Sábado, 16 de diciembre de 2017

Cuando la casta eran los otros

Está visto que nuestro sino es la falta de descanso. Los políticos nos dieron las Navidades y ahora, no lo duden, nos van a dar el verano.

       Es muy fácil decir: “porque quieres, pues yo me voy a Benidorm y santas pascuas”. Y no, amigo, aparte de que no todos pueden ir de vacaciones, a ver cómo dejas tú el smartphone o la tablet en la puerta de la playa. Llegas allí y a pesar de los buenos propósitos, al segundo día reproduces sin querer las preocupaciones que traes en el equipaje.

Hoy, 5 de julio, quinto día a la parrilla, te enteras del análisis de Podemos sobre sus malos resultados y te extraña que aún sigan pensando que la casta son los otros. Pero como no queremos alargarnos, resumiremos su análisis en la frase “no nos han votado por miedo”, y como tenemos tan cerca el viaje de llegada, eso es tan absurdo como correr a 200 Km/hora y echarle la culpa a la Dirección General de Tráfico. ¿Miedo a qué? ¿A que no le hayamos comprado esos viejísimos mítines copiados de la viejísima política y que estaban justificados en épocas de analfabetismo?

No, Pablo, no ha sido miedo, ha sido la sonrisa irónica de unos parados cinco estrellas, muchos con un par de másteres, que han asistido insólitos a una permanente sucesión de ocurrencias. ¿Dónde habéis dejado la coherencia del 15-M y de su mentor en España? ¿Por qué habéis olvidado tan pronto a José Luis Sampedro? ¿Para qué os iban a votar? Con vuestros cambios de sentido, ¿qué ibais a hacer con sus votos?

Ni de vacaciones podemos sustraernos a unas cuantas preguntas que sólo se pueden responder con rosas llenas de espinas como “la sonrisa del destino”. ¿Era necesario apoderarse de la labor de Zapatero, baluarte del partido adversario, después de vapulearlo por el famoso artículo 135 y hacerle causante de todos los males que generó Lehman Brothers? ¿Se puede volver a pedir el voto de la transversalidad a los desencantados del PP para después mezclarlos con los comunistas? ¿No es muy atrevido pactar con los comunistas y después hacer el pregón de la socialdemocracia?

¿Cómo podían traducirse en votos estas alucinaciones? Imposible. Te das un chapuzón para bajar la temperatura de la zona alta y vuelta a la crítica de la falta de autocrítica: ¿Dónde está hoy la sonrisa de Podemos? ¿No está la sonrisa de Podemos en los labios de Rajoy? Desde luego muchos trabajadores no pueden celebrar la aparición en la izquierda de un partido que la fracciona y que fue capaz en marzo pasado de dejar gobernar otros cuatro años a Rajoy con tal de no prestar sus votos al Partido Socialista.

Ahora, después de los malos resultados del 26J, Pablo Iglesias nos dice que no hay prisas. Su ejemplo es Allende, “quien llegó al poder después de intentarlo cinco veces”. Éste sería un modelo si sólo se pretendiera llegar al poder y morir como un héroe. Pero eso ni el propio Allende lo tuvo como meta. Aparte que nosotros, los españoles, no queremos mártires, sino políticos que vengan a sumar empapándose de los problemas de las clases bajas y medias y les den una solución estructural y para siempre.

Vaya, pasa el de los helados, los niños te lo recuerdan y tú también tienes tus debilidades, ¡qué le vas a hacer!, entras en el juego y tomas un almendrado que te endulza el paladar y hasta ves las cosas de manera más positiva. Así, nadie debe dudar del papel de Podemos como un placebo de esperanza que durante la crisis ha ayudado a canalizar la desesperación de muchas personas. Pero hoy no podemos decir lo mismo. Hoy pensamos que entrar en política para esto, mejor hubiera sido participar como una ONG al grito de “Sí se puede”.

Suerte en el futuro a los más de cinco millones que les han votado.