Viernes, 15 de diciembre de 2017

La violencia de género: el caso de Grecia

"La violencia contra las mujeres es quizás la violación más vergonzosa de los derechos humanos. No distingue fronteras, culturas o riquezas. A medida que avance, no podemos pretender avanzar sustancialmente hacia la igualdad, el desarrollo y la paz."

Ilektra Sevastopoulou y Marianna Poniraki

Activistas por los Derechos Humanos

          La violencia contra la mujer es la expresión de la desigualdad históricamente establecida en las relaciones de poder entre hombres y mujeres, que condujo a la dominación de los primeros y a la discriminación contra las segundas, deteniendo así su desarrollo. Además, es un riesgo importante para la salud pública y una de las principales causas de muerte y discapacidad entre las mujeres de 16 a 44 años de edad, según varios estudios realizados los últimos años.

         Se pueden observar distintos tipos de violencia, que se han categorizado en cuatro grupos, basándose en las causas que pueden vislumbrarse tras el acto violento: A) violencia sexual: violación, acoso sexual, embarazo forzado, esterilización forzada, esclavitud sexual, prostitución forzada, prácticas como la mutilación genital femenina y otras similares; B) violencia física: como son las agresiones, la restricción de movimientos, etc.; C) violencia psicológica: coacciones, intimidación, amenazas, gritos, insultos, chantaje, amenazas contra los niños, trato degradante; D) violencia económica: control de los ingresos familiares, prohibición de la educación o el empleo, privación de alimentos, ropa, medicinas, etc.

         La forma de violencia predominante es la que coloca a la mujer en la posición de víctima. No cabe duda de que detrás de este comportamiento se esconde el ejercicio de la autoridad familiar, y aún más en Grecia, donde la estructura patriarcal se considera como una institución fundamental, especialmente en las mentalidades más conservadoras. Los casos de violencia doméstica en Grecia han aumentado drásticamente según una reciente encuesta europea, mientras que a nivel europeo trece millones de mujeres (en la UE) fueron sometidas a violencia física en un año y 3.700.000 fueron víctimas de abuso sexual. Más específicamente, los datos del último Eurobarómetro muestran que el 34% de los griegos conoce en el barrio o el vecindario a una mujer que ha sido víctima de violencia doméstica. Este porcentaje se incrementa en un 12% en comparación con un estudio anterior y es el tercero más alto de Europa. Además, hay que prestar atención a otro fenómeno social de gran envergadura que forma parte de la agresión contra las mujeres, ofende a la dignidad humana y viola el principio de la igualdad de trato: es el acoso sexual que se encuentra en el sector laboral.

          Sin embargo, se observa que en Grecia el acoso sexual en el empleo aún no ha causado el interés del derecho penal. A pesar de la existencia de legislación relacionada contra el maltrato de la mujer en su entorno laboral (leyes sobre la agresión oral o corporal, la ofensa de la dignidad personal y la insolencia del abuso de poder), ninguna de ellas se refiere exclusivamente al acoso sexual. La ausencia de dicho término en el código penal griego muestra la negativa a reconocer la gravedad de esta situación, y al mismo tiempo facilita el aumento de los casos de explotación de mujeres en su lugar de empleo.  

          Por lo general, la característica principal de las mujeres víctimas es su comportamiento pasivo y su ausencia de autoestima. Además, el silencio es lo que más empeora la situación; los datos ponen de manifiesto que, por miedo a represalias, sólo una de cada tres víctimas denuncia la violencia de su pareja a las autoridades. Es impresionante el hecho de que Grecia no se incluye dentro de los países europeos donde se conoce el número de asesinatos machistas cada año. Los únicos datos disponibles surgen de las denuncias registradas a través de las líneas telefónicas de apoyo, pero no se pueden considerar como oficiales. Como consecuencia, los casos de mujeres asesinadas no reciben la visibilidad o la importancia que merecen y eso alimenta la prolongación del fenómeno.

          La línea SOS de 24 horas para el apoyo a las mujeres agredidas, durante los últimos cuatro años y medio, ha recibido 22.388 llamadas y 254 correos electrónicos, de los cuales el 80% se relaciona con informes de incidentes de violencia de género. El 74% de las llamadas fueron hechas por mujeres víctimas, mientras que las otras fueron por padres, familiares, vecinos, etc.; hay que destacar, también, que el 64% de las víctimas tenía hijos.

          En resumidas cuentas, es notable que Grecia, por culpa de muchos factores sociales, económicos y culturales, no ha seguido el camino de otros países europeos para enfrentar institucionalmente el problema de la violencia doméstica. El inicio de los estudios y las reacciones contra los incidentes fue en la década de 90; desafortunadamente, los organismos indicados siguen siendo muy pocos, incapaces de arrimar el hombro a través de una colaboración efectiva con el Estado.