Lunes, 25 de junio de 2018

La Veracruz y sus cuatro faltas

Es como una parábola. Y parece contada para describir lo que sucede alrededor. Y ese alrededor abarca la ciudad, la provincia y hasta la diócesis por mezclar en la misma prueba a la sociedad civil y a la comunidad religiosa.

El hecho es que las religiosas de la Veracruz se marchan después de más de medio siglo de estancia en su extraño e inhóspito miniconvento. Su presencia en la capilla de la Veracruz ha servido a mucha gente para encontrar un momento de paz o para recobrar la calma y el sentido o para hacer una oración o una celebración y para muchas más cosas tan importantes como éstas. Por eso muchas personas las echarán –las echaremos- en falta en cuanto se vayan de nuestra vecindad un día de estos. Desde aquí las saludamos y les deseamos la bendición de Dios allá donde cada una vaya.

Y este hecho ciudadano, aparentemente pequeño y casi doméstico, me parece a mí cargado de sentidos directos e indirectos y se puede leer en clave de profecía para aviso de desentendidos, distraídos y colgados. Hago un pequeño ejercicio en esa dirección, repasando las cuatro faltas que a primera vista me parecen darse en el caso y que han sido la causa de la marcha. Veamos.

La primera falta es la de vocaciones. Las Religiosas Esclavas del Santísimo nacieron en Málaga en 1943 y llegaron a Salamanca en el año 1952 de la mano de su co-fundador el Padre Aldama, profesor entonces de la Universidad Pontificia, con numerosas vocaciones en aquellos años. Pero aquella situación ha ido cambiando de tal forma que ya no hay religiosas para mantener abiertas todos los conventos. Y esta falta de vocaciones es una de las causas de su marcha.

Pero esa falta de personas vocacionadas pasa en casi todos nuestros ámbitos sociales, laborales y religiosos. Falta de vocaciones en el seminario diocesano, falta de personas con vocación de generosidad política, falta de vocaciones en las casas religiosas de nuestra ciudad y en tantos conventos de clausura que rodean la Veracruz, falta de vocaciones de laicos comprometidos y dedicados a una misión, falta de vocaciones en la enseñanza en todos sus niveles y hasta falta de vocación para formar un matrimonio o para tener hijos. Es una alarmante y empobrecedora falta de vocaciones. Nos pasa a todos lo mismo que a las monjas de la Veracruz.

La segunda falta es la falta de trabajo. Hasta no hace muchos años tenía la comunidad, dedicada al trabajo de la confección de ropas para iglesias y sacerdotes, muchos encargos y un trabajo que les permitía vivir con toda dignidad. Ahora esos encargos se han venido abajo por razones obvias y el trabajo escasea.

No hace falta decir cuánto y cómo nos afecta la falta de trabajo a nuestra ciudad y a toda la provincia. Hay trabajo donde hay futuro. Y sin industria, sin iniciativas de desarrollo estable, sin inversiones de gran formato y largo alcance… no habrá puestos de trabajo digno para todos ni en el campo ni en la ciudad. Por eso mucha gente nuestra ha tenido que hacer, y ya desde hace muchos años y generaciones, lo mismo que estas religiosas: marcharse fuera porque aquí se ha instalado la falta de trabajo. Y se va a quedar para muchos años.

La tercera falta de las monjas de la Veracruz ha sido la falta de jóvenes.  La comunidad ha crecido en años sin recibir la suficiente savia nueva; muchas monjas mayores y pocas jóvenes y muchas casas abiertas en España e Hispanoamérica. Así no se puede. Por eso se van y anuncian la marcha de otras comunidades religiosas que viven la misma situación extrema causada por esta tercera falta.

En cuanto a esta falta de gente joven nuestra ciudad engaña; sus miles de estudiantes dan una imagen falsa y pasajera de Salamanca, que es una ciudad de viejos, con falta de jóvenes que se queden, sin futuro en el campo del que la gente joven huye, sin atractivo laboral para titulados que tendrán que irse fuera si quieren vivir lo que han estudiado, etc… La ciudad y la provincia entera sufren una enorme y dramática ausencia de personas jóvenes en todos los campos.

Y no digamos en el campo religioso, en el que es evidente que sucede lo mismo, sólo ancianos; se vaya a una misa, a una conferencia o a una oración el público en su inmensa mayoría es cada vez más mayor. Impresiona verlo. Y la gente joven no aparece o porque se va fuera en cuanto termina sus estudios o no aparece por la iglesia aunque no los haya terminado. En resumen, en todos los campos esta grave y alarmante falta de gente joven. Parece –la provincia entera, la ciudad toda y las iglesias- un Centro de Día lleno de ancianos. Muy digno por supuesto, pero sin futuro por falta de jóvenes.

Y, aunque podrían añadir más, la falta de entendimiento es el dato que coloco en cuarto lugar para cerrar este apresurado diagnóstico de cómo estamos. La comunidad de religiosas ha vivido momentos de gran tensión y no pocos enfrentamientos con la Cofradía propietaria de la capilla y que en ella tiene su sede y sus actos. La Cofradía de la Veracruz lo es desde hace quinientos años y a mucha honra y no es de este espacio juzgar actuaciones y comportamientos de unos ni de otros. Lo cierto es que una larga historia de relaciones difíciles ha pesado sin duda en esa decisión ahora final, pero que ha sido pensada y amagada en ocasiones desde hace años.

Y esta falta de entendimiento es escandalosamente patente en la sociedad salmantina. Se podrían citar ejemplos hasta el cansancio y afectando la falta a todos los espacios de campo y ciudad, desde los sindicatos o las parroquias hasta las universidades o los ayuntamientos pasando por los vecinos de cualquier comunidad o por los concejales de cualquier ayuntamiento.

Sólo destaco dos detalles magníficos y sonoros, escandalosos e impropios de una ciudad culta con instituciones de calidad: uno es el disparate, se mire como se mire, de una Universidad que celebra un llamado octavo centenario sin contar siquiera con la otra institución, el Cabildo y la Iglesia quiero decir, en la que nació, creció, se hizo adulta y ganó todos los méritos que la hacen famosa en el mundo entero. Pues no señor, nosotros solos y viva la historia y arriba la Memoria histórica.

El otro detalle es igual de campanudo y sobresaliente: las dos universidades no son capaces de un gesto de entendimiento para celebrar el mismo día y en el mismo acto la memoria y la fiesta de Santo Tomás, patrono de las dos. Eso es, sí señor, cada uno por su cuenta y a correr. ¡A ver si un día desaparecen como las monjas de la Veracruz por falta de entendimiento! No lo quiera Dios, por favor.

Como se ve, cuatro faltas son muchas faltas y harían falta buenos corregidores que las corrijan.