Martes, 12 de diciembre de 2017

Encontrado el carné de reportero de la Guerra Civil de Antoine de Saint-Exupéry en el Archivo de Salamanca

‘Escribano y aviador’ son los dos oficios que aparecen en el documento depositado en la sección de la guerra del centro salmantino

‘Escribano y aviador’. Esos eran los dos oficios reflejados en el carné de reportero de la Guerra Civil de Antoine de Saint Exupéry, autor de ‘El Principito’, hallado en el Archivo de Salamanca.

Según publica el diario ABC, el nombre y la firma están en regla: Antoine de Saint Exupéry. Edad, 36 años. La dirección de su domicilio de París tiene añadido entre paréntesis el Florida de Madrid, el famoso hotel de los corresponsales en la plaza de Callao, en el que el famoso escritor pasó muy pocas noches, junto a Enrst Hemingway y Martha Gellhorn, Robert Capa y Gerda Taro aquel abril de 1937. Vino para cubrir el asedio de Franco a la capital, para contar aquel Madrid duro como un yunque bajo las bombas incesantes y encontrar, como dejó escrito en sus emocionantes crónicas en «Paris-Soir», un sentido a la vida de los hombres.

El periodista del periódico de Vocento Jesús García Calero señala que hay un detalle muy curioso que contiene este carné buscado por los especialistas y que fue encontrado en el Archivo salmantino por el investigador Policarpo Sánchez: la Secretaría de Propaganda de la Junta de Defensa de Madrid, que acreditaba a los reporteros de guerra, consigna a Saint-Exupéry como «escribano y aviador», sin duda una traducción deficiente del «écrivain et aviateur» que el autor debió indicar al funcionario al cargo.

De acuerdo a la información publicada por Abc, esta pequeña cartulina amarilla, de 9 por 12 centímetros, con la foto perfectamente conservada y adherida en el reverso, estaba perdida. Nadie la había visto desde que se creó el Archivo de Salamanca porque no se había guardado donde debía: la caja 1870 de la Sección Político Social. Allí, en esa caja, hay 502 fichas de reporteros, aunque el registro de fotógrafos habla de 716.

Policarpo Sánchez se lo encontró en otro lugar, y casi por sorpresa. Este investigador, que durante los últimos años ha tenido un gran perfil público como presidente de la asociación Salvar el Archivo de Salamanca, estaba buscando información sobre el cine en la guerra civil por diferentes legajos.

Un puñado de carnés en un archivo permiten evocar aquella realidad. El propio Saint-Exupéry llegaría a alistarse como piloto de reconocimiento durante la II Guerra Mundial, algo que también a él, aceptado el riesgo de morir, le costaría su propia vida en julio de 1944.

Carnés de artistas y escritores

Policarpo Sánchez se encontró entonces en una de las cajas, la 1870 de la Sección Político Social, con los carnés de Capa, Taro, Alberti y muchos otros periodistas. «Vi esa caja cerrada hace años, tal y como estaba desde 1939, con cuerdas de esparto y tapas rojas. Ahora ya está bien colocado todo, con los carnés en orden alfabético», comenta. El investigador recuerda la emoción con la que manejó aquellos documentos.

Pero faltaba lo mejor, porque allí no había ni una huella de Saint-Exupéry. Su carné perdido ha sido buscado durante décadas. «Fue dos o tres años después cuando encontré el documento. Estaba repasando otras cajas, por si tenían material de mi interés, cualquier cosa sobre fotografía, cuando lo vi. No me lo podía creer», relata Sánchez. El carné estaba en el lugar exacto en el que ha estado desde la Guerra Civil, en una caja equivocada de la sección Político Social de Madrid con el número 2361, en un legajo –el 2976– que contiene documentos del Frente Popular de Madridejos, Toledo.

¿Por qué acabó en ese lugar? «No lo sé –responde el investigador– pero es magnífico que, a partir de ahora, gracias a la existencia del Archivo, cualquiera puede consultarlo, con un D.N.I., porque es patrimonio del pueblo español, como todos los documentos relacionados con la guerra, que nos hablan de los hechos tal y como fueron y que han permitido otorgar derechos y pensiones a personas igual que impiden que la historia se cuente sin ellos. Quienes tienen interés en inventar otra historia preferirían ver el archivo disuelto», asevera al periódico ABC.

Uno de los datos que confirma este importante hallazgo del carné es que Saint-Exupéry sí pasó por el hotel Florida, de la plaza de Callao. El mítico establecimiento, en el que convivían las estrellas del periodismo del momento, estaba muy cerca de Telefónica, desde donde todos transmitían sus crónicas de guerra a todo el mundo. Hemingway, Capa, Gellhorn, Dos Passos y toda la troupe se sentían cómodos, casi a salvo de los obuses, que caían cerca del hotel a veces, y bien servidos por Cristóbal, el conserje.

Iban y venían del frente y comentaban el curso de la guerra. Vivían una vida acelerada de largas noches en vela, amores más o menos furtivos y mucho alcohol. En sus horas libres recorrían los bares de la Gran Vía: el Miami (con buena música de jazz), el café Molineros, el Aquarium y, sobre todo, Chicote, el favorito de Hemingway, donde una estadounidense que trabajaba en la oficina de prensa llegó a hacer un streaptease, tal y como relata Amanda Vaill en «Hotel Florida» (Turner).

A Saint-Exupéry no le gustaba nada ese ambiente y por ello pasó muy pocas noches con ellos. Pero estuvo el tiempo suficiente para quedar inmortalizado en bata de seda azul, la madrugada del 22 de abril, cuando dos obuses impactaron contra los muros del hotel y los huéspedes se reunieron en el vestíbulo, al que acudieron tal y como estaban. El autor de «El Principito» repartía pomelos a las señoras que bajaban la escalera, mientras el resto calmaba los nervios como podía.