Martes, 25 de julio de 2017

Como sutil caricia

Telaraña en la puerta principal del Cementerio de Aveiro _Portugal. Textos e imágenes: CBS 2017

Todo estaba en silencio. La puerta entreabierta del Cementerio de Aveiro, en Portugal, invitaba a adentrarse en él. Desde hace tiempo pintada con un verde nada esperanzador, descascarillado por el salitre, el sol, la dejadez y el olvido. Detrás, el bullicio de los niños en el parque. Arriba, las estridentes carcajadas de decenas de gaviotas volanderas y ante mis ojos, entre sus barrotes metálicos, la telaraña.  ¡Mal presagio! –pensé. Busqué a la tejedora sin éxito alguno. Imaginé cómo sería y en mi mente se dibujó el símbolo que porta sobre sí un insecto alado como la Esfinge de calavera, metamorfoseado para esta ocasión en incógnito arácnido emboscado, con sus ocho patas dispuestas a tejer sudarios en seda, blanqueados por la Luna llena que aparecía levitando por el horizonte. ¡Siempre la Luna!, la que inspira a los amantes, a los poetas, a los solitarios y es sábana de los sin techo.

Como sutil caricia

Mudo aguarda el silencio,

silente a cada instante,

con la guadaña en mano

ansía decapitar

el frágil aleteo

de a quien la vida otorga

anhelos, sueños, risas

y néctar por libar.

En su guarida acecha

el momento y la chance

de la sutil caricia

que trunque el despertar.

 

Inmerso en el misterio avanzo lentamente, atraído por un mar de lechos grises, bajo cipreses que blanden al cielo sus lamentos. De este silencio y paz se nutren líquenes que aguardan esponjar con lágrimas de ausencias.

¡Cuánto misterio habita entre las sombras!... Aquí, bajo mis pies, la tierra es campo de batalla en la cual, antes o después, todos seremos perdedores para hacer rebosar los cielos de estrellas. En este silencio la melodía de la luz se cobija bajo un tul monocromático de gris exacerbado.

Extasiado entre mausoleos, tumbas y singulares y estremecedores nichos que, a modo de sepulcros abiertos, invitan al visitante a adentrarse en ellos, intuyo una  presencia tras de mí. ¿La sombra de un ciprés?... ¿Tal vez de un monolito o una cruz?… ¿Alguien que –ajeno a mi devaneo-, persigue mis pasos sin yo haberme percatado?... Temeroso, me vuelvo. Levanto la mirada y, atónito, observo _a la vez que un escalofrío recorre mi cuerpo_, la sobrecogedora escultura realizada en bronce y que corona el enterramiento del Dr. Manuel Soares y familia, según figura en una de las dos inscripciones. Q.E.P.D.

Declina la tarde y el tañido de la campana invita a abandonar el recinto. Sobre los tejados las gaviotas continúan con sus estridentes carcajadas. Queda el recinto en silencio a mis espaldas y en la puerta principal la tejedora sueña con blancos sudarios maquillados al igual que la Luna.