OPINIóN
Actualizado 13/03/2026 10:52:34
Alberto San Segundo

Nacida en Copenhague en 1917, los episodios más relevantes de las primeras décadas de la vida de Tove Ditlevsen —en particular su infancia en el barrio obrero de Vesterbro— aparecen recogidos en las tres novelas autobiográficas que integran su obra principal, Trilogía de Copenhague. De vida convulsa y marcada por adicciones, se casó cuatro veces y tuvo numerosos amantes. Su obra, copiosa —novelas, poemarios y memorias—, obtuvo premios y un reconocimiento quizá tardío. Ditlevsen se suicidó en 1976 ingiriendo una sobredosis de barbitúricos.

Infancia, el primer libro, es, a mi juicio, el mejor de los tres y, “objetivamente”, una obra genial. La Tove protagonista es una niña inteligente, sensible y algo “rarita” que crece en un barrio proletario poblado de prostitutas, borrachos, crimen y violencia. Vive en un modesto apartamento con sus padres, Ditlev y Alfrida, y su hermano mayor, Edvin. La vida es pobre y sin expectativas —la niña recoge cada día el pan sobrante de la panadería y los estudios superiores le están vedados— y sentimentalmente triste: su sensibilidad y precoz lucidez la llevan pronto a sentirse desajustada en el ambiente familiar y social. Los libros de la biblioteca municipal, la poesía y los versos que escribe desde los ocho años —entre burlas de compañeros, hermano y padre— se convierten en su refugio y en la posibilidad de imaginar una vida distinta.

El ámbito familiar constituye el primer círculo de su experiencia. El padre, que soñó con ser escritor, encadenó trabajos manuales: aprendiz en un diario, mozo de panadería, fogonero. La madre, diez años más joven, había servido en casas en las que nunca permanecía demasiado tiempo. De carácter enigmático, puede guardarle rencor a su hija durante días sin explicación. La madre es un espíritu sombrío que aplasta todo lo bello. Tove intenta desesperadamente ganarse su cariño, mientras que el padre, en cambio, despierta en ella el amor por los libros.

Cuando el padre es despedido de la fundición y no logra encontrar trabajo estable, la familia acaba recurriendo a la beneficencia. Tove no pasa hambre, pero —afirmará— sí conocí ese apetito permanente que despierta el aroma a comida que sale de los hogares acomodados después de varios días viviendo a base de café y bollos secos. El desempleo paterno se oculta con mentiras mientras intentan sobrellevar la humillación. Está también Edvin, que sueña con convertirse en obrero cualificado y cumplir las aspiraciones familiares.

La infancia es larga y estrecha como un ataúd, y no se puede escapar de ella sin ayuda. Esa idea domina el libro: desesperanza, melancolía, aliento poético y extraordinaria lucidez. La infancia triste; el intento frustrado de hallar reconocimiento en la madre; la familia como espacio a la vez acogedor y opresivo; la conciencia de la propia diferencia; la construcción de la identidad; el desencuentro con la realidad, que se manifiesta en llantos, inadaptación, melancolía y vagas ensoñaciones suicidas; el deseo de escapar de un destino mediocre y la literatura como evasión atraviesan esta primera parte.

Además de la introspección, la novela refleja su mirada sobre la realidad social: la pobreza del barrio, el paro, el frío y las desigualdades; las tabernas llenas de ebrios y prostitutas; los edificios miserables y los portales con olor a cerveza y orines. La niña siente miedo ante los excesos de los hombres borrachos, el crimen y la violencia. En ese ambiente surge también una confusa conciencia política: el padre, el hermano y un tío son socialdemócratas y viven con pasión la injusta condena de Sacco y Vanzetti. El padre se enfurece cuando la niña pretende hacerse socia de un club recreativo de derechas, iniciativa que atribuye a su madre.

De todo ello Tove escapa con la poesía. Por las noches se sienta en el alféizar de su ventana y escribe versos. La poesía se convierte en salvación, aunque sus primeros intentos de publicación fracasan al ser rechazados por un editor. Se instala así una constante insatisfacción y el persistente refugio en la escritura. Este dualismo —la deplorable realidad frente al consuelo de la ficción— constituye uno de los ejes del libro.

Muchas de estas pautas continúan en Juventud: su condición de chica sensible e inadaptada, los conflictos familiares y la vocación literaria, que empieza a cristalizar en publicaciones. Tove debe ganarse la vida en una sucesión de trabajos —limpiando casas, en la Oficina Estatal del Grano— que pierde o abandona, presa de una insatisfacción permanente. Su inadaptación, sus sueños quiméricos y la falta de reconocimiento la aíslan y la convierten en un ser huraño y solitario. El relato se llena entonces de inconformismo, falta de estima y soledad. Aparecen encuentros sexuales frustrantes, la búsqueda de un novio y la muerte de algunos parientes —el tío Carl, la tía Rosalie—, que introduce la constante presencia de la muerte.

El encuentro con un librero de lance, el señor Krogh —viejo judío libidinoso pero amable—, le permite acceder a su biblioteca. Allí leerá Las flores del mal, lo que refuerza su vocación de escritora. Pese a la oposición familiar, escribe poemas y ansía publicar. Algunos aparecen en revistas y se edita un primer libro: por fin algo de luz ilumina su vida.

Dependencia, el tercer tomo, la muestra con apenas veinte años ya casada con Viggo, el primero de cuatro matrimonios. Su vida sentimental es libre pero turbulenta, marcada por vaivenes emocionales, insatisfacción y sensación de opresión. La escritura y su incipiente carrera literaria —publicaciones, entrevistas, cierta repercusión— constituyen una isla en una existencia dominada por la melancolía. Amantes, hijos, abortos, infidelidades y, finalmente, la adicción a la petidina —un potente opiáceo al que accede a través de uno de sus maridos, un médico problemático— jalonan su vida.

La narración discurre en paralelo a episodios relevantes de la historia europea: la gripe española, el tratado de Versalles, la llegada de Hitler al poder, la guerra civil española, la invasión de Austria, los campos de concentración, la declaración de guerra de Inglaterra, la batalla de Stalingrado, la victoria aliada de mayo de 1945.

Un libro duro, descarnado, melancólico y perturbador, y, sin duda, altamente recomendable.

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Tove Ditlevsen. Trilogía de Copenhague. Editorial Seix Barral. Barcelona, 2021. Traducción de Blanca Ortiz Ostalé. 432 páginas. 21.50 euros

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