imbéciles no ejercer un derecho que se tiene, prefiero seguir siéndolo antes que robar a los ciudadanos.