OPINIóN
Actualizado 12/04/2026 10:54:33
Carlos Javier Salgado Fuentes

Más de un siglo después de aquel percance, cuesta imaginarse un caballo desbocado soltando de sus lomos a un guardia civil por las calles peñarandinas de Nuestra Señora y del Carmen.

En ocasiones echar un vistazo atrás a nuestra antigua prensa en papel ya desaparecida nos descubre sucesos, festividades, actos, cuestiones del día a día, e incluso percances peculiares que nos llevan a imaginarnos cómo ocurrió una escena determinada en nuestros pueblos y ciudades hace varias décadas.

En este aspecto, el viejo periódico semanal de La Voz de Peñaranda resulta una hemeroteca imprescindible para conocer aquello que ocurrió en la comarca peñarandina en el periodo en que esta publicación se editó en papel, esto es, entre 1877 y 1938, cuando fue el medio por excelencia para conocer al detalle lo ocurrido en Peñaranda de Bracamonte y su comarca.

Entre muchas otras anécdotas, noticias y sucesos, en sus páginas nos encontramos, en la edición del 21 de abril de 1904, con el curioso percance que sufrió el teniente de la guardia civil de Cantalapiedra mientras se disponía a desplazarse a caballo por las calles de Peñaranda desde la casa-cuartel peñarandina de la benemérita.

Todo ello ocurrió en la mañana del miércoles 20 de abril de 1904, cuando este teniente de la guardia, que estaba destinado en el puesto de Cantalapiedra, tomaba el caballo tras acudir a la casa-cuartel de Peñaranda de Bracamonte, entonces ubicado en la calle Colón, con el objetivo de dirigirse a la villa de Macotera a lomos del corcel.

Sin embargo, no le debió parecer tan buena idea al caballo, que enloqueció y salió velozmente corriendo desbocado, arrastrando al teniente por las calles peñarandinas, en un trayecto de locura en que recorrió la calle de Nuestra Señora (a la que llegaría presumiblemente por la calle San José, aún sin desbocarse) y la calle del Carmen, para finalizar su trayecto en la calle Comadre (hoy denominada Isabel la Católica), donde el caballo tropezó con las piedras amontonadas de obras que se estaban realizando en el Teatro Calderón, cayendo el corcel al suelo, pudiendo ser controlado.

De este modo, acababa la loca aventura de este caballo por las calles peñarandinas en la mañana del 20 de abril de 1904, en un percance que pudo haber tenido consecuencias fatales para el teniente de la guardia civil que montaba el corcel, pero que afortunadamente apenas se limitó a unas rozaduras superficiales fruto del arrastre por las calles de aquel caballo que se rebeló ante la intención del guardia de dirigirse hacia Macotera esa mañana.

Hoy, más de un siglo después de aquel percance, cuesta imaginarse un caballo desbocado soltando de sus lomos a un guardia por las calles de Nuestra Señora y del Carmen, como queda ya lejos en la memoria aquel nombre de Comadre para la calle en que terminó aquella carrera loca del equino, que perdió dicha denominación en 1926, hace justo un siglo.

Y es que si las calles de nuestras ciudades y pueblos pudiesen hablar, tendrían un sinfín de anécdotas que contarnos. En este caso, las de Peñaranda nos podrían relatar cómo un caballo se volvía loco por sus calles en 1904, pero también que cuatro años más tarde, en 1908, esta localidad sería reconocida con el título de ciudad por el rey Alfonso XIII. Nuestras calles guardan los secretos de nuestra memoria, que en ocasiones nos cuentan a través de sus piedras, verdaderas guardianas de nuestra historia.

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