Domingo, 24 de septiembre de 2017

Corea del Norte versus Estados Unidos. Crisis de los misiles.

En octubre de 1962 el mundo estuvo más cerca que nunca de sufrir una guerra nuclear. La denominada “crisis de los misiles”, cuando en plena guerra fría entre la extinta Unión Soviético y los Estados Unidos, descubrieron éstos que en territorio cubano estaban asentados misiles soviéticos que apuntaban a su territorio. Por suerte y en el último momento la crisis se pudo sortear ante el alivio de todo el planeta. 55 años después, Donald Trump y Kim Jong-un, dos personajes de mucho cuidado que están representando un triste espectáculo para demostrar, ante la mirada atónita y preocupante del mundo, quién tiene más músculo, se vuelve a repetir una situación similar aunque todavía, afortunadamente, no se ha llegado a una situación tan límite.

Juan L. Hernández (activista defensor de los derechos humanos).

     Todos los que vivimos en este planeta sentimos una honda preocupación por cómo se están desarrollando los acontecimientos en una escalada cada vez mayor  de provocaciones; por un lado lanzamientos de misiles con capacidad de portar armas nucleares; con la amenaza de atacar la isla de Guam y como penúltimo episodio, la detonación de una bomba H que ha provocado un seísmo en la cercana China. Por otro lado, las consiguientes réplicas del presidente americano apelando a una respuesta firme y contundente, con frases tan subidas de tono como: “nuestra paciencia ha tocado a su fin”;  “responderemos con fuego y furia en una magnitud que el mundo nunca ha presenciado”.

      ¿Hasta dónde nos llevarán las amenazas de estos dos dirigentes en esta pelea de gallos? Individuos que desprecian la seguridad y la tranquilidad de las personas no solo de sus respectivos países sino también de todo el mundo. Bien conocidas son las bravuconadas del dirigente norcoreano que año tras año a  lo largo de su mandato sigue despreciando los más elementales derechos humanos de sus ciudadanos y con las consiguientes amenazas a la paz mundial. Amnistía Internacional en su informe anual correspondiente al pasado año nos presenta un panorama desolador de la situación de los derechos humanos en Corea del Norte. Muy resumidamente esta es la situación:La población de la república popular democrática de corea (Corea del Norte) siguió soportando violaciones en casi todos los aspectos de sus derechos humanos. Se detuvo y condenó a personas tanto norcoreanas como extranjeras por “delitos” no reconocidos internacionalmente como tales. Continuó restringiéndose gravemente el derecho a la libertad de expresión. Las autoridades enviaron a miles de personas a trabajar al extranjero, a menudo en duras condiciones. Aumentó el número de norcoreanos y norcoreanas que huyeron a corea del sur. El gobierno llevó a cabo pruebas de armas nucleares. La ONU endureció las sanciones económicas impuestas a Corea del Norte, medida que hizo temer tanto a la ciudadanía del país como a los expertos internacionales que aumentara la escasez de alimentos y empeoraran aún más las condiciones de vida” Visto este análisis, ¿qué podemos esperar de un régimen que desprecia hasta tal punto a sus ciudadanos  con tal de mantener sus privilegios y perdurar en el tiempo con una dinastía perpetua?

     Por otro lado y para echar más leña al fuego, ante la continua escalada de amenazas de Pyongyang, Washington, ante las Naciones Unidas, reclama más mano dura y más sanciones. Corea del Norte que atraviesa una crónica situación de crisis económica, agravada por los bloqueos a los que le somete desde hace años la comunidad internacional sufrirá por lo tanto las consecuencias de las sanciones impuestas y entre otras posibilidades una probable escasez de alimentos que les podría llevar a volver a padecer de nuevo una terrible hambruna como la que sufrieron entre los años 1995 1998,  con unas 220 000 muertes debido a la falta de alimentos y un 60% de los niños menores de siete años “atrofiados” física o mentalmente debido a la desnutrición. ¿Qué lugar ocupa el diálogo y la negociación en esta crisis?, ¿dónde está la sensatez y la cordura para manejar esta crisis?. Esperemos que las constantes amenazas  de unos y otros no nos lleven a un conflicto de incalculables y dramáticas consecuencias como las vividas en 1962, y no solo para los ciudadanos de ambos países sino también para todo el planeta, pues no olvidemos el grandísimo poder nuclear de Estados Unidos y del que también Corea del Norte parece estar dispuesto a utilizar.

     Estados Unidos y su comandante en jefe Donald Trump en su papel de policía mundial, personaje que cada dos por tres nos deja notables muestras de su misoginia (bien conocidos son sus desafortunados comentarios  machistas sobre las mujeres) y racismo (favorito de los ultraderechistas y supremacistas blancos como el KKK, demostrándolo no hace mucho con   el indulto concedido al exsheriff de Arizona Joe Arpaio, azote de inmigrantes que fue condenado a seis meses de cárcel por desacato a una orden de un juez federal en 2011 por acosar racialmente a ciudadanos latinos, quienes estaban siendo arrestados y entregados a las agencias federales migratorias bajo la mera sospecha de que no tuvieran documentos o ante la posibilidad de que pudieran  cometer delitos). Prepotencia y desprecio en sus twits y discursos que la mayor parte de las veces nos dejan perplejos. Trump ya ha  advertido que “todas las opciones están abiertas”, en la posible respuesta a las provocaciones de Corea del Norte y entendemos que por todas las opciones incluye la nuclear.

     Si lo que Estados Unidos pretende es que Corea del Norte ceda a la presión aumentando más la presión, táctica que no está dando ningún resultado sino todo lo contrario, la crisis paulatinamente sigue en aumento y las posibles soluciones  son cada menores y más complicadas. El diálogo y la negociación como vía para resolver conflictos entre ambas partes y que tendría a la ONU como mediador (sin olvidar el fundamental papel de la República Popular China y Rusia como los países más afines y con más intereses en Corea del Norte) deberían ser la guía de este conflicto y no las sanciones que el pueblo norcoreano pueda sufrir, porque como afirma Amnistía Internacional en su informe, siempre serán los ciudadanos los que padezcan las consecuencias de las mismas, sanciones que no están dando el resultado pretendido de que Kim Jong-un entre en razón. La clase dirigente siempre tiene las espaldas cubiertas en estas situaciones y las sanciones apenas les afectan.