Lunes, 11 de diciembre de 2017

Marcelino Legido (1935-2016). Filósofo, presbítero, profeta

Falleció el pasado 23 de julio,  su funeral se celebró al día siguiente en la Capilla Mayor de Calatrava, siendo después enterrado en San Esteban de Zapardiel (Ávila), donde había nacido el 9 de enero de 1935.

Llevaba un tiempo retirado, ha muerto consumido y consumado por el sufrimiento y la esperanza, por el amor, la penitencia y la ternura.

La imagen de sus últimos días de su vida recoge y refleja su hondura profética, su gran visión del futuro de la Iglesia, tras años de intensa batalla al servicio de los últimos, con los últimos.

Le conocí como filósofo, el año 1964/5, cuando él enseñaba como filósofo en la Universidad de Salamanca, experto en pensamiento griego, en antropología, en Unamuno… Era un joven profesor y yo estudiante, preparando ya una tesis doctoral sobre la Dialéctica del Amor en la Edad Media. Me atendió, me acompañó. Todos pensábamos que sería el gran filósofo de la ciudad universitaria de Castilla.

Era la joven promesa de Salamanca... Una promesa que cumplió con creces, pero de otra manera, en otro camino de vida y de Iglesia,
como presbítero rural, como profeta.

Renunció a la cátedra de filosofía en Salamanca y estudió teología, y se ordenó presbítero de la iglesia de Salamanca (al año 1970), siendo compañero y amigo de grandes pensadores, hombres de Iglesia, desde Setién hasta Freijo, desde Olegario Hernández hasta Fernando Sebastián.

Esperábamos que fuera el gran profesor de la Pontificia, hombre clave de la nueva Iglesia de transición de España. Pero dejó el camino del pensamiento teórico, de la Universidad, con la “carrera” de cargos en la Iglesia y se retiró al campo pobre de Castilla, donde ha sido por decenios animador de estudiantes, testigo de Jesús, promotor de una forma nueva de entender el ministerio eclesial y la presencia de los cristianos en el mundo.

Un camino en la tierra de Castilla, una vida con los pobres

Le conocí y le acompañé después cuando él era presbítero del Cubo de Don Sancho, cerca de la Raya de Portugal, donde realizó una gran labor profética, entre los pobres y al servicio de los pobres, pobres, en línea de compromiso personal y de iluminación intelectual, desde una perspectiva cultural, filosófica y teológica. Acompañé a algunos de sus estudiantes, como Benito (QEPD), fui con cierta frecuencia a dar cursos a los grupos de cristianos (pastores, leñadores, agricultores…). Con él aprendí algunas de las mejores cosas que he podido conocer a lo largo de mis años de profesor y cristiano.

Ha sido uno de los grandes testigos del cristianismo castellano (hispano) en la segunda mitad del siglo XX, un hombre que ha marcado de manera muy profundo la vida de la iglesia de Castilla, desde la perspectiva rural, a favor del campo abandonado… en el pueblo y fuera del pueblo, dando cursos de diverso tipo (desde Villagarcía de Campos hasta San Sebastián), siempre a ras de tierra, siempre con su gente, sin abandonar nunca la parroquia rural donde, año tras año, venían y compartían su camino estudiantes y teólogos, deseosos de una presencia más intensa de Jesús en el mundo rural de Castilla.

Una profecía hecha vida, una esperanza

Había estudiado y enseñado en la Universidad de Salamanca, había estudiado en Alemania, compartiendo la vida con los emigrantes. Era uno de los mejores conocedores del pensamiento de Platón y de San Pablo, sobre el que escribió algunos libros ejemplares, que siguen siendo de referencia para los estudiosos.

Su tesis doctoral en teología se titulaba: La iglesia del Señor: un estudio de eclesiología paulina (Salamanca 1978), un libro clave, imprescindible todavía. Sobre ese tema escribió otro libro, titulado: El evangelio de Pablo: esbozo de la teología paulina (Salamanca 1977). En ambos libros, especialmente en el primero, ofrece una visión de conjunto de la tradición de Pablo (fijándose de un modo especial en Efesios), para vincular el misterio de Cristo con su presencia en los pobres, la mística del cuerpo de Cristo con la mística del cuerpo social, desde los últimos del mundo.

Ha escrito también otros libros en los que ha desarrollado su experiencia cristiana, desde la perspectiva de los pobres: Evangelio a los pobres (Salamanca 1987); Luz de los pueblos (Salamanca 1993). Pero el más importante de todos ha sido y sigue siendo: Misericordia entrañable: historia de la salvación anunciada a los pobres (Sígueme, Salamanca 1987)

Este último es un libro ejemplar en el que pueden encontrarse las más hondas experiencias y desarrollos sobre la misericordia, en este año 2016, de la misericordia…

Quiero citar también sus libros ilustrados, al modo de las Biblias de los pobres, libros caligrafiados, con espléndidas imágenes, en los que se exponen las claves del camino cristiano. Entre ellos destaca Evangelio a los pobres (Sígueme, Salamanca 1987), en colaboración con Ramón Martín y Eloy Arranz

Sería preciso hablar más, pero bastará con esto, para recordar a uno de los hombres más importantes de la iglesia castellana de los últimos cincuenta años. M. Legido ha sido y sigue siendo una de las voces proféticas más honda del cristianismo hispano, en el último tercio del siglo XX. Desde hace algún tiempo vivía retirado por enfermedad, en la Casa Sacerdotal de Calatrava, Salamanca.

Testimonio del filósofo Carlos Díaz: M. Legido: Uno de los nombres más importantes de los últimos tiempos

Para mi fortuna cuando yo llego a la Universidad de Salamanca ((1963?) , donde coincidían los mejores maestros de España por aquella época, me encuentro con Marcelino Legido, que fue mi profesor de filosofía en el primer año. Un hombre excepcional vital y reflexivamente, que luego se hizo sacerdote. Su Tesis Doctoral de Filosofía versó sobre el demiurgo en Platón, y la Tesis Doctoral de Teología sobre la iglesia en San Pablo. Yo fui a la filosofía a través de las personas, a través de Marcelino Legido en este caso.
( http://salamancartvaldia.es/not/61847/carlos-diaz-el-filosofo-personalista-comunitario-que-aprendio-en-salamanca- )

–Sin embargo, en tus escritos, nunca pierdes el respeto a la Iglesia.

–Toda la gente de la derechona católica, todo el Opus, mucha gente, piensa que yo no soy católico. También en Alfa y Omega me prohibieron escribir aunque al principio me pedían artículos como si yo fuera Séneca. Poco a poco, se fue estableciendo una situación de desconfianza con respecto a mí hasta llegar al ninguneo absoluto. En San Dámaso Rouco me quitó la venia docendi.


–¿Cómo fue eso?

–Yo a Rouco lo conocía de Alemania, en Munich, cuando yo hacía mi tesis sobre Husserl. Allí coincidí con él, con Mariano Álvarez y con Marcelino Legido, uno de los nombres más importantes del cristianismo de los últimos tiempos. Era catedrático de filosofía en la Universidad de Salamanca, allí lo conocí yo. Había hecho su tesis doctoral sobre el demiurgo en Platón. Después se hizo sacerdote y se fue a Alemania.

Ante él Hans Küng y muchos otros inclinaban la cabeza y decían Herr Professor. Era un hombre de una gran altura intelectual, que hablaba griego clásico. Él se hizo cura para servir a Dios y a Cristo en los pobres, y en Munich decía misa a los emigrantes, entre los cubos de la basura. A mí esa experiencia de la emigración y de los pobres me marcó toda la vida.

Mounier, sin Marcelino Legido, habría acabado en mí en un mounierismo más.

Rouco, por el contrario, era un señorito divino que iba siempre tieso, con su clergyman, que estaba con sus monjitas, estudiaba derecho canónico y acudía a los conciertos de la Hören Saal. Lo primero que hizo al venir a España fue quitarme la venia docendi.

–¿Qué línea profética se podría seguir por parte de un auténtico católico con respecto a la Iglesia?

–Pues la de sufrir. O sea o Lamenais o Lacordaire. El uno que se va de la Iglesia dando un portazo y el otro que se queda como San Francisco. Bastante mierda se ha arrojado ya a la Iglesia como para seguir insistiendo, ¿a quién beneficia? Mi contrapartida fue esa opción de callarme, aunque cada vez me sienta más a disgusto teniendo que tragar...

Supongo que tú que criticas a los católicos no practicantes, serás practicante.

–Sí, aunque durante muchos años he arrastrado una educación religiosa llena de miedos y con la vigencia de un Dios castigador, que era lo que me transmitió mi madre. Me sentía culpable no solo de lo que hacía yo, sino también de lo que hacían los demás. Estuve muchos años sin poder acercarme a comulgar a causa de mis escrúpulos y de mi estado límite de padecimiento mental. Y eso, de repente, se transformó al encontrar a Marcelino Legido que me orientó hacia la lucha, hacia el cambio interior, hacia Dios. Esa evolución traumática de mi fe la he relatado en un libro, Para venir a serlo todo.
( http://www.elciervo.es/index.php/archivo/3105-2013/numero-740/2113-carlos-diaz-mounier-ha-sido-mi-padre )

Publicaciones

Artículos de revistas

 Interpretaciones de la Eclesiología Paulina y su contexto histórico (1830-1965),
Salmanticensis 22 (1975) 417-455

 Perspectivas sobre la comprensión paulina de la historia salvífica (1893-1972)
Salmanticensis 22 (1975) 5-24

 La iglesia entre la comunión y la tentación. Análisis exégetico en torno a Ef. 2, 5-7
Salmanticensis 18 (1971) 205-232

 La meditación sobre la esencia de X. Zubiri. El hombre de carne y hueso (estudio sobre la antropología de D. Miguel de Unamuno)
En Unamuno a los cien años estudio y discursos salmantinos en su centenario, Salamanca 1967,. 29-58

Libros

 Luz de los pueblos
Ediciones Sígueme, 1993

 Misericordia entrañable: historia de la salvación, anunciada a los pobres
Ediciones Sígueme, 1987.

 Evangelio a los pobres
Marcelino Legido López, Ramón Martín, Eloy Arranz
Ediciones Sígueme, 1987.

 Fraternidad en el mundo: un estudio de eclesiología paulina
Ediciones Sígueme, 1982

 La iglesia del Señor: un estudio de eclesiología paulina
Marcelino Legido López
Universidad Pontificia de Salamanca, 1978.