Sábado, 24 de junio de 2017

El barrio del Oeste, un referente cultural en Salamanca

Ante la falta de infraestructuras y de espacios verdes, ZOES y otros colectivos apuestan por fomentar la galería de arte al tiempo que promueven la participación ciudadana

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El barrio del Oeste carece de zonas verdes o espacios para el deporte. Pero no importa, porque ZOES, la asociación vecinal, no es partidaria de mostrar su enfado ante las instituciones locales y esperar con los brazos cruzados hasta que las autoridades tomen cartas en el asunto. Al contrario. Si por algo destacan los integrantes de la plataforma es por su capacidad para innovar, para convertir las calles Gütemberg y Víctor Pradera en referentes de la ciudad. Y todo gracias a una revolución cultural que traspasa fronteras y cautiva a todos los salmantinos, incluso a quienes residen en otros puntos de la capital. Un mezcla de ingenio y modernidad que seduce a propios y extraños, y que desconoce los límites. No en vano los componentes de ZOES seguirán fieles a la máxima que proclaman desde el día en que constituyeron la asociación. “Nuestra idea es seguir progresando, ya que así conseguiremos que la ciudad también mejore”, defiende Inma Cid, presidenta vecinal.

La galería de arte urbano representa sin duda uno de los activos del barrio del Oeste. Imágenes en las fachadas de algunas viviendas y garajes. Pinturas que llenan de luz las calles y descubren, en cierto modo, las emociones de los propietarios, puesto que son ellos quienes deciden cómo deben ser decorados sus inmuebles. Una iniciativa que comenzó en junio de 2013 con un objetivo: neutralizar las pintadas que realizaban los vándalos en las puertas de los edificios, de los negocios y del resto de locales ubicados en el barrio. “La propuesta se puso en marcha dentro de un plan de regeneración”, subraya Inma Cuesta. Y hoy es un reclamo para todo el mundo, una excusa para adentrarse en un universo donde los elefantes regalan rosas y un grupo de primates se atreve a emular a los Rolling Stones. Y lo hacen mientras las ninfas encandilan a los incautos y logran adueñarse de pueblos y ciudades. Eso sí, con el permiso de los astronautas que huyen de la Tierra y se dirigen a la Luna. Pero hasta que llegue ese momento se tumban boca arriba e intentan reponer fuerzas.

La iniciativa de ZOES por adecentar las fachadas de los inmuebles ha convencido a José Martín, un salmantino de mediana edad que reside en el barrio del Oeste desde hace veinte años. Es propietario de un garaje y, cuando le animaron a decorar la puerta de su local, aceptó sin pensárselo dos veces. “Me propusieron pintar la parte de fuera y accedí encantado”, asegura. Y no se arrepiente de la decisión que tomó: “Me gusta el resultado, ha quedado muy bien”. Desde luego mejor que las inscripciones que ensuciaban las paredes exteriores de los edificios: “Hace tiempo teníamos todo lleno de garabatos; los grafitero venían cada dos por tres a molestar y a manchar todo”. Además del esfuerzo que están realizando los integrantes de ZOES para modernizar el barrio, José destaca la tranquilidad que se respira en las calles. “Apenas tenemos agobio de coches”, sostiene. Al contrario de lo que sucede en otros lugares de la capital: “Antes residía en Garrido y notaba más ajetreo”.

Para Ángel Martín, un charro de mediana edad que llegó al barrio del Oeste hace quince años, la sensación de calma que se percibe en todos los rincones supone también un atractivo. Por eso jamás se marcharía a otro lugar: “Ni me lo planteo, este es un sitio apacible y no hay incidentes”, recalca. Eso sí, los precios de los alquileres y de los alimentos están por las nubes: “Como vivimos más cerca de la Plaza Mayor, todo es más caro”. Tiene un garaje, pero de momento no le atrae la idea de engalanar la puerta: “La tengo bien pintada y prefiero dejarla como está”. Aunque, quién sabe, tal vez dentro de unos meses cambie de opinión y dé el paso.

Quizá también decida seguir la senda innovadora de la asociación vecinal Recaredo Oliva, un salmantino que se instaló en el barrio del Oeste hace sesenta años. Ahora tiene ochenta y siete. Sufre los achaques propios de la edad, pero cada mañana se levanta con energía para recorrer la calle Gütemberg. Y después de caminar durante un rato se recupera del esfuerzo en un banco situado a escasos metros de dos de sus locales. El año pasado le dieron la oportunidad de modernizar las fachadas de ambos inmuebles. Sin embargo, declinó la propuesta: “No me convencían los bocetos”. Aun así, le encanta pasear y hacer un alto en el camino para contemplar algunas imágenes que componen la galería de arte urbano. “Defiendo el trabajo que está haciendo ZOES”, afirma. Y tiene claro contra quienes dirige sus dardos: “No me agradan los que actúan al margen de la asociación y se dedican a destrozar todas las paredes de este lugar”, dice con indignación.

Además de ZOES, La Salchichería se erige en otro referente cultural del barrio del Oeste. Un establecimiento comercial que es independiente de la plataforma vecinal y que programa a menudo presentaciones de libros, conciertos, conferencias y exposiciones. Y todo con un propósito: infundirle vitalidad a cada calle, a cada rincón. “Pretendemos que este lugar no sea solo un espacio con cuatro casas y varias vías; luchamos para darle dinamismo y suplir la falta de infraestructuras”, explica Felipe Piñuela, un charro de mediana edad que ha crecido en el barrio. En estos momentos, se encarga de organizar las actividades que impulsa La Salchichería. Y por supuesto descarta cambiar de aires: “Con todos las iniciativas que tenemos no se me ha ocurrido marcharme”.

Destaca la participación de los vecinos en las iniciativas que pone en marcha ZOES: “Lo que estamos viviendo ahora me trae a la mente lo que había cuando yo era niño”. Entonces, según indica, la gente se inscribía en muchas de las actividades que se promovían. “Tomábamos parte incluso en las carrozas de las Ferias y Fiestas de Salamanca. Y solíamos ganar”, recuerda con una media sonrisa. Después, con el transcurso del tiempo, el interés de los vecinos decayó. Y hace unos años el espíritu por la participación regresó con fuerza. Y lo hizo para quedarse durante años en un barrio que promete seguir inmerso en una revolución cultural.