Martes, 17 de julio de 2018

Nostalgia

 Terminas de regresar de vacaciones y de pronto te asalta la nostalgia, irrumpen imágenes, resonancias, palabras, sensaciones… días de solaz. Te das cuenta que no es un metódico ejercicio memorístico, tras difuminadas  imágenes… escondida vida hay, emociones, que parecen instalarse definitivamente en nuestro interior. Sensaciones imprecisas, despiertan sentimientos que cubren nuestro ser. Es como si de golpe todo el pasado quedara resumido en “esa estampa” agridulce.

Recordemos el origen:

 La palabra nostalgia se nutre, en su raíz griega, de nostos, que viene de nesthai (regreso, volver a casa), y de algos (sufrimiento). Podría definirse entonces la nostalgia como el sufrimiento causado por el deseo incumplido de regresar.

 

La función principal de  la nostalgia, es memorar aquello que disfrutamos o sufrimos, y observar el ser ahora. Dura encrucijada es perderse en el laberinto del tiempo sin poder detenerlo… o salir de  él

La nostalgia llega a herir, doler o por el contrario dar ánimos para sobre vivir. Algunas personas descubren en ella ¡tal pasión! que se convierte en una forma adictiva de vivir, un refugio, un exilio que llena los vacíos del presente.

"Los únicos acontecimientos importantes de una vida son las rupturas. Ellas son también lo último que se borra de nuestra memoria" (E. M. Cioran)

Podemos  analizar las distintas estancias sobre la nostalgia, puramente sentimental, semeja una especie de lamento de pérdidas amores. No es de extrañar que el primer amor sea aquel al que siempre regresamos, aunque como bien dijo y escribió el Padre Martin Vigil “Primer amor, primer dolor” cuando las cosas no van bien en las relaciones actuales, o por ausencia de ellas, buscamos abrigo en la ilusión primera. Recordar el dulce sabor de los primeros besos. Siendo como es un bonito recuerdo, con la nostalgia se convierte en desesperanza.

Atesorar experiencias cuyo significado ha calado tan hondo en nuestra existencia, que su inesperado recuerdo nos traslada hasta ese mismo instante en el que logramos aquel éxito, en el que surgió el amor que vivimos con intensidad, en el que redescubrimos a Dios o en el que nos pareció que podíamos cambiar el mundo. Tal vez no repetiríamos los mismos acontecimientos, pero no duda cabe que volveríamos gustosos a cubrirnos de los mismos sentimientos.

El tiempo pasado

"El crepúsculo de la desaparición lo baña todo con la magia de la nostalgia" (Milán Kundera)

Otra  manera de vivir la nostalgia es la que de quien vive sin desprenderse de su pasado. Lo recuerdan  algo atrayente, revisan fotos, vídeos, lo mantienen vivo en cada conversación (fuimos tan felices...qué bien lo pasábamos... tenemos que volver... ¿te acuerdas de...?).

Es una manera de permanecer a través del espacio, lejos de abrir los ojos a la realidad inmediata, tal vez más sombría que la de aquellos años que fueron felices. Por supuesto, es una falacia, una interesada comparación, porque ni aquellos días fueron tan increíbles, ni los de ahora son tan grises. Ocurre, eso sí, que al creer con convicción en el determinismo del pasado, todo lo bueno que exista ahora será difuminado, para no dañar el añorado recuerdo.

Poder mirar atrás, ese espacio de vida, con paz y tranquilidad. No se trata de querer evitar su presencia nostálgica, sino integrarla como parte del inmenso don de haber podido vivir momentos de plenitud.

Sin embargo, cuando todo "era mejor antes" tenemos un problema existencial. Perdimos lo armónico vivido, el ahora y el aquí. La nostalgia se convierte en una armadura contra lo real. Una obsesión del regreso.

El eterno retorno

"Nada hay tan dulce como la patria y los padres propios, aunque uno tenga en tierra extraña y lejana la mansión más opulenta" (Homero)

La última de las nostalgias que estamos observando tiene mucho que ver con la idea del regreso a casa. Es la nostalgia de los griegos convertida en mito a través de la figura de Ulises, en su larga travesía de retorno a Ítaca. Vivir puede asemejarse a un largo viaje, lleno de aventuras, de infortunios, de alegrías, tristezas, azares y desesperanzas. Sin embargo, detrás de cada envite, de cada puerto visitado, de cada amor entretenido, persiste la nostalgia de volver al hogar. Uno anda buscando siempre la manera de regresar a casa, como símbolo del encuentro con la propia paz interior.

A menudo esa paz se encuentra en el regreso construido durante la infancia y la adolescencia. En ese sentido, los pueblos, sus gentes, sus calles, sus entornos, configuran una trama de paisajes, olores, fotogramas y secuencias ancladas en nuestro sistema emocional. Mucha gente, cuando llega la hora de jubilarse prefiere regresar a sus lugares de origen y reencontrarse con esas viejas emociones, cerrando así el círculo de la existencia.

"Deberíamos utilizar el pasado como trampolín y no como sofá" (Harold McMillan)

¿Qué función puede tener entonces la nostalgia? Acordarnos de aquel que fuimos y poder observar al que somos ahora. El sentimiento de añoranza no deja de ser una pérdida por un yo que existió. Forma parte de nuestra historia personal y a veces se entromete en nuestra cotidianidad para que le hagamos un espacio. Regresando al ahora, a nuestro yo actual, y admirar serenamente cómo la vida es igual al péndulo.

Recodar que nunca es tarde para escuchar o decir un te amo, dar un abrazo, acariciar, sentir piel con piel; solo el olvido es la distancia más larga, el camino irrecuperable. Feliz retorno a casa a los que hemos terminado el  periodo de vacaciones.