Domingo, 18 de febrero de 2018
Ciudad Rodrigo al día

Uno de los astados de Emilio Galán pone a prueba a caballistas y recortadores

Malote se dio la vuelta casi al finalizar el recorrido de campo, causando desconcierto y mucho peligro para los corredores que seguían por detrás a la manada

La manada llegó completa a las proximidades del casco urbano, hasta que Malote se dio la vuelta / FOTOS: ADRIÁN MARTÍN

Ciudad Rodrigo vivió en la mañana del Domingo la cita más esperada de su Carnaval: el encierro a caballo, cuyo desarrollo en esta ocasión se puede calificar de bastante satisfactorio, tras los problemas habidos en los dos años anteriores en que también se ha bajado por el Teso de Valhondo.

Como marca la tradición -y aunque el tramo de campo ya no sea accesible al público- cientos y cientos de personas bajaron la Avenida Conde de Foxá desde primera hora, en una mañana totalmente nublada y con bastante buena temperatura. Por el camino, y como también es tradición, pudieron degustar torreznos de forma gratuita, aunque se invitaba a hacer una contribución económica destinada a la Asociación Española contra el Cáncer. En esos prolegómenos del encierro, se desarrolló la habitual procesión de San Pedrín de la Peña La Polémika, que contó como invitado con el Pregonero Mayor, Denis Rafter.

Con total puntualidad se puso en marcha el encierro, que este año ha tenido como protagonistas a astados de Emilio Galán Trilla, que en las últimas semanas fueron hermanados con los bueyes en los trabajos realizados por la empresa responsable en esta ocasión del encierro, que tiene al frente a Francis Cuesta.

La manada salió de corrales y bajó por la ladera del teso de Valhondo muy compacta, dirigiéndose rápidamente hacia el tramo urbano escoltada por los caballistas. La mala suerte quiso que el último toro de la manada, el llamado Malote, sufriera una pequeña caída, quedando girado y decidiendo no seguir al resto de sus hermanos, dándose la vuelta hacia el tramo de campo.

Este toro llegó a subir cerca de la zona de donde había salido, pero el trabajo de los garrochistas fue efectivo y consiguieron meterlo después de unos minutos en el tramo urbano, con la colaboración eso sí de unos cuantos corredores a pie que una vez pasada la manada principal se adentraron en el tramo de campo, con el riesgo para su seguridad que ello supone.

Respecto a este toro, una vez entró en el tramo urbano (momento en el que hubo aplausos para el trabajo de garrochistas y recortadores), fue soltando numerosos derrotes, por lo que se optó por encerrarlo en los toriles de donde salen el resto de días los astados de los encierros.

Por culpa de la actitud de ese último toro de irse contra las agujas, un hombre que estaba como espectador sufrió en la subida de la Puentecilla una fea y dolorosa caída de una aguja, quedando sin poder moverse (además en un tramo con muy poco espacio entre la aguja y el guardarraíl). Hasta allí acudieron para auxiliarle efectivos de Cruz Roja, que lo evacuaron en ambulancia (asimismo se presentaron agentes de la Policía Local y la Guardia Civil).

Aunque el toro rezagado le ‘baja la nota’ un poco al encierro a caballo de este año, hay que decir que al público –sobre todo el situado en la zona de la Puentecilla- no le importó demasiado, ya que el madrugón había valido para ver espectáculo durante muchos minutos (tuvieron visión directa de los trabajos en la ladera).

En lo que respecta al resto de la manada, subió bastante compacta, pero uno de los astados se dio la vuelta de forma inesperada recorriendo un buen trayecto por la Avenida Conde de Foxá provocando el susto en numerosas personas que ya se habían metido en el recorrido ‘tranquilamente’ tras ver pasar la manada principal.

En lo que se refiere a la Enfermería de la Plaza, sólo pasó una persona: una mirobrigense que había sufrido una herida en la mano izquierda al haber recibido un garrochazo al paso de un caballista. Su pronóstico era leve. Además, hay que resaltar otra incidencia: en el Registro fue herido por un toro un caballo, a quién se estuvo intentando curar el resto de la mañana en la explanada situada frente a la carpa del Paseo Fernando Arrabal.

Fotos: Adrián Martín y David Rodríguez