Viernes, 15 de diciembre de 2017

Huida hacia adelante

Tanto esfuerzo, tanta rabia, tanto odio, tanta burla... para que un día, el 1 de octubre de 2017, no haya existido. Un día que habrá de borrarse del calendario. Una jornada en la que las mentes de media Catalunya se quedaron totalmente a oscuras. Un día en el que algunos independentistas esperaban que los guardias vinieran con huchas para recaudar dinero para don Artur y éstos llegaron para llevarse otras huchas u otras urnas, ¡qué duro! No queda otro remedio que olvidar. No ha existido referéndum. Y si ha existido, ha sido una vergüenza, con urnas en la calle o un simulacro en los colegios. No queda otra que olvidar, repetimos.

¡Pero cuántos días no se olvidaron! Hubo que olvidar las palabras de una niña, reproducidas en TV3 en horario infantil hace cuatro años, expresándose en estos términos: “Tarde o temprano los españoles tendrán que rendirse”. Hubo que olvidar otro día, hace tres años, en el que una conseller, ante unos padres que se quejaban del desigual número de horas en las asignaturas impartidas en español respecto del catalán, argumentaba: “¡ustedes es que no tienen en cuenta a la Gimnasia, que se les está dando en español!”. Ejemplos ambos de odio y burla, pero no importa, también debemos olvidar esto y más, como las aulas vacías de niños la última semana para acudir a las manifestaciones y después llenas de críos, de viernes a domingo, para apoyar que “votarem”. ¿No avergüenza esto a nadie?

No, por supuesto. ¡Hay que olvidar tantas cosas! Pero al menos existe una que no se puede olvidar: Catalunya, por ser catalana es española y la mayoría de los catalanes ni se plantean dejar de pertenecer a España, una nación democrática que, con sus aciertos e imperfecciones, no es país que avergüence a los españoles y merece mucho respeto. ¡Oiga!, y decir esto es compatible con ser de izquierdas y manifestarse por los derechos sociales de la clase media y de los trabajadores. No crean lo contrario. No se confundan como con Serrat o con don Antonio Machado.

Pero volviendo a quienes tienen capacidad de poder político, el éxito de haber acabado con este referéndum ilegal, totalmente envenenado, sin haber acudido al artículo 155 ni al estado de excepción, ese “éxito” está muy repartido. Por tanto, esperamos una pronta recuperación a los heridos (la foto buscada) y que nadie quiera sacar rentabilidad con ambigüedades, pues si las órdenes han venido de jueces y fiscales y la ponderada ejecución de esas órdenes ha sido gracias al civismo de la mayoría del pueblo catalán-español, de policías y guardias civiles (con excepciones, por supuesto) y de algunos mossos, a ellos corresponde algún reconocimiento.

A partir de ahora entraremos en los días de después del tornado y como volver al sitio de origen es harto difícil, la única salida que ven las luces del señor Puigdemont son las de una proclamación unilateral de independencia que, como primera medida, aparte de optar por la república, será la amnistía de la “Sagrada Familia” y de otras familias menos nobles. (Ya se sabe que el señor Puigdemont pertenece a la derecha pujolista de la sociedad catalana).

Pero si decimos que casi no le queda otra salida, no lo decimos de manera caprichosa, ya que a quienes desobedecen las leyes y están desautorizados para gobernar, para que les crean sólo les queda la huida hacia adelante, pues siempre les perseguirá la lacra de que “rebelarse es lícito”.

Otro día hablaremos del Gobierno.