Domingo, 27 de mayo de 2018
Las Arribes al día

Haga fruto o no lo haga

EL MANZANO | Con esta son ya 182 las representaciones de ‘Teresa, la jardinera de la luz’ por el grupo de teatro ‘Lazarillo de Tormes’  

El grupo Lazarillo de Tormes volvió a emocionar a los vecinos de El Manzano con la obra ‘Teresa, la jardinera de la luz’

“Esté callando o hablando, haga fruto o no lo haga...” Un coro griego de mujeres repite al unísono unos versos. Pero van vestidas con hábitos de estameña de lana de oveja, y están subidas a un altar que hace las veces de escenario teatral. A un lado y subido a un púlpito, un oscuro padre dominico las escucha ensimismado, casi sin dar crédito a lo que ve y oye. Del otro lado de la escena un músico toca un órgano renacentista, que bien mirado parece el del maestro Salinas, organista del XVI, y que acaricia el teclado, como si de una aquiescencia rítmica a lo que oye se tratara. En frente, un público absorbido por el momento, da la sensación de estar en otra época, en otro lugar. Son los habitantes de El Manzano, y dentro de su iglesia parroquial de san Julián asisten a la representación de ‘Teresa, la jardinera de la luz’, aunque parezcan convencidos de estar en la del convento de Alba de Tormes, allá por 1582, fecha en la que Teresa de Jesús dejara este mundo.

Nuevo fin de semana de trabajo para el grupo teatral ‘Lazarillo de Tormes’, que actúa en este sábado 28 de abril para un pueblo pequeñito de la Ramajería, comarca de la Tierra de Vitigudino, al que llega dentro de este tan pleno año en representaciones que la Diputación de Salamanca ofrece a su provincia, para que esta puesta en escena que bien merece ser vista, lo sea en cualquier rincón y para cualquier público. En esta ocasión el de El Manzano, delante del armoniosamente policromado retablo de su parroquia y bajo el envolvimiento sonoro que propicia un elegante y bien labrado artesonado mudéjar. ‘Teresa, la jardinera de la luz’ proporciona también sabrosos y maduros frutos, con todas las particularidades que encierra, y no exenta de sencillez y profundidad, como si un fértil árbol de fuertes raíces y acogedoras ramas fuera. Igual que el manzano y el pueblo que lleva este nombre.

El topónimo le viene a la localidad de la época medieval en que los reyes leoneses enviaran a estas tierras pobladores procedentes de sus reinos de Asturias, León y Galicia. Por eso se crearon pequeñas aldeítas como lo eran las norteñas, con sus consiguientes parcelas delimitadas por piedras para alimentar al ganado. En esta comarca ramajera, no hay una distribución administrativa, sino más bien étnica, de gentes y costumbres, unidos por el mismo modo de vida, las mismas tradiciones, que siempre giraron en torno a la agricultura y ganadería.

Este compendio de circunstancias que tanto involucran al ser humano, hizo de los espectadores de El Manzano caldo de cultivo propicio para llegar a la esencia de ‘Teresa, la jardinera de la luz’ de forma casi natural. Al igual que los pequeños núcleos de población de su comarca, una mujer consiguió con un espíritu totalmente actual y solidario, crear dentro del pequeño microcosmos que es una orden religiosa, una reforma “profunda y sincera”, como escuchamos a una de sus hermanas en el montaje, dando lugar a un nuevo estilo de vida, más humilde, pero libre en sus cimientos. Sus fundaciones fueron esos nuevos núcleos de población que favorecieron una elección de vida personal a muchas mujeres dentro de una sociedad constricta en sus formas y costumbres, injusta en el fondo, varonil hasta lo inadmisible, y dominadora incluso con los hombres.

Pero Teresa llegó a todos, hombres y mujeres, ricos y pobres, nobles y villanos. Fue coqueta en su infancia, y seductora en su madurez porque su inteligencia innata y su formación intelectual y espiritual las puso al servicio de una meta elevada que nacía y caminaba en su mundo terrenal para llegar a otro más alto. Por ello unas hermanas carmelitas en un altar de iglesia de pueblo saben que no son políticos ni militares, obispos, arzobispos o grandes hombres, y aunque sí un pobre grupo de mujeres sin poder ni derechos, con la paciencia y sentido común de su maestra ponen a la Inquisición a los pies de la luz, y no de la hoguera como los habitantes de El Manzano se temían. Después de todo, ellos saben bien que cuando no hay alimento para sus ganados, los ramajes de árboles y arbustos sirven de alimento para vivir, y que el progreso con la mejora y renovación de su pueblo ha llegado de la mano de un Consistorio que tiene mayoría de mujeres en sus plenos.

Próximas actuaciones: www.lajardineradelaluz.com/calendario