Martes, 17 de julio de 2018
Ciudad Rodrigo al día

Hubo, ha habido y habrá impunidad de los crímenes franquistas

Noveno capítulo de la serie sobre las ‘Actitudes contrarias a la aplicación de la Ley de Memoria Histórica’

Hace unos días las asociaciones de víctimas de una “banda terrorista” se quejaron de que los miembros de ésta, cuando acordaron “disolverse”, se quedaran cortos en su tibia demanda de reconocimiento y  perdón a “todos” los afectados, por sus actividades macabras. Y no les faltaba razón, porque ningún credo político o religioso puede servir de excusa para privar de vida a otros seres humanos. El Presidente del Gobierno, con ese estilo tan personal en su retórica oral, acartonado en la mímica y monocorde en la prosodia, parecía apuntarse a esta videncia. “No hubo ni habrá impunidad para ETA”. Y se quedó como estaba: desmemoriado.

En efecto, esta promesa tiene bastante, implícitamente, de discurso pro domo mea y de injusticia comparativa, con respecto a las víctimas del franquismo y sus herederos. Don Mariano está dispuesto a promover el procesamiento y castigo de quienes han atentado contra el estado surgido después de la dictadura y condicionado por ésta, sin suficiente arraigo democrático. Pero de los crímenes del terror de estado franquista y del reconocimiento de sus víctimas, vivas o muertas, nunca ha querido saber nada. Es más, llegado el caso de que se le pregunte por la Ley de Memoria Histórica, responde sin el menor empacho que “la Ley se está cumpliendo”, al parecer por sí sola, como si fuera la ley de la gravedad. Y cuando se trata de la exhumación de fosas, su respuesta proverbial es  “no hay fondos”, aunque, según él mismo, “España va mejor”. Así que, comparado con este presidente, José Luis Rodríguez Zapatero fue un Alejandro por su liberalidad. 

La originalidad de España, con respecto a otras democracias que conocieron regímenes fascistas, reside en que hubo, ha habido y habrá impunidad para los militares rebeldes contra el gobierno de la República,  los eclesiásticos y políticos que sentaron las bases del nacional-catolicismo, los legisladores que manipularon las leyes y los jueces que las aplicaron, los ejecutores “nacionales” de tareas macabras, los denunciantes de sus vecinos republicanos. Y todos aquellos que pescaron en el torrente bravío de la Dictadura. Por no insistir en lo sabido, baste recordar que en la monarquía, a mayor responsabilidad en los crímenes, mayor ha sido la impunidad de que han gozado y más honores y prebendas han recibido los agentes de la represión. El general Franco recibe culto o poco menos en la basílica del Valle de los Caídos, la Fundación que lleva su nombre recibe fondos para promover la imagen del Dictador y sus nietos se benefician de riquezas y regalos, sin olvidar de reclamar títulos nobiliarios, todo ello acaparado y transmitido al margen de una legalidad bien definida, por no decir otra cosa.  

Al mismo tiempo se ha seguido ignorando o culpabilizando a las víctimas del franquismo, cuando las Asociaciones de Víctimas y Familiares no han conseguido impedirlo.

Después de la desmemoria, la desvergüenza.