Viernes, 22 de septiembre de 2017
Las Arribes al día

Los quintos de 1952 en Valsalabroso

Hoy, 5 de agosto de 2017, nos reunimos en Valsalabroso unos cuantos jóvenes, ‘ya casi mozas y mozos’, a los cuales nos unen varias cosas comunes.

Una de ellas es que todos nacimos en Valsalabroso el mismo año, 1952. Que nazcan niñas y niños en un pueblo es un hecho natural, o mejor debería haber dicho, era un hecho natural.

Pero el elevado número de nacimientos que hubo en Valsalabroso en el año 1952 fue un acontecimiento excepcional. Porque no fuimos dos, ni tres, ni cuatro, que eran los nacimientos habituales de aquellos años en Valsalabroso, nosotros fuimos ¡19!. Esto supuso que ese año se multiplicara por cinco o seis veces el número de nacimientos en este pueblo.

De esos 19, uno no consiguió superar las primeras horas de vida, otra falleció a los dos años, pero los 17 restantes seguimos recordando y contando que hemos sido y será para siempre, la promoción más numerosa de Valsalabroso. ¿O es que alguno de nosotros no lo ha contado nunca? Yo lo he contado muchas veces.

En esos años las calles del pueblo eran de barro y rollos, no había luz ni agua corriente, pero había niñas y niños por todas las calles, plazas y rincones. Nosotros la promoción más numerosa, la del 52, pasamos los primeros años de nuestra vida jugando y corriendo por todas ellas.

Tampoco teníamos televisión ni teléfono ni móvil ni internet y, como no los habíamos visto ni oído hablar de ellos, pues no los echamos en falta. Y a pesar de todo no sufrimos ningún trauma psicológico, crecimos felices y recordamos esos años con añoranza.

Unos años después teníamos que ir a la escuela, como solo había una y éramos tantos, tuvieron que hacer otra, y separar a los niños de las niñas. Como entonces los niños además de ser niños éramos ‘caballeros’ cedimos la escuela y los pupitres nuevos a las niñas.

Allí nos enseñaron a leer, a escribir y algunas cosas más.

Además de ir a la escuela nos tocaba ayudar en casa, pasamos fríos, pues los sabañones en los pies, en orejas y en las manos eran frecuentes, y sufrimos calores, sobre todo en las tareas de la recolección o cosecha. Pero ninguno nos sentimos explotados, pues nos enseñaron y sabíamos que era necesario ayudar a la familia para salir adelante. Eso nos hizo fuertes y aprendimos que para conseguir algo bueno hay que esforzarse.

Pero tuvimos tiempo para jugar. Desarrollando nuestra imaginación creábamos nuestros propios juguetes, como muñecas de trapo, canicas de arcilla etc., etc. Juegos sencillos pero siempre compartidos con otros, como el salto de la cuerda, el burro, la jinca la mula... –los chicos, ¿os acordáis cómo se jugaba?–, las estampas, las canicas con bogallos, –me acuerdo cómo buscábamos los mejores bogallos en los robles.   

También aprendimos a bailar, porque los domingos y festivos teñíamos nuestro propio salón de baile, distinto del de los mayores y, por supuesto, nuestro propio músico.

Después llegó la hora de emprender caminos individuales, algunos lo encontraron aquí y otros decidimos buscarlos por diferentes partes del territorio español. Pero tras pasar unas cuantas ‘horas, días, bueno, realmente años’ y haber tenido tiempo para crecer y algunos para multiplicarse, muchos de los quintos de 1952 nos volvemos a reunir en Valsalabroso porque queremos mantenernos unidos y recordar los buenos momentos pasados en este pueblo.

Como tenemos la suerte de ser muchos, pues hemos elegido diversas profesiones y entre nosotros ha salido uno que es un amante y un artista con la piedra, –ese es Ángel–, que amablemente ha esculpido este monumento y ha grabado en él los nombres de toda la quinta del 52, para que la trasmisión de ese acontecimiento excepcional perdure en el tiempo y se recuerden los nombres de todos los que pertenecemos a ella.

Y ahora procedamos a la inauguración de este monumento.

¡Viva Valsalabroso! ¡Vivan los quintos de 1952¡

Enviado por Vicente Rodríguez