Viernes, 23 de junio de 2017

González Egido, según Asunción Escribano

L.G.Egido1La escritora y catedrática de Lengua y Leteratura, Asunción Escribano, profundiza para Salamanca RTV en la obra de Luciano González Egido, "narrador salmantino de fuste y novelista de talla y reconocimiento internacional".

EL FRONDOSO ÁRBOL SALMANTINO DE LUCIANO GONZÁLEZ EGIDO

Los trasvases entre géneros constituyen uno de los campos más apasionantes de la sociología de la escritura. Hay narradores a los que la novela se les queda escasa para plasmar su creatividad. Entonces saturan sus novelas de hechos y datos que, inevitablemente y salvo raras excepciones magistrales, lastran la trama de la narración y dificultan al lector el tránsito a través de sus páginas. Otros, sin embargo, vierten a moldes distintos aquello que tienen necesidad de contar. Es así como han llegado a ver la luz algunas de las mejores obras consideradas genéricamente como de compleja definición.Luciano González Egido, narrador salmantino de fuste y novelista de talla y reconocimiento internacional, es uno de estos autores que ha sabido volcar en otros libros todo aquello que le parecía importante y no tenía posible cobijo en las novelas. Es el caso de la obra que se presentaba en Salamanca hace unos días, Las ramas del árbol, que aúna estilos ensayísticos diferentes como la recensión o el ensayo histórico, y que adopta la forma de un personalísimo diccionario en el que nos podemos encontrar, entre otras, con entradas tan interesantes y peculiares como “anecdotario”, “archivo”, “citas”, “conspiración en Salamanca”, “Charro, Julián Sánchez”, “Edipo en Salamanca”, “judíos en Salamanca”, “leyendas salmantinas”, “números en Salamanca”, “Templarios en Salamanca” y, por supuesto, “Lázaro en Salamanca”, “Fray Luis de León en Salamanca” o “Unamuno y Salamanca”. Que entre los textos haya alguno de circunstancias no hace sino enriquecer la obra, asegurando que esas páginas se hicieron por una razón concreta y no para rellenar, y apunta también, lo que quizás sea aún más interesante, a la puesta por escrito de las reflexiones que la lectura de los temas salmantinos le sugieren.He echado en falta un índice que me dijese de un vistazo qué hay en “Las ramas del árbol”, y lo seguiré echando de menos cada vez que acuda a buscar algo en esta obra. Sin embargo, cada vez que la consulte sentiré el placer de hallar, como un tesoro inesperado, lo que siempre sorprende y da infinito gusto leer.Que el libro lo haya publicado el Ayuntamiento no supone sino una muestra del apoyo y agradecimiento continuado por parte de la institución que hace tres años le concedió la Medalla de Oro de la Ciudad, coherencia institucional y generosidad con la cultura que se agradece en los políticos, hoy más que nunca, y que honra a las instituciones. Por otro lado, que vea la luz esta obra, con su exuberante variedad y riqueza de contenidos después de otras novelas y ensayos del autor que también han versado sobre temas salmantinos, no hace sino demostrar, una vez más, el interés particular del autor por nuestra ciudad. En este sentido, las ramas del árbol muestran, quizá más aún que las raíces, dónde está la luz que hace crecer esta vocación y ansia de narrar del autor. Por lo tanto la conclusión de quien esto escribe no es otra que la de que Salamanca se ha transformado, ya permanentemente, en la gran metáfora de Luciano González Egido.Asunción Escribano Escritora y Catedrática de Lengua y Literatura de la Universidad PontificiaEn la imagen, González Egido con el alcalde de Salamanca, Alfonso Fernández Mañueco, en la presentación de "Las ramas del árbol"