Miércoles, 13 de diciembre de 2017

La Poesía galopa el sentido

Para el destacado poeta brasileño José Eduardo Degrazia, “La poesía de Alfredo Pérez Alencart alcanza en estos poemas un voltaje que sólo los poetas madurados en los viajes interiores y exteriores consiguen llegar”
Julio López y Alfredo Pérez Alencart

Pido licencia a Cervantes, pido licencia al poeta Alfredo Pérez Alencart, para poner mi pie en el estribo de Rocinante y galopar por los verdes campos de la imaginación poética de este último poeta, que acaba de publicar ‘El pie en el estribo’, poesía quijotesca (¿y cuál no es?) que homenajea al inmortal Cervantes, o mejor, al imperecedero Don Quijote de la Mancha. Hace 440 años moría el manco de Lepanto, pero la lengua en la que escribió, y los personajes que creó, siguen influenciando benéficamente a los escritores de todas las edades, generaciones y latitudes. Alencart no teme todo este pasado y lo retoma, creando una obra original, que viene a ocupar un lugar importante en los festejos cervantinos.

Como decía Ortega y Gasset en su Meditaciones del Quijote: “No fue escrito el libro en el cual se demuestre pormenorizadamente que toda novela lleva dentro, como íntima filigrana, el Quijote; de la misma manera que todo poema épico lleva en sí, como fruto o semilla, la Ilíada”. La poesía de Alfredo Pérez Alencart trae dentro de ella todas esas vertientes, y de ellas se alimenta. Es épica y es lírica, es dramática y trágica. Es poesía que nos remite a la tradición en la medida que trabaja un texto clásico; y es original y contemporánea en la proporción misma de su forma y construcción, la que junta todo con la realidad del Autor es del mundo en que vive.

En un artículo reciente, el poeta colombiano Juan Mares dice sobre la poesía de Alencart: “La poesía amaina los temores a la muerte, da fe de su transcurrir ineludible y nos reconcilia con la vida como unidad social”. Acertadas palabras que vienen del Yo lírico más profundo, pero que se reconcilia con lo real, con la vida,  a través del héroe quijotesco y su saga voluntariosa en busca de la justicia y del bien. Poesía que encuentra en la búsqueda por la justicia, en el encuentro del amor y de la mujer, el largo camino donde se puede poner el pie en el estribo y cabalgar a través de los campos de la imaginación y de la realidad. Sobre la estructura formal de los poemas, remito a los lectores el texto Un poemario lleno de fortalezas, del mismo Juan Mares.

Ya en el inicio nos dice el poeta, lapidariamente, a qué vino:Fijo en el horizonte, / un sol de ayer / como fértil utopía”. El hombre Alfredo asume su persona quijotesca como poeta mirando al frente, aunque se sumerge en un sol de ayer donde está toda la aventura y utopía. La poesía así es futuro y pasado, es realidad y fantasía. Y la mirada del lector pasa de los poemas de la página izquierda hacia los poemas de la página derecha, como si cabalgase metros y medidas, textos y contextos. De un lado seco y metafísico; del otro corrientes y vida.

En el poema “1” continua el poeta dándonos las definiciones de su alquimia: “Poesía, epicentro del recuerdo / y de lo porvenir”.  Esta definición poética sobre el tratamiento del lenguaje debería estar, obligatoriamente, en todas las antologías que tratan literariamente este tema. Debe ser marcada a fuego sobre las maderas y mármoles. Debemos repetirla como los niños que antiguamente repetían el abecedario.

Y nuestros ojos van de un lado a otro, en un viaje posmoderno: pasamos de un texto a otro, de una forma a otra, de un sentir a un comprender sin que nos demos cuenta. O mejor, dándonos cuenta pero dejándonos llevar por la corriente de la aventura a donde el poeta nos conduce, como buen caballero que es: ora a trote, ora a galope, como en el poema X: “Ante mi cabalga un quijote cuya figura tiene de Sancho / Fuíme solo y volvíme acompañado”.

En la página de la izquierda nuestros ojos ya se posan sobre la sentencia en la que el quijote/o sancho ve con nitidez la opacidad de los intereses que mueven muchas veces, lamentablemente, este mundo. Poema “ll”: Alta fidelidad/  la del escudero o amigo/ que ve opacas/ las monedas del daño”. Necesitamos un Sancho Panza dentro de nosotros para no caer en la tentación de lo aparente. Sólo siendo sanchos, además de quijotes, podremos tener la real dimensión de lo que sucede a nuestro alrededor.

En el poema XVII entramos en otra parcela, la del amor pacificado y de la esperanza en la justicia: “Hombres que soñáis con el amor entre los labios / prométoles que habrá justicia si sabéis perdonar.” Y en el mismo poema nos permite la fiesta, la alegría en nuestra: “Hombres generosos   hay fiesta en los caminos.”

Casi finalizando el libro, pero remitiéndonos hacia una dimensión mayor de humanidad, el poeta en el texto “m” nos ofrece toda ventura/aventura de los caminos: “Tú solo posees / el mapa de un cuerpo”. En el Poema Final la llave de todo, la posibilidad de un futuro mejor para la humanidad: “Nuestro corazón ha visto un día futuro por el reino/ del recomienzo…”.

La poesía de Alfredo Pérez Alencart alcanza en estos poemas  un voltaje que sólo los poetas madurados en los viajes interiores y exteriores consiguen llegar. Poeta de América y de España, de la tradición y de la modernidad, Alencart es un hombre del mundo. Viaja en los caminos y en las letras y nos cuenta, en altísima poesía, todo lo que vio. Alencart es un poeta-quijote. Como todos nosotros.