Jueves, 23 de noviembre de 2017

República Encubridora del 3%

La pasada semana, cuando Rajoy puso en marcha el artículo 155, legal por constitucional, fueron muchos los que respiraron tranquilos al ver que parejo al 155 también se anunciaba convocatoria de elecciones. Un hecho, con toda lógica, para que el mundo nacionalista encuentre nuevos pilares en los que sustentar una vida en paz.

Era como si a “Un mundo feliz”, la excelente novela de Adous Huxley, se le hubiera vaciado su carga de ironía y apareciera ante nosotros con una inocencia paradisiaca: los viejos a pasear, los estudiantes a estudiar, los parados a trabajar, los prejubilados a realizar las tareas domésticas, los “Ferrerines-Pastor” a pasear con sus papis. ¡Qué felicidad!

Es más, servidor se dispuso a disfrutar de nuestra Feria del Libro de Otoño en la simpar Plaza Mayor de Salamanca. Y como nos gusta ver a los libros libres viajamos otro día a Madrid para asistir a la primera Feria, también del libro, que se ha celebrado hasta el pasado domingo con motivo del cuarto centenario de la Plaza Mayor madrileña. (Lo más preciado que adquirí fue una Antología de Alfonsina Storni y otra de Ernestina de Champourcín).

Pero claro, no te vas a pasar el día fuera de casa, y menos sin estar informado. Así, cuando vuelves, te encuentras una realidad que nos invade y es difícil digerirla toda junta. El mundo entero sabe a qué me estoy refiriendo: El Tribunal Supremo le concede a la mesa del Parlament una semana más para que estudie su defensa y la Audiencia Nacional cita al Govern y manda a prisión a todos los que acuden, aunque después libera al disidente señor Vila previa fianza y emite una detención internacional sobre Puigdemont y los cuatro consellers prófugos de la Justicia.

¿Esto era justo lo que buscaba el expresident de Catalunya?, ¿queda así al descubierto lo que ocultaba bajo el pelazo? Si no es una improvisación, por fin ha logrado que el paisanaje europeo, no los políticos, se crean que unos hombres inocentes están en prisión y existe otro hombre, o sea, él, y cuatro adláteres que se hallan perseguidos por una democracia “franquista”. Y ante esto la gente hace bromas como que don Carles se debería hacer un reconocimiento psiquiátrico, necesario para conocer el coeficiente superior del señor president, no crean lo contrario.

Pero entremos en materia. ¿Es bueno que vaya a la cárcel? Si nadie sabía que el señor Puigdemont se marcharía a Bruselas y se marchó, quién nos asegura que no se escapará de la trena si le detienen. Antes de meterlo en la cárcel, hay que pensarlo muy bien, pues si se fuga la institución se juega mucho. Esto es lo que habrán pensado en Bruselas para dejarlo en libertad cautelar. A estas alturas, con el ejemplo dado por el president, ni siquiera sería raro que se fugara el señor Junqueras, de ahí el auto de la jueza. Las dotes de Puigdemont están a la altura de Houdini, aquel extraordinario escapista que tuvo a muchos incautos velando su tumba a la espera de uno de sus trucos.

Otra pregunta que no debemos obviar es si la cárcel regenera al preso. La respuesta es clara: si es independentista, no. Acordaos de uno de los Jordis, que agotó la paciencia de su compañero de celda hablándole de nacionalismo y este tuvo que pedir su traslado por agotamiento. Con meter en la cárcel al señor Puigdemont sólo se va a conseguir quitarle la peluca para la foto y terminar con esa duda que tiene dividido al país.

Y hablando de los Jordis, me parecen más justas esas pancartas con las fotografías de los integrantes de la ANC y Omnium que pedirlo a viva voz, pues muchos creían que también se pedía la liberación del mayor de los Pujol, Jordi como ellos, hijo de la nostra Marta, o la Martona, llamada así cariñosamente cuando “la gran familia” era confundida con la catedral de Gaudí.

Volvemos a pronunciarnos que no nos alegramos por las penas de cárcel que cumplan los políticos referenciados, pero necesitamos el humor como un blindaje que nos haga olvidar las millonarias pérdidas que está ocasionando este caprichoso asunto. 

Créanme, pero servidor siente algo de ternura por el president. Como ejemplo, espero que se fijasen en la cara de extrañeza de la señora Forcadell el día en el que el señor Puigdemont se negó a subir a la tribuna para realizar el pronunciamiento de independencia, y otro detalle fue el twit del señor Rufián sobre las “155 monedas de plata” creyendo que el señor Puigdemont optaría por elecciones el 20 de diciembre. Por último, cómo nadie sabía nada de la fuga del señor Puigdemont en un primer momento y después hablan de una jugada maestra. ¿A quién creer?

Adenauer decía que existen enemigos, enemigos mortales y compañeros de partido. ¡Cuídese, don Carles, de los que hoy, con razón o sin ella, tanto le quieren!