Viernes, 20 de julio de 2018
Las Arribes al día

La pluralidad es femenina y singular: La Fregeneda

El grupo de teatro ‘Lazarillo de Tormes’ volvió a cosechar un nuevo éxito con la obra de Denis Rafter dedicada a la ‘santa andariega’
Representación de Teresa, ‘la jardinera de la luz’ en La Fregeneda

Entre los bellos paisajes que conforman el Parque Natural de Las Arribes del Duero en su vertiente salmantina, se encuentra ubicado La Fregeneda. Pueblo que como tantos otros de su entorno, dista mucho más de la capital que de la frontera portuguesa, con cuyas localidades próximas ha compartido territorio e Historia a lo largo de los siglos. Su curioso nombre tiene origen en la palabra leonesa “fresneda” o conjunto de fresnos, lo cual nos dice mucho de sus posibles repobladores leoneses, allá por la Edad Media, y que sin duda aprovecharon, como era frecuente en aquellos tiempos, la botánica del lugar para dotarle de una nomenclatura. Nombre femenino para una singular localidad, gran atractivo de gentes que hasta allí llegan para disfrutar de su riqueza histórica, paisajística y con una cultura llena de tradiciones paganas y religiosas.

Núcleo importante de comunicaciones, ha sido un enclave privilegiado en su comarca del Abadengo por el ferrocarril que por allí pasaba y que unió la provincia por tierra con el país vecino durante un siglo. Desde su muelle fluvial, Vega Terrón, se llegaba navegando por el Duero hasta el mar que baña Oporto. Su clima mediterráneo le regala a este pueblo salmantino la maravillosa eclosión de sus almendros que dotan al paisaje de una blancura, aroma y luminosidad espectaculares. Sin embargo este año ha sido la lluvia la que ha recibido en la tarde del sábado que inaugura marzo al grupo teatral ‘Lazarillo de Tormes’ que hasta allí se desplazó para poner en escena su obra “Teresa, la jardinera de la luz”, y que sin duda aportó también su indiscutible belleza, riqueza y singularidad.

La Diputación de Salamanca, ha sabido valorar la calidad de un trabajo bien hecho, en cualquiera de sus facetas. Desde su guión, concentrado en lo más esencial de la carmelita y que no se extiende más allá de una hora, pasando por el natural escenario que supone cualquier altar de una iglesia, o la sencilla y elegante escenografía, que con pocos elementos conforman un perfecto ambiente, hacen de esta obra una perla de singular belleza. No se puede perder por tanto la oportunidad de que algo tan maravilloso y constructivo como el hecho teatral pueda llegar a cualquier rincón de nuestra provincia y además de la mano de un espectáculo tan digno, profesional, a la vez que diferente.

De mediados del XVI data la capilla mayor de la iglesia de san Marcos que ofreció su recinto a “Teresa, la jardinera de la luz”. Misma época en que nuestra monja se encontraba en plena actividad en el mundo y ambiente que le tocó vivir. En ella se encerraba la pluralidad sin límites, como la que guarda el grandioso retablo barroco de esta parroquia, pero que sin embargo no pierde un ápice de su armonía, como aquella Teresa que dio cabida en su vida a todos los hombres y mujeres que por ella pasaron y pasó, así mismo, por todos los caminos necesarios para llegar a cualquier ser humano. En cada escena de la obra la vemos a través de sus hermanas con tantas miradas y perspectivas que consiguen transmitirnos una singularidad y entereza sin brechas. Su pluma fue el reflejo prolífico de sí misma. Ríos de tinta volaron sobre la blancura de un papel que como el Duero en esta tierra abrió caminos y dibujó paisajes de una claridad infinita como es la de los almendros cuando florecen. Debajo de unos hábitos de estameña se oyen unas palabras que la dibujan: libertad, alegría, humildad, espíritu, devoción, obediencia..., y se entiende cómo la razón de su sutil inteligencia, llenó un espíritu lleno de amor por Dios y compasión a los hombres que la convirtieran en la luchadora irredenta que consigue hacer caer del púlpito la oscuridad de los tiempos para encenderlo con la blancura de su luz. Y todo contado de manera que cualquiera puede entenderlo. La Fregeneda sintió que su parroquia albergaba una obra de arte más entre las que de siglos pretéritos guarda, y la hizo suya con sus risas, lágrimas y aplausos. Fuera, la lluvia auguraba un futuro de ricos frutos.

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