Lunes, 23 de octubre de 2017

Salamanca, asentamiento poético

Algunos recuerdos se guardan en cofres, secreteros o en algún cajón “desastre”. ¿Para qué? Dejémoslos fluir cual manantial de una fuente. Nuestro poema de hoy se mueve de lo personal en otra época a la actualidad. En lo personal, porque es un recuerdo imborrable de dos instantes felices de los primeros ochenta del pasado siglo, y de actualidad porque ocurrió en la Plaza de La Fuente, donde tantos años estuvo ubicada la Librería Hydria, morada de poesía que en estos días tristemente echa el cierre.

 

 

 

 

 

PLAZA

DE LA

FUENTE

 

 

La blanca luna de Madrid,

amiga de mis noches,

sin un porqué,

sin una ofensa,

se convirtió en luna gris.

 

Y en viaje con mi chica,

a Salamanca la blanca,

lo recuerdo tal que hoy,

desde la plaza La Fuente

se tornó verde esperanza.

 

Como propios en la noche,

extraños para Sinatra,

olvidamos el hotel

y aposentamos la plaza.

¿Nos dieron hasta las tres…?

“Sabina, ¡niégalo!, así no fue”.

 

¿Fue el hechizo del lugar

la “ese” de su calzada,

o el manantial de la fuente,

vetusta flor de ciudad

del frescor de Salamanca,

quien cautivó nuestro ser?

 

Sea por lo que fuere,

años después,

a la misma estancia,

a la misma luna,

me llevaban dos luceros

que daban luz a la plaza,

y como no comprendían

en mis tareas escribanas

el porqué de la jornada,

las lágrimas de La Fuente

destellaban en sus caras.

 

A besos me las comía,

y la luna emocionada

por regalo tan hermoso,

de príncipe travestida,

se comportó como padre

en las noches de mis niñas.

 

(Inédito)

 

Fernando Robustillo Rodela