Viernes, 22 de junio de 2018

De cigarreras, sombrereras e igualdad

Insólita sería la semana que en nuestra ciudad no se pudiera elegir alguna conferencia que no fuera de nuestro agrado. Esta es la otra Salamanca que el peregrino monumental se pierde y de la que quizá gocemos más los que la suerte nos enhechizó para vivir en ella.

 

Pero como diría el adagio latino, “primum vivere, deinde philosophari”, no siempre es posible la asistencia a todas las prédicas y nos tenemos que conformar con lo que alguien quiera o pueda hablarnos sobre ellas.

Como aportación personal y para aquellos que no pudieron acudir, a pesar del gran número de asistentes, quisiera referirme antes de que finalice el presente mes de mayo a la conferencia impartida el día 2 por la catedrática María José Turrión García en la Facultad de Geografía e Historia de nuestra Universidad.

La presentación, como corresponde a un acto cuya deferencia se la debemos a la Asociación Salamanca Memoria y Justicia, fue a cargo de su presidenta, Luisa Vicente Martín, que después de señalar solo un perfil de los extensos estudios de la historiadora señora Turrión, dio paso a la conferencia, cuyo título, “Los logros de la mujer en la II República”, nos da idea del interés que podía despertar dado el lento reconocimiento, casi un misterio, que a la mujer se le ha prestado en su lucha por la igualdad.

Lo primero que nos encontramos en la pantalla con que se ilustra el acto es una frase de la veterana y excelente periodista, pero presuntamente no destacable precisamente por sus firmezas pro feministas, Victoria Prego, que con un cicatero mensaje nos dice: “derechos no conquistados [por la mujer], sino un don más bien regalado”.

En ese instante nos vinieron a la cabeza mujeres luchadoras como Lidya Falcón o Cristina Almeida, sólo unos ejemplos de la transición a la democracia, pero la transición fue un “pack” en el que se exigía un mínimo de derechos sociales y entre ellos estaban los de la mujer, derechos por los que tanto lucharon las mujeres en la República como drásticamente se los arrancó la Dictadura, unos derechos que los había venido reivindicando, asociándose, desde finales del siglo XIX, y, por supuesto, también tiempo antes de manera individual.

De la mayor parte de “los fregaos” (como diría un machista), con un tiempo limitado pero con gran exquisitez de datos, nos habló la señora Turrión de la lucha de la mujer en el mundo del trabajo, como el caso de “las cigarreras”, explotadas y con sueldos mucho más bajos que los hombres cuando sus delicadas manos aportaban una gran calidad a la producción. Y por su supuesta falta de fuerza física, no necesaria en muchas labores, se quedaban en paro o eran derivadas, mal pagadas, hacia las conserveras y fábricas textiles, o como modistas y costureras.

Pero en todo ello, que era trabajo fuera de casa, la Iglesia Católica veía un gran peligro de abandono de las tareas del hogar, con lo que cualquier cambio significaba un gesto impropio de la mujer, y menos cuando se asociaban, como el caso de las lavanderas de Madrid, que formaron una asociación en 1910. Un gesto de gran valentía si nos situamos en el estrechamiento machista de la época.

Y como mujeres de vanguardia en lucha por los derechos de la mujer, mencionó la señora Turrión a Carmen de Burgos, quien falleció en medio de una conferencia, a Rosario Acuñal, escritora por los mismos derechos a pesar de su ascendencia aristocrática, Margarita Nelken, comprometida desde los comienzos del feminismo, Julia Peguero Sanz, maestra y muy activa como feminista, Consuelo Álvarez “Violeta”, telegrafista, periodista y luchadora por los derechos de la mujer, quien aportó todo su coraje para que Emilia Pardo Bazán no fuera rechazada por la Academia de la Lengua, María de Maeztu, quien se alojó en casa de Unamuno para poder estudiar en Salamanca y a la que el Rector la acompañaba a la Universidad para que fuera respetada por la incultura del momento. Posteriormente, la señora Maeztu fue la impulsora de la Residencia de Señoritas.

Cuando nos habla la historiadora de “Violeta”, telegrafista, nos señala que este es otro de los empleos, junto con las comunicaciones, profesiones liberales y Administración (Correos) a los que se fue incorporando la mujer.

Y centrados en el Parlamento de la República sobre el derecho al voto femenino, se distinguieron con diferencias sobre la oportunidad Clara Campoamor y Victoria Kent, con el resultado ya conocido de la aprobación. Un período en el que siendo ministro Largo Caballero la mujer consiguió la libre elección de empleo, erradicación de cláusulas prohibitivas para contraer matrimonio, igualdad de salarios, matrimonio civil, divorcio, patria potestad de los hijos, eliminación del adulterio de la mujer, coeducación, etc.

Todo lo anterior fue desarrollado por la conferenciante con claridad y profundidad y, después de dar un tiempo para las preguntas que les quisieran realizar los asistentes, dio por finalizada la charla dejando por descontado que una conferencia no se podía extender a todos los movimientos que se dieron a lo largo de un siglo.

Imagino que se referiría a la política de gestos; por ejemplo, a “Las sinsombrero”, un grupo de mujeres pertenecientes a la Generación del 27, Maruja Mallo y Margarita Manso, entre otras, quienes apoyadas por García Lorca y Dalí, armaron un gran escándalo por quitarse los sombreros en la Puerta del Sol de Madrid cuando aquello (incomprensible hoy) significaba toda una provocación.