Viernes, 15 de diciembre de 2017

Lilliam Moro a ‘Contracorriente’

Sólo se vive dos veces:

una cuando se nace

y otra cuando se está frente a la muerte.

Ian Flemming

Pilar Fernández Labrador y Lillian Moro / Foto de Jacqueline Alencar

Yo soy la nueva que apareció en escena.

Lilliam Moro

El prestigioso y muy competido Premio Internacional de Poesía “Pilar Fernández Labrador”, en su IV edición le fue otorgado a la poeta cubana Lilliam Moro por su obra titulada Contracorriente.

Este poemario es un homenaje a la vida por parte de quien estuvo al borde de partir al ignoto e enigmático más allá y regresó impensadamente a su más acá. Son versos de resurrección, un canto a la vida y a la esperanza, tal como lo expresa la escritora en su Poema para mí, en el que celebra haber “vuelto del otro lado”, y saluda tanto a la mujer que fue como a la que ahora es.

Como todo escritor que se respeta: respeta la dictadura de la página en blanco, a la que tilda de erótica: la excita con su olor, la lleva a acariciar con denuedo su superficie, su suave piel, incitándola y otorgándole el placer de los amantes, aunque, vencida por el poder absolutorio de la palabra – verdadero don celestial -, la página conserva, empero, su plena y terca virginidad, para que - imperecedera -  sea una vuelta a empezar, un Sísifo que no empuja la roca montaña arriba sino la pluma que escribe y escribe, para seguir escribiendo.

Naufraga la poeta con los otros náufragos verdaderos que en el mar Caribe o en el Mediterráneo dejan su postrero respiro, sus esperanzas por una vida mejor o por una libertad que nunca disfrutaron; todos sucumben por igual: los que se ahogaron, y aquellos que se pensaban más sortarios y llegaron al paraíso terrenal añorado, para constatar que tanto esfuerzo no valió la pena. Con sobrada razón la escritora, conocedora de balsas, embarcaciones precarias y pateras, acuda que alguno tendría que dar las explicaciones de los decesos físicos y espirituales…ciertamente el Edén contemporáneo no está en la orilla de enfrente…aunque función debe continuar, así cruja el maderamen o el miedo.

Contracorriente es igualmente un homenaje a la amistad sin cortapisas y a la siempre magnánima y espontánea solidaridad humana; la autora dedica sentidos versos a sus connotados amigos y a los no tanto, en especial a los poetas, en un poema verdaderamente antológico:

Los poetas poetas

mueren en vida o se suicidan

o se entregan al virus de las tres iniciales

o abren las puertas al cangrejo que camina de lado

y los devora internamente como si fuera un gran amor.

Los poetas poetas.

los que desprecian la certeza,

los aguafiestas, los que visten tan mal,

son los que eligen arder como en la alquimia

para crear los mundos imposibles

que sustituyan la sonrisa forzada,

la mediocre metáfora,

el premiecito que los compra,

la otra mejilla puesta para la bofetada

del que los compra,

del que administra las medallas y el hambre.

Los poetas poetas se arriesgan al olvido,

la peor de las muertes.

Finalmente, tal como la poeta lo escribe su galardonado poemario se nutre – aunque no tanto-  de la nostalgia y la melancolía por lo dejado atrás en su Cuba natal: a casa familiar, los amigos, los parientes y alguno que otro amor juvenil. Señala lo que pudo ser y no fue: “el miedo se hizo cargo de nosotras”, al momento de tomar la irrefutable yconcluyente decisión de emigrar, de levantar el ancla y a fin departir por siempre de una pretendida isla de comunista felicidad y expresar- con lágrimasclandestinas de adiós, empapando el verso -: para siempre. Ciertamente coincidimos con la poeta: “la memoria es el lugar del caos”.

Madrid y Ávila, las dos Castilas le extendieron calles, plazas, cafeterías, plazas, puentes y murallas, acogieron con calidez a la joven que cargada de versos y dudas atravesó la mar océano para inventarse otra vida y superponerla a la entonces vivida en su isla caribeña. Agradecida. Lilliam Moro escribe su loa a la ciudad del oso y del madroño:

Cuando aquella primavera anduve la ciudad

Y caminé por sus calles ordenadas y limpias

Mientras un aire ligeramente frío

Susurraba en mi rostro,

de pronto presentí lo que llaman futuro

 

… (Lo que vino después es otra historia)  

 

(*) Contracorriente (Ediciones Diputación de Salamanca, Salamanca, 2017. Prólogo de Carmen Ruiz Barrionuevo y portada de Miguel Elías. Libro por el que la cubano-española Lilliam Moro obtuvo el IV Premio Internacional de Poesía ‘Pilar Fernández Labrador’.