Domingo, 17 de diciembre de 2017

A mal tiempo, cara de perro

Debo decirles que la semana pasada disfruté de un black Friday particular, o sea, un catarro que rebajó mis capacidades lectoras en un 50% o 70% y subió mis antenas televisivas en parecidas proporciones

Ya recuperado, no sé si lo que debo decirles es consecuencia de la fiebre o fueron hechos que sucedieron en la realidad por el salmorejo televisivo.

Así, como un mantra, me aparecen unas imágenes de Tele 5 en las que la veterana periodista Chelo García Cortés, creo que no era un delirio, consumió una hora de programación, ¡con lo que vale!, con una “perra” de mucho cuidado y sus correspondientes clínex, todo porque en su ruina económica una protectora de animales quería quitarle la perra, es decir, su chucho (lo de hablar de razas nos llevaría a la discriminación). Servidor no se alegraba por ello, pero si en la perrera iba a estar mejor cuidada, ¿por qué no? Yo lo creo así, y si como alguien me informó el pobre animalito tuvo que estar en “Sálvame” durante cuatro horas de programa, estaría más que justificado llamar a tales hechos “maltrato” animal y conminar a su dueña a llevarle a un “psicoperro” al finalizar el programa. Pero dejémoslo así y hablemos de otras cosas. ¡Qué pena de animal! ¡Qué castigo!

Leer es una actividad que requiere concentración y si la tos, la cabeza prieta y los ojos vidriosos te sustraen todo el tiempo en encestar pañuelos en una papelera, poco provecho se puede sacar de la lectura. Así que mejor fue dejarla aparcada y las noticias, para estar al tanto del consabido monotema catalán, con un par de telediarios de fondo fue más que suficiente.

Me informo de que el señor Puigdemont está muy enfadado. Y razones tiene. No es justo que después de echar el Gobierno español al embajador de Corea del Norte y a sabiendas de las malas artes que el presidente Kim Jong-un emplea con los que le importunan, por lo extraño que parezca, ni siquiera el señor Kim (presuntamente se lo pidieron) haya tenido la deferencia de reconocer la independencia de Catalunya. La lógica nos dice que, aunque sólo fuera por j… al señor Rajoy, el señor Kim debería haber reconocido la DUI, pero no, y con tal gesto la gente despotrica de que al señor Puigdemont y su DUI no lo reconoce “ni Corea del Norte”.

Pero nadie debe venirse abajo, pues la pericia del expresident no conoce límites y, si no, que se lo pregunten a don Oriol, a quien en un regate “messiánico” lo dejó encarcelado en Estremeras. Lo explicamos en el párrafo siguiente, pero antes debemos realizar un preámbulo: Como hemos hablado del chucho de doña Chelo, cuánto nos gustaría que ustedes hubieran tenido oportunidad de disfrutar de la secuencia de la serie “Aida” -la he visto durante mi catarro- en la que “el Luisma”, ante el ataque inminente de un perro -a él o a Mauricio que charlaban juntos-, idea un plan en el que los dos deberían salir corriendo y que fuera la suerte del animal la que eligiera a quién seguir. Sin embargo, cuando el perro atacó, Luisma se quedó parado y lógicamente el perro salió tras Mauricio. Y con toda lógica Mauricio no paraba de correr sin dejar de gritar “hijo p….” al de la feliz idea.

Lo anterior es un buen símil de lo ocurrido entre los señores Puigdemont y Junqueras, de quienes dicen que en la actualidad no podrían ni verse. Puede que sea cierto y el desencuentro tenga que ver por algo muy parecido a la secuencia del perro de “Aida” pero en sentido contrario. En este caso el can fue el 155 y la fe de don Oriol era creer que todo el Govern se quedaría quieto al frente de la República, pero la treta del señor Puigdemont no estaba en quedarse como una estatua, sino en salir volando. En la actualidad el señor Puigdemont está de vacaciones en Bruselas y don Oriol y casi todo el Govern se encuentran en Estremeras o en Alcalá-Meco con el traje de preso.

Para terminar, debemos reconocer la astucia del señor Puigdemont y pensar que un robot entrenado podría ganar en “Pasapalabra”, sin quitar méritos a los dos crack que actualmente dominan el programa, pero en imaginación nunca llegaría a suplantar al señor Puigdemont. Aparte de divertido, su última ocurrencia es otro referéndum para preguntar a los catalanes si quieren seguir perteneciendo a la UE. ¡Lástima que se vaya acercando el día en el que sus cálculos sean un imposible! Quizá quiera subir al espacio sideral o quedarse por esos mundos dando clases de metodología social y revise la gran “equivocación” de la causa y el efecto. Sería la gran teoría que le llevaría a la consecución del Príncipe de Asturias. Que lo explique él, nosotros avanzamos que en su caso la causa es el 155 y el efecto, no cabe duda alguna, es la DUI. ¡Seguro que seguirá dándonos alegrías después del 21-D!