Viernes, 22 de septiembre de 2017

El dinero amargo

El gran titular debería ser -y simbólicamente lo es- para Antonio Grande, pero hay que rebelarse contra los intereses de este ‘sistema’ que tantas víctimas deja en las cunetas
Antonio Grande en la feria de Salamanca 2017/ Foto: Adrián Martín

Por Paco Cañamero

David Salvador no tenía padrino. La gran sorpresa de la novillada celebraba la pasada feria se quedó en casa y en su lugar toreó un novillero hecho con calzador, a golpe de talonario para acaparar tantos carteles en el escalafón menor. Aunque para ello haya damnificados en medio de esta vida tan injusta para quienes la dirigen desde el ‘tanto tienes tanto vales’. Y esas políticas ajenas a la verdad, a la justicia y en definitiva a la grandeza del toreo. Ciertamente el gran titular debería ser –y simbólicamente lo es- para Antonio Grande, el triunfador de la tarde y que además convenció, también hay que rebelarse contra los intereses de este ‘sistema’ que tantas víctimas deja en las cunetas.  Claro ejemplo de ello es la exclusión en esta feria de David Salvador.

De San Muñoz, de ese bello pueblo de ‘la Huebra’, llegó Antonio Grande con su flequillo rebelde, seña de esa cara juvenil que nace para el toreo y con tan buenas mimbres que se llevó de calle la novillada. ¡Cuánto hubiera disfrutado su abuelo, el inolvidable Chanote! Aquel Chanote que fue un personaje mundano de esos que hacen grandes a los pueblos gracias a su bonhomía y personalidad, a su listeza natural y a la afición taurina siempre abrazada a la bandera del roblismo. Y me lo imagino ayer asomándose desde su palco celestial a La Glorieta para emocionarse con la clase de su nieto. Con sus detalles de torería en el primero, o con el gran empaque lanceando a la verónica al sexto, al que después toreó sobre la diestra de manera soberana. ¡Olé tú, Antonio Grande, que has nacido con el don de la torería! Porque además tiene espada y tumbó a sus dos toros de sendas estocadas. Ahora es el nuevo diamante en bruto de la magnífica cantera charra, que no deja de dar sus frutos y acaba de traer a Antonio Grande como la nueva sensación. Ojalá no lo estropeen con la cascada de elogios que le espera este invierno y también que el muchacho tenga la sensatez de no creérselo para segur creciendo. Porque el éxito de ayer solamente es un paso ascendente en la larga escalera del torero.

Rabia la del mexicano Veladez cuando su primer toro se lo estrelló un peón contra el burladero al comenzar la faena de muleta matándose contra las tablas. Por tanto se lo jugó todo a una baza y en su otro novillo buscó el impacto con un quite por ‘lopecinas’ ante su desrazado novillo que embestía defendiéndose y el de Aguascalientes no afinó las teclas para tocar las mejores notas tras un largo trasteo. Se fue como vino, sin que nadie lo esperase.

Y lo peor lo protagonizó Toñete. Es el dinero amargo, el querer hacer un torero con calzador. Ayer, sin embargo, sí dejó algún detalle frente a su primero, aunque era un novillete sin presencia, una sardina. Jabonero y escurrido, feote –casi gemelo del segundo-, sin rematar y con dos plátanos por pitones. Para quien sean del Campo Charro y lean esta crónica les diré que guardaban parecido con aquellos charoleses que los hermanos Sampedro, los célebres ‘andaluces’, tenían en Castillejo de Yeltes tan a régimen que la gente de la zona decía: “Pasas más hambre que los toros de los ‘andaluces”. Sin embargo el peor Toñete se vio en el quinto, al que no pudo y asustó tanto su buena presencia –fue aplaudido de salida- que exigió al picador lo masacrara en varias, situación que indignó al público. Ahí brilló Miguel Martín, el gran peón de Ávila con los palos, siendo lo más destacado, porque el matador fue incapaz de solventar los problemas y no verlo claro en nada. Firmó una gris actuación y lo más triste, le quitó el puesto a David Salvador, a un torero que el pasado año se ganó volver y ahora se ha visto relegado al banquillo por el dinero amargo del interés.

Al final del festejo la chavalería de San Muñoz y la comarca de La Huebra se lanzó al ruedo para sacar en volandas a Antonio Grande, su nuevo ídolo, quien lo hizo sobre los hombros del antiguo novillero Alberto Escudero, de aquel Alberto Escudero que hace no tanto tiempo nos entusiasmó y un día al verlo tan difícil y comprobar que el dinero, el dinero amargo, mandaba tanto decidió cortarse la coleta. Por eso al sacar por la ‘Puerta del Toro’ a su paisano, primo y amigo fue un detalle de señor. Y de nobleza, que es la bandera de la mejor gente.

FICHA DEL FESTEJO

Ganadería: Se lidiaron novillos de Esteban Isidro, desiguales de presentación y juego. Los tres primeros impropios de ser lidiados en una feria de importancia y mansurrones en general. Cuatro y quinto con más presencia; el mejor el sexto.

Leo Valadez: Silencio y oreja.

Toñete: Ovación con saludos tras aviso y pitos.

Antonio Grande, que debutó con picadores: Oreja tras aviso y dos orejas.

Cuadrillas: Se desmonteró Miguel Martín tras clavar dos buenos pares de banderillas al quinto.

Entrada: Un tercio de plaza.