Martes, 17 de octubre de 2017

Una mina bajo sospecha

La ‘bellotada antinuclear’ del pasado fin de semana en Retortillo, con varios centenares de asistentes, ha vuelto a poner de relieve la polémica del proyecto planteado en este municipio por la minera australiana Berkeley, constatándose que cada vez está encontrando mayor rechazo ciudadano, como se evidencia si echamos una ojeada a la evolución del asunto en los últimos meses en la prensa o las redes sociales.

Así, varios grupos políticos llevan planteando desde hace meses sus dudas sobre el proceso de aprobación de la declaración de impacto ambiental, sobre la que pidió su revisión en las Cortes autonómicas toda la oposición en bloque (esto es, PSOE, Podemos, C’s, IU y UPL), y la cual no prosperó por el rechazo del PP. Cabe señalar en este hemiciclo la labor que está llevando a cabo el procurador de IU-Equo José Sarrión, que es quien más iniciativas está planteando sobre esta cuestión.

A ellas, se suman las mismas sospechas sobre el proyecto planteadas en el Senado por Carles Mulet, senador de Compromís, que planteó una serie de preguntas al respecto en diciembre (a instancias del Colectivo Ciudadanos del Reino de León) y en febrero (a instancias de Stop Uranio), que aún están pendientes de respuesta por parte del Gobierno.

Del mismo modo, cada vez son más los colectivos que se suman a rechazar la mina de Berkeley. En este sentido, a los ya mencionados Stop Uranio (que lidera este movimiento) y Colectivo Ciudadanos del Reino de León, se suman el Colectivo Salamanca Antinuclear, Greenpeace, WWF, Stop Desahucios, Ecored, Comité Antinuclear, Ecologistas en Acción, o Banco del Tiempo, a los cuales habría que añadir las formaciones políticas que han mostrado ya su rechazo al proyecto, caso de PSOE, Podemos, C’s, IU, UPL, Equo o Compromís.

Y es que todo lo que rodea la mina de Retortillo parece envuelto en polémica. La tala masiva de encinas centenarias, respaldada por el permiso dado por la Junta para la tala de vegetación (aunque sin haber obtenido aún la licencia para abrir la mina), es un hecho que resulta doloroso e incomprensible.

Así, que se puedan talar miles de encinas, y convertir en una planicie un bosque centenario sin tener el permiso de inicio de actividad minera, supone una especie de ‘cheque en blanco’ dado por la Junta para el destrozo del medio ambiente de la zona, ya que si finalmente no se concediese la licencia definitiva de apertura ¿Qué pasa con todas las encinas arrancadas? ¿Quién deshará el daño causado?

Por otro lado, desde Berkeley se afirma que van a plantar seis veces más encinas de las taladas (¿Las plantará también si finalmente no se pone en marcha el proyecto por no obtener todas las licencias?), pero también es cierto que ninguna de ellas será centenaria y que, por tanto, conociendo el ritmo de crecimiento de las encinas, aunque así fuese se tardaría un siglo en tener un encinar parecido al actual.

Asimismo, la minera australiana actúa a través de una filial en España creada ex novo y exclusivamente para el proyecto de Retortillo. Este hecho hace que una duda planee sobre la posibilidad de plantación de nuevas encinas. Y es que ha habido numerosos casos de mineras que han talado, sacado el mineral y, cuando tocaba rehabilitar el medio, han declarado en quiebra sus filiales en el país en cuestión y se han ido dejando un erial detrás, con el dinero en los bolsillos eso sí. En este sentido, el hecho de que Berkeley haya creado una filial en España exclusivamente para el proyecto plantea una sospecha y un miedo más que fundado a este respecto.

Además, a todo ello hay que sumar los posibles riesgos para la salud o la fauna que podrían suponer las partículas expedidas al aire y a las propias aguas del Yeltes. Este punto ya ha sido advertido en un reciente estudio de la Universidad de Castilla-La Mancha, así como en su día para un caso similar por el Instituto de Salud Carlos III. Así, en el estudio sobre el proyecto de mina de Retortillo realizado por la UCLM se indica que “se ponen de manifiesto contradicciones y errores realizados en la evaluación de impactos y declaración de impacto ambiental”.  No obstante, sería interesante que el Carlos III hiciese también un estudio concreto sobre el caso de Retortillo.

En todo caso, cabe recordar que la vida útil proyectada para la mina de Retortillo es de apenas diez años, pasados los cuales y dejando a un lado los posibles alojamientos de trabajadores que pudiesen hacerse en el mismo por parte de Berkeley durante el periodo de actividad, el balneario de Retortillo tendría que echar el cierre. Por ello cabe ante todo hacerse la pregunta de ¿Y después de los diez años de vida de la mina qué? ¿Qué tendremos?

Por otro lado, no es la primera vez que, aprovechando la pasividad o ingenuidad de buena parte de nuestro paisanaje, se intenta poner en marcha un proyecto relacionado con lo nuclear en la Región Leonesa. Cabe recordar los intentos de implantar un cementerio nuclear en Las Arribes o en la Carballeda, que se toparon con una respuesta ciudadana inesperada para las autoridades.

A ellos se sumaría la central nuclear que se proyectó en Moral de Sayago, que se paralizó por la moratoria nuclear, y de la cual actualmente podemos ver su huella en varias construcciones de hormigón y áreas asfaltadas abandonadas junto a la presa de Villalcampo, ya que el medio natural no fue rehabilitado a su estado previo, algo muy ilustrativo de lo que puede llegar a ocurrir con el campo retortillano.

¿Será la mina de Berkeley en Retortillo un nuevo caso de lo que ocurrió con la central nuclear de Sayago? Todo parece indicar que sí, y que la mina no llegará ni a abrir, solo a destrozar encinas en sus pasos previos a la apertura. Demasiado peaje a pagar para una zona única como el Campo Charro.