Martes, 12 de diciembre de 2017

¿Por qué se divorcian las parejas mayores?

Por Juan Carlos López Medina, Presidente Nacional Asociación de Padres de familia Separados

Cada vez hay más parejas mayores que se divorcian. De hecho, un cuarto de los divorcios en la actualidad involucran a personas mayores de 50 años. Reflexionando sobre esta tendencia, se les pide a las parejas divorciadas que miren hacia atrás, hacia la vida que pasaron juntos, que reflexionen y que traten de entender por qué su matrimonio no pudo salvarse.

La tendencia es desconcertante. Muchas personas pasan años ansiando que llegue esta etapa de la vida. Se imaginan la paz y la tranquilidad, las cenas románticas en restaurantes libres de berrinches y vacaciones a lugares lejanos con los que en el pasado sólo podían soñar. No más idas frenéticas a la escuela, no más citas con el dentista, reuniones de padres ni perseguir a los niños para que hagan la tarea y se bañen. Suena bonito, quizás perfecto, pero…  ¿entonces qué fue lo que salió mal?

Las parejas que pasaron muchos años educando niños y trabajando duro en sus carreras durante la juventud, descubren para su sorpresa que no son las mismas personas que eran cuando comenzaron su travesía juntos. En la novedosa tranquilidad de la cena se sienten raro. El marido y la mujer, la mujer y él marido, se dan cuenta que la persona que está en frente les resulta extraña. A través del caos de los años de familia, a veces nos convertimos en personas diferentes. Despertamos una mañana, los niños ya no están y no reconocemos al extraño con el que compartimos la vida.

Los investigadores que estudiaron las tasas de divorcio en este período plasmaron los resultados de su estudio en un artículo científico denominado “El divorcio gris”. En éste reportaron que en 1990 menos de 1 entre cada 10 individuos que se divorciaba tenía más de 50 años. Casi 26 años después, el número saltó a 1 de cada 4. Si ponemos atención a las señales de advertencia podemos intentar al menos no ser parte de esas estadísticas.

Hay señales que ignoramos mientras vivimos “lo mismo de siempre”. Por lo general, no es un terremoto emocional devastador el que destruye repentinamente el matrimonio. En lugar de eso, se van formando pequeñas grietas alrededor que finalmente terminan por separar a los integrantes de la pareja. Los cráteres formados se vuelven una división demasiado grande. El matrimonio pasa a ser irreparable. ¿Cuáles son las señales de advertencia?

Alguno de los dos trata de acercarse al otro y transmite un deseo de compartir más tiempo. Él quiere salir más seguido. Ella dice que está demasiado cansada y que, además, no puede dejar a los niños solos de noche. Ella quiere conversar más y trata de comunicar sus miedos o frustraciones. Él dice que está todo bien, que no hay que preocuparse tanto y no la hace sentir escuchada. Estos son indicios que uno suele pasar por alto pero que se siguen repitiendo hasta que la persona se cansa y deja de intentarlo. Sin darnos cuenta entramos en un Alejamiento.

Cuando su pareja les pide que se entreguen física o emocionalmente, algunas personas se alejan en lugar de entregarse. Tanto al hombre como a la mujer les resulta más fácil descubrir caminos diferentes en los cuales encontrar un refugio seguro. Aquí hay algunas cosas de las que debemos cuidarnos: Trasnochadas por proyectos laborales, reuniones de colegas después de salir del trabajo, vernos absorbidos por un hobby o una actividad de recreación, el cuidado de los niños o de padres mayores, demasiadas horas en el gimnasio, eventos comunitarios o muchas relaciones sociales. Obviamente que todos necesitamos una válvula de escape y un espacio personal, pero cuando los usamos como un medio para alejarnos de nuestra pareja entonces el peligro para la estabilidad futura se hace obvio.

Con todo el estrés de la vida diaria, es fácil posponer la intimidad y el romanticismo. Las largas conversaciones sobre las cuentas, las escuelas y las dificultades con los niños se apoderan de nuestras conversaciones. Las caminatas sentimentales y el dulce diálogo entre el hombre y la mujer parecieran ser parte de una vida pasada. Después de años de vivir para los niños, volver a pasar tiempo en pareja puede sentirse extraño. Es común que el marido y la mujer lleven vidas separadas, cada uno dentro de su ordenador o su teléfono. El nido vacío se llena con silencio; no hay casi nada que uno pueda decirle al otro. Deben redescubrir la pasión.

 Y si cuidamos el jardín del amor desde temprano, los frutos de nuestros esfuerzos nos traerán alegría y satisfacción mucho después de que nuestro hijo menor nos diga adiós y seremos capaces de compartir la vida llenos de bendición.

Por Juan Carlos López Medina

Presidente Nacional Asociación de Padres de familia Separados