Martes, 12 de diciembre de 2017

El "guernica" de Niza

Después de los acontecimientos conocidos mundialmente, pudiera parecernos una premonición la visita que realizamos el sábado al Museo Reina Sofía de Madrid. Y esa enésima cita, programada con bastante antelación, quién iba a imaginar que sería diferente: allí, nuestros ojos no sólo iban a encontrar el “Guernica” de nuestra guerra, sino a los recientes guernicas de Niza o Turquía.

    Fue el toro de Niza tal animal que con los ojos abiertos echaba derrotes a izquierda y derecha sin piedad. Nos cuesta situarnos en la piel de un psicópata, pero si alguna vez hemos pensado cómo actuaría un loco en su máxima locura, siempre nos saldría la imagen de un individuo que con ojos cerrados y en línea recta, cuan toro saliendo de chiqueros, se echara en tromba como si portase una venda.

Nunca, a no ser que estemos ante el toro picassiano, pensaríamos que algunos animales, como el de Niza, saldrían con ojos abiertos y en zig-zag trazando círculos de muerte. Pero se ha dado. En su desprecio hacia el ser humano, no discriminó entre quienes corren más o menos: hombres o mujeres, viejos o niños, impedidos o atletas. De ahí la grandeza del cuadro de Picasso, que en su genialidad supo hacerse eco de esos toros mal criados.

El “Guernica” representa una locura o todas las locuras, ya sean por tierra, mar o aire; así lo concibió el pintor malagueño. Una pléyade de bocetos acompañan al cuadro en su aposento del Reina Sofía: son el transcurrir de los ensayos que conformaron la pieza final. Ese esfuerzo artístico en Picasso, sólo comparable a los “Fusilamientos del 3 de Mayo”, de Goya, símbolos ambos de destrucción y muerte en las guerras, no cabe en cabeza sana que pudiera hacerlo realidad una persona en sus cabales, por mucho fanatismo y odio que engendrara su alma.

Es hasta paradójica la coincidencia preparatoria del autor de la masacre de Niza con el buen quehacer del gran pintor malagueño, pues como si de hacer bocetos de sangre se tratara, días antes el delirante endemoniado realizó visitas al escenario de su inhumana y atroz embestida para que su hazaña no la pudiera poner en riesgo un fallo de logística.

Pero dejemos a Niza enterrando a sus muertos y encontremos también en el cuadro de Picasso el “golpe” de Estado acaecido la semana pasada en Turquía. Lo podemos ver representado en ese caballo desbocado, sin el cabezal bordado por el pueblo, que siembra o llama a la muerte en una huida hacia ninguna parte. Algunos piensan en un “autogolpe”. Eso sí sería cruel. Esperemos que por el bien de las democracias, en plural, esto no sea cierto. Además, vamos a esperar que se aplique justicia, no venganza.

Todo lo dicho encierra el “Guernica”, cuya simbología no es otra que remover conciencias ante la barbarie, y lleva en su honor como emblema el haber sido el cuadro más viajero del mundo. Y quizá hoy, “ya cansado de tanto batallar”, no admita ningún traslado más. El deseo de Picasso de ver su obra en España cuando nuestro país disfrutara de una democracia, él no lo pudo conocer, ya que falleció el 8 de abril de 1973. Su aspiración se hizo realidad el 10 de septiembre de 1981; primero, hasta el 26 de julio de 1992, quedó expuesto en el Casón del Buen Retiro de Madrid protegido por una urna de cristal, y ya sin urna, desde esa fecha, luce en el Museo Reina Sofía de la capital de España.

Por último, sólo nos queda recomendar las distintas exposiciones que durante estos días se exponen en el señalado Museo. Y para no referirnos a todas, que por su calidad lo merecen, digamos que la más próxima a su finalización, 15 de agosto de 2016, es la del gran pintor cubano Wifredo Lam.

Si quieren y pueden, ustedes la disfruten.