Jueves, 14 de diciembre de 2017
Ciudad Rodrigo al día

35 minutos con Fernando Arrabal en el XVII Distrito de París

Ciudad Rodrigo Al Día estuvo en la casa parisina de Arrabal hablando de escritores, de los Borbones y de algunas cuestiones sobre Ciudad Rodrigo

Andreu Buenafuente tuvo el pasado martes a Fernando Arrabal en su programa en la cadena #0, mientras que el próximo lunes Arrabal estará en el programa Hable con ellas de Telecinco. Sin embargo, no es lo mismo que Mahoma vaya a la montaña que la montaña vaya a Mahoma, siendo muy diferente conocer al mirobrigense de adopción más relevante del siglo XX en un plató de televisión que en su propio territorio. Aprovechando un viaje a París, había que intentarlo. Desde luego que no fue una entrevista al uso, pero se consiguió.

La cita había sido fijada por Fernando Arrabal para las 14.38 horas del sábado 23, en plena sobremesa de Francia (allí se come entre 12.00-13.00 horas). Respecto a esa hora tan peculiar, había una teoría previa. En muchas viviendas de París, no hay un telefonillo clásico con los pisos, sino que hay un panel numérico para introducir un código que abre la puerta (o bien se puede acceder colocando el elemento oportuno sobre un lector magnético que hay junto a ese panel numérico).

El caso es que en la comunicación previa, Fernando Arrabal únicamente indicaba el nombre de su calle y el número del edificio, pero no el piso concreto, por lo que íbamos con la idea de que ese 1-4-3-8 era el código de acceso. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. En su caso sí hay un telefonillo clásico, con su nombre en el mismo, de tal modo que todo el mundo que pase por su calle puede saber dónde vive.

Esa calle está situada en el XVII Distrito de París (denominado de Batignolles-Monceau), cercano al límite geográfico de la capital francesa propiamente dicha. Resulta que París cuenta con una circunvalación, al estilo M-30 de Madrid, denominada Periférico. En este caso, la separación es muy escrupulosa: lo que queda dentro es París, mientras lo que está al otro lado del Periférico ya no lo es, aunque apenas haya unos metros de diferencia.

En lo que respecta al número del distrito, la capital francesa cuenta con 20 distritos (que abarcan algo más de 2 millones de personas), que se van distribuyendo como un caracol, empezando con el I Distrito (el del Louvre) en pleno centro. Como decimos, Arrabal vive casi en uno de los extremos del territorio propiamente dicho de la capital francesa.

Así se hizo

El contacto previo con Fernando Arrabal se estableció por correo electrónico. Cada año, el que fuera alcalde de Ciudad Rodrigo, Miguel Cid, tiene por costumbre felicitar por esta vía a Arrabal por su cumpleaños (en agosto), contestándole Arrabal con una felicitación ciertamente original que Miguel Cid reenvía a la prensa por si nos interesa para su publicación.

En uno de esos correos rebotados figuraba la dirección de Fernando Arrabal, por lo que el contacto se realizó directamente así, explicando llanamente que un periodista mirobrigense iba a estar por París unos días y que, ya que siempre ha seguido teniendo presente a Ciudad Rodrigo, sería un placer poder departir un tiempo con él.

El correo fue enviado ‘a las bravas’, desconociendo si Arrabal tiene alguien que gestione sus entrevistas, e incluso si iba a estar esos días por París. Pero el contacto fue positivo, contestando el propio Fernando Arrabal a primerísima hora del jueves 21 con la frase literal “… cuando la nada hace todo”, e invitando a acudir a las ya mencionadas 14.38 horas del ’23-VII-2016’ a la dirección que adjuntaba.

La visita a la casa de Fernando Arrabal no fue en solitario. El motivo del viaje del que esto escribe era visitar, con la excusa de la etapa final del Tour de Francia en los Campos Elíseos, a un amigo que trabaja en París desde hace tres años como informático para L’Oreal (este dato es central a la hora del encuentro), que por supuesto se apuntó a la experiencia de conocer a Arrabal en su propio hábitat.

Precisamente fue este amigo el que tocó el telefonillo por si contestaba alguien en francés, indicando el propio Arrabal que subiéramos al 4º piso. Tras observar junto a la puerta de entrada a su vivienda una enrevesada escultura con un indicativo de Arrabal sobre una mesa (evidentemente en el resto de pisos no había nada similar), el propio Arrabal fue el encargado de abrir la puerta.

El encuentro

Aunque apenas vimos la entrada y la salita adjunta donde nos atendió, se puede observar fácilmente, y como él mismo nos comentó, que la vivienda está repleta de todo tipo de objetos, destacando una mesita que había nada más entrar con armas y balas (se supone que de adorno), una peculiar versión del cuadro de La Última Cena (con Fernando Arrabal como Jesucristo acompañado de ilustres figuras), bastantes máscaras, una torre de tableros de ajedrez, todo tipo de cuadros pictóricos (incluido uno de La Maja Desnuda con serpiente incluida) o una colección de pegatinas en la parte trasera del gran portón de entrada a la vivienda.

Curiosamente, en su intervención en el programa de Buenafuente reprodujeron en plató algunos elementos de su casa, pero evidentemente el encanto es diferente al verlos in situ.

Tras invitarnos a pasar y a sentarnos, llegó el gran momento que nos descolocó. Recordando que veníamos a hacerle una pequeña entrevista sobre Ciudad Rodrigo y alguna otra cuestión, Fernando Arrabal nos dijo que en ese momento no tenía tiempo para entrevistas, y que prefería hacerla por Internet. Tras quedarnos con cara de ‘entonces hemos venido para nada’ (no era demasiado problema porque mi amigo vive muy cerca de Arrabal, y hasta habíamos ido andando), el propio Arrabal dio el siguiente paso ofreciéndonos tomar un vino -un rosado de la marca Mía- de los que tenía en la mesa (la misma que aparece en una de las fotografías correspondiente a una de sus felicitaciones de cumpleaños).

Sin entrevista como tal, sí que surgieron 35 minutos de charla con Arrabal, demostrando que lo que le gusta al fin y al cabo es conversar de lo que pueda ir surgiendo, lejos de preguntas establecidas. Sin ir más lejos, el pasado martes, cuando acudió al programa de Andreu Buenafuente en la cadena #0, el propio Buenafuente acabó tirando las preguntas que tenía preparadas viendo que no había manera de hacerlas.

El punto de inicio de la conversación con Arrabal en su casa de París fue en cierta medida ‘lógico’. Al explicarle que había aprovechado para establecer el contacto gracias a un correo de Miguel Cid (por aquello de mencionar a alguien conocido para todos como es el exalcalde de Ciudad Rodrigo), Fernando Arrabal se interesó por la vida política de la ciudad, preguntando por el destino de quién estaba de alcalde (Javier Iglesias), y por saber quién está ahora, incluido su color político (al conocer que es socialista dijo que se alegraba).

La dura vida de los escritores

A partir de ahí la conversación ya se convirtió en única. Conocido mi perfil periodístico, se interesó por las causas que tienen en París a mi amigo. Como comentaba más arriba, trabaja en L’Oreal, lo que dio pie a la conversación.

Resulta que, como nos explicó el propio Arrabal, la gran accionista de L’Oreal, Lilliene Bettencourt, entregó hace unos años una cantidad económica de relevancia (el 1% de su fortuna) al fotógrafo-escritor François-Marie Banier, a modo de mecenazgo, para que pudiera desarrollar su obra, algo que a Arrabal le pareció “magnífico”, ya que a los escritores “nunca se le ha dado” dinero. La decisión fue muy criticada por la familia de Bettencourt, viendo Arrabal estas críticas como “escandalosas”.

Arrabal “brindó” en su día por esa noticia, ya que los escritores nunca fueron famosos en vida, como André Breton, Samuel Beckett, o el filósofo Cioran (quién pidió a sus vecinos un espacio para dejar sus manuscritos, y los vecinos no se lo dejaron), y también otros artistas como Duchamp, concluyendo que “es muy raro, rarísimo, que un escritor viva de su pluma, no sólo en Francia, no conozco a nadie”. En este punto añadió que si un escritor vive bien, es porque tiene otras ayudas, como Sánchez Dragó en España con la televisión.

En torno a su situación, la considera “excepcional”, con una casa que no tiene ningún otro escritor, ya que por ejemplo los derechos de autor (mencionó a Alberti en este punto) son ínfimos, recordando lo que ganó en todo un año por este concepto André Breton. En todo caso, Arrabal también pidió en su día más espacio a los vecinos para guardar todas las cosas que le habían entregado en su vida (“me han regalado demasiadas cosas, desde Picasso a Dalí”). A diferencia de Cioran, él sí tuvo suerte y le cedieron una bodega.

Dalí apareció varias veces en la conversación, recordando especialmente cuando reunió a los 100 mayores hombres de ciencia del mundo entero en una gran conferencia en Cadaqués en la que se habló “del caos” (también mencionó este aspecto en la conversación en el programa de Buenafuente).

Los regalos y su relación con los Borbones

Como la respuesta de Arrabal al correo electrónico fue apenas una hora antes de arrancar el viaje a París, no hubo margen de maniobra, pero aún así le hicimos algunos regalos de Ciudad Rodrigo.

En primer lugar, le llevamos (con la idea de que se lo quedara si mostraba interés por él) el reciente libro de Memorias que ha escrito el que fuera alcalde de Ciudad Rodrigo, Miguel Cid, en el que aparece un par de veces Fernando Arrabal con fotografías incluidas, una de ellas bailando tras el pregón del Carnaval (en tono de broma dijo “qué bien bailo”). Por un lado, hablando de Miguel Cid, dijo que una vez le pidió un prefacio para un libro sobre el perdón y el arrepentimiento, sin que tenga constancia de su publicación.

En torno al libro de Memorias, Fernando Arrabal no se mostró muy convencido de la portada, en la cual aparece Miguel Cid con el Rey Don Juan Carlos (en la visita que el hoy Rey Emérito hizo a la ciudad en 1984), por considerarlas dos personas muy contrapuestas. En torno a Cid, alabó su papel: “representaba una fuerza en su región, en la ciudad y en la propia España”, mientras que sobre Don Juan Carlos considera que “representa más su hijo”, Felipe VI. A pesar de ello, explicó que él es la única persona a la que el Rey Emérito ha tratado de usted, considerándolo muy simpático y estando con él varias veces en su despacho.

Esta portada dio pie a hablar de la Familia Real, explicando que él y su familia han tenido una “relación especial” con los Borbones “por casualidad, como todo en la vida” ya que su hermano fue compañero de promoción del Rey Don Juan Carlos; y Felipe VI juró bandera al mismo tiempo que su sobrino en la Academia Militar de San Javier, siendo al aparecer grandes amigos en su día (su sobrino murió en un accidente, alabando Arrabal que el actual Rey le siguiera recordando posteriormente).

El segundo regalo era puro sabor de la tierra: unos patés de Ciudad Rodrigo que mi amigo suele comprar cuando viene por Miróbriga y que tenía en París para ‘consumo propio’, explicando a Arrabal las diferencias con el foie gras francés. Fernando Arrabal se quedó especialmente sorprendido con ese obsequio, y también le gustó bastante el tercer regalo, un dibujo panorámico de Ciudad Rodrigo –que había repartido el Parador de Turismo por su 80 aniversario-.

En esa panorámica, aparece el castillo de Ciudad Rodrigo, que tiene un significado especial para Arrabal, ya que aparece en una acuarela que pintó su padre mientras estuvo encarcelado por el franquismo, siendo “muy raro” que hiciese este dibujo, ya que su padre pintó principalmente a los condenados a muerte con los que estuvo encarcelado (así se sacaba un dinero). Asimismo, Arrabal explicó que el único recuerdo que tiene de su padre es de Ciudad Rodrigo, aunque pasó aquí muy poco tiempo (“un día, o dos, o tres”).

Precisamente, este es uno de los cuadros que Arrabal ha colgado en los últimos días en su cuenta de Twitter, a través de los cuales quiere intentar -aprovechando que ahí tiene centenares de miles de amigos- saber algo más sobre su padre, especialmente de unas acuarelas “sin sentido” que hizo el día antes de su fuga de la prisión de Burgos, sin que se volviera a saber nunca más de él. Arrabal esperaba que alguien le pudiera decir algo pero, mientras que a sus tweets teatrales sí obtiene respuestas, a éstos no le ha contestado nadie.

En el momento de la despedida, fue turno de las fotos, con otro punto curioso: Arrabal no quiso fotografías donde apareciera él solo, pero sí aceptó hacerse fotos con nosotros (de ahí que en la foto de portada no aparezca Arrabal en solitario). Respecto a ello, dijo algo así como que no tiene un sitio idóneo en la vivienda para hacer fotos, anunciándonos a raíz de ello la visita al programa de Buenafuente, que ya había sido grabada días antes. El propio Arrabal fue el encargado de nuevo de despedirnos en la puerta para cerrar una experiencia cuanto menos única.