Martes, 17 de octubre de 2017

¡Que lo lean en Ciudad Juárez!

He aquí la contribución poética en el IV Encuentro sobre Ciudad Juárez de mi otro yo “Fernando Bienvenida”. Una poesía ni mejor ni peor que las allí leídas, pues se trataba de un Encuentro no para competir, sino para sumar. Otra cosa es el poeta, que habituado al relato quizá tuvo que realizar un esfuerzo mayor para sostener la media entre los allí presentes. La poesía "La pecosilla" vendrá luego, antes pongamos los cimientos.

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Qué ironía que el terrible agravio criminal que padecen las mujeres de Ciudad Juárez dé paso a un acto tan hermoso como el vivido el viernes en Salamanca. Un grupo de artistas, no escaso, unieron las fuerzas del corazón para que reaccionen las entrañas de unos hombres indolentes.

Me hubiera gustado ser músico, actor, pintor, trovador o mimo como los allí actuantes, pero fueron plazas asignadas a un singular grupo el día en el que no pude asistir a las clases del Olimpo. Sin embargo, Apolo no deja a nadie al margen y este día agrupó en el Espacio “Almargen” a un grupo de poetas para que no faltara la palabra.

Desde el interior el término que mejor pudiera definir el acto sería “nivel”, mucho nivel; desde afuera, ya se sabe, aún es pronto para que algunas mentes se abran y pueda salir de ellas el estereotipo de poetas: lunáticos entretenidos con tonterías y adormecidos como marmotas.

Siempre será un orgullo para mí participar en un evento como éste que se extiende por todo el mundo y en el que siempre encontrarán poetas como la vida misma. Porque en clave poética existen poetas de poetas, poetas entre poetas, poetas de salón, poetas bajo sospecha, poetas irreverentes, poetas de miedo, poetas sin miedo, poetas perseguidos, poetas malgastados, poetas perezosos, poetas retóricos, poetas vistosos, poetas sin vista, poetas de luna llena, poetas de media luna, poetas cristianos, poetas sin etiquetas, poetas de media mar, poetas de mar entera, poetas de corte inglés, poetas que no se cortan, poetas de coca cola, poetas de vino y agua, poetas malditos, poetas maldecidos, poetas de agua dulce, poetas de agua salada, poetas de puertas abiertas, poetas a cal y canto, poetas de laboratorio, poetas de sus labores, poetas sin textos… Lo que no hay son poetas de mierda, sino poetas embadurnados por ese otro lado de la vida donde la frivolidad campa.

No obstante, que nadie se busque dentro del rosario, porque todos tenemos algo y nada de lo que se nos atribuye. Es más, todos los seres humanos que no cruzan la línea roja de los indeseables hombres de Ciudad Juárez tienen algo de poetas. La poesía está ahí para salir tras ella y cautivarla en nuestro interior, pero como algunos la han perdido, entre todos se cocina ese gran deseo de que puedan recuperarla.

 

“LA PECOSILLA”

 

¡Dónde van esos hombres caídos de los árboles!

¡Los corales cuesta mucho quitarlos a la mar!

“La pecosilla” era un coral en la barca de su madre

                                                         [a prueba de olas,

mas también a la deriva entre huracanes.

 

Neruda, Gabo, Chavela, amigos de México,

haced algo por estas muchachas prepúber

arrancadas del brazo de su madre

                       [como al bolso en una Gran Vía civilizada.

 

Me duele México, Antonio.

¡Cómo ganar esta guerra con disparos de versos!

¿Bajar y bajar por poemas al infierno?

                                                                                       

Me pena hasta la muñeca que llevaba

                                                 [“la niña de las pecas”.

¿Era la niña más bella un negocio, un cuerpo?

Nunca ha vuelto y ha pasado ya un decenio.

Tanto como ese puente que ha unido la juventud

                                              [con la vejez de su madre.

 

Me ofenden los ángeles por no estar atentos

y el rayo que no cae o cae a destiempo.

 

Todo el pueblo sabe que otras lindas niñas irán al encuentro.

 

Y las ingenuas madres esconden el  lápiz de labios,

como si un “van gogh” sin marco fuere un adefesio.

 

La linda pecosilla fue la primera en aquel pueblo.

Y la lista fue creciendo.

 

Hasta que ocurrió lo peor en la adolescencia.

Lo peor era no estar en aquella lista.

Como si no la quisieran ni los demonios.

 

La juventud intrépida escuchó al silencio:

“No vuelven, de seguro que están bien”.

 

Ahora se roban niñas, se atrapan incautas

y la serenidad se agita en todo México.

 

 

Muchas gracias a Montserrat Villar, presidenta de Pentadrama, alma de este IV Encuentro y a Espacio Almargen por ofrecer tan calurosa acogida.