Miércoles, 13 de diciembre de 2017

"Cuando viajas a sitios realmente necesitados, te das cuenta de todo lo que queda por hacer"

Se encuentra en Medellín en un momento histórico, tras la firma de los acuerdos de paz entre el Gobierno y las FARC, para rodar un documental sobre el trabajo que realizan los Salesianos con los niños desvinculados de los grupos armados
Alberto López, en el centro, junto a algunos de los jóvenes con los que los Salesianos trabajan en Ciudad Don Bosco

"Cuando viajas a sitios realmente necesitados, sin agua potable, sin electricidad nada más que unas horas al día, con menores que, con suerte, comen una vez al día… y ves la alegría y el optimismo de los misioneros te das cuenta de lo realmente importante y de todo lo que queda por hacer, pero sobre todo, comprendes que no hay mal en el mundo que el amor no pueda curar". Es el testimonio de Alberto López Herrero, periodista salmantino del departamento de Comunicación de Misiones Salesianas, que se encuentra estos días en Medellín (Colombia), en un momento histórico, tras la firma de los acuerdos de paz entre el Gobierno y las FARC, para rodar un documental sobre el trabajo que realizan los religiosos de esta orden con los niños desvinculados de los grupos armados.

Vinculado desde niño al ambiente salesiano, López ha sido voluntario y cooperante en Bolivia, Venezuela, Paraguay, Perú, Argentina y Brasil. En marzo y abril de 2015 estuvo en Sierra Leona y en Liberia para comprobar el trabajo que los misioneros salesianos realizaban con los niños que habían quedado huérfanos por el ébola.

En marzo pasado viajó a Medellín para conocer la labor de los Salesianos en Ciudad Don Bosco. Fruto de aquel viaje es el rodaje, estos días, de un documental de Misiones Salesianas sobre los menores desvinculados de los grupos armados que atienden los Salesianos y que se estrenará en febrero de 2017. Estas son sus impresiones:

Día 1, la paz no entiende de vacaciones

En Ciudad Don Bosco parece que nunca hay vacaciones. Como su nombre indica, es una ciudad en la que siempre hay chicos de un lugar para otro a sus clases técnicas, jugando en las canchas deportivas o haciendo talleres al aire libre. Puede haber profesores, administrativos, trabajadores sociales… que disfruten de sus periodos reglamentarios de vacaciones, pero Ciudad Don Bosco no se detiene nunca porque los menores, adolescentes y jóvenes a los que atiende necesitan toda la atención del mundo.

Hace más de un siglo que los Salesianos llegaron a Medellín y desde entonces su preocupación por los menores y jóvenes más desfavorecidos no ha cambiado. Hace 50 años Ciudad Don Bosco se instaló en una de las zonas altas de la ciudad, en el barrio Aures, y allí, con más de medio centenar de hectáreas atiende, in situ o en otras partes de la ciudad, más de media docena de programas de protección y prevención destinados a la infancia y juventud en riesgo.

Uno de los programas de protección más destacados de Ciudad Don Bosco, por su relevancia social y por su trascendencia, es el que se realiza en el CAE (Centro de Atención Especializada): Construyendo sueños. Está destinado a chicos de entre 14 y 18 años. Es un internado mixto para los menores desvinculados del conflicto armado.

Con capacidad para 75 menores, el programa, que tiene 14 años de vida, trabaja en la prevención al reclutamiento posterior, algo que también se hace en otros programas, a la vez que los menores superan los traumas vividos en los grupos armados durante el conflicto, se acercan a la educación hasta que consiguen un buen nivel académico y aprenden un oficio para tener oportunidades de futuro al margen de la violencia.

Colombia vive un momento histórico por la firma de los acuerdos de paz entre el Gobierno y las FARC y las conversaciones con el ELN. Ha sido medio siglo de guerra con más de 7 millones de afectados, más de 6 millones de desplazados y casi 200.000 desaparecidos.

Día 2, ¡Malditos guerrilleros!

La paz no puede imponerse, requiere un largo proceso que va desde la sinrazón de la violencia, pasando por el sufrimiento del dolor hasta el diálogo, el perdón y la reconciliación… Los colombianos mejor que nadie saben de la primera parte de esta larga peregrinación hasta el cese de la violencia, de las armas, la petición de perdón y la convivencia en paz. La única diferencia respecto a anteriores ocasiones es que ahora la ven posible y cercana.

Mientras vamos desde el aeropuerto hasta Ciudad Don Bosco charlo con James Areiza, coordinador de los Programas de Protección de Ciudad Don Bosco, hay una hora de camino, tiempo suficiente para ir conociendo las novedades del proceso que está viviendo Colombia estos días.

Me cuenta que siguen llegando chicos pertenecientes a las guerrillas al Centro de Atención Especializada (CAE) que dirigen los Salesianos. Ahora el centro ha pasado a llamarse CAPRE (Casa de Protección Especializada). Sin embargo, como la situación es cambiante por las negociaciones de paz, los que llegan ahora son o porque los ponen en libertad o porque logran huir.

"El otro día legó un chico muy bien vestido que había huido del ELN. Entre sus pertenencias traía 200.000 pesos colombianos (alrededor de 200$), una inmensa fortuna para su edad que había conseguido de cobrar las ‘vacunas’ (extorsiones)”.

Los menores son los que mejor saben explicar lo que la paz puede suponer en sus vidas y para su país. Juan Sebastián García, un educador del CAPRE, cuenta las palabras de uno de los menores desmovilizados de los grupos armados sobre el significado del proceso de paz.

Día 3, La despedida de un hermano, antes de morir fusilado

Verú recuerda que desde muy pequeño se fue a vivir con su hermano, al que siempre admiró, a la calle, pero que jamás robaron ni consumieron sustancias psicoactivas (drogas) en esa etapa. Simplemente trabajaban en lo que podían para sobrevivir. Esa unión fraternal se acabó cuando cada uno fue llevado a un hogar y sus vidas se separaron. Años después se reencontraron y, como tantosmenores seducidos por un uniforme, poder, un arma y el dinero fácil de los grupos armados, entraron a formar parte de las FARC.

Fueron años duros de entrenamientos, disciplina, combates, emboscadas, guardias… y también de pasar hambre y, aunque nunca se mencione en los primeros lugares, también de falta de cariño y de causar dolor, mucho dolor, y de sufrir mucho internamente.

El hermano mayor de Verú siempre fue un alma libre al que le gustaba pasear por la selva, tener sus ratos para él y que no llevaba muy bien lo de acatar órdenes. Fue avisado varias veces y hasta le hicieron un consejo de guerra. Ésa fue su última oportunidad, porque la siguiente decisión no fue el castigo, ni la tortura, sino directamente el fusilamiento.

Verú recuerda la frialdad de la despedida de su hermano antes de serasesinado a manos de sus propios compañeros: "Nos dimos un fuerte abrazo y él simplemente me dijo 'cuídese, Chino. Chao'. No lo volví a ver más ni tampoco estuve presente en el fusilamiento".

"El comandante, en la siguiente formación, dio la noticia de su muerte ytodos me miraron al saber que yo era su hermano. Ese día todo cambió y dejó de tener sentido estar allí, así que empecé a pensar en huir".

Su vida dio un giro con aquella decisión, aunque aún tendría que andar varios días desorientado por la montaña y pasar mucha hambre hasta llegar a un lugar habitado, llamar a un familiar y entregarse a un batallón de militares que lo llevaron al centro que atienden los Salesianos en Medellín.

Desde aquel día, Verú es el protagonista de su propia historia y, gracias a su esfuerzo, ha conseguido ponerse al nivel académico de cualquier adolescente de su edad. En los últimos años ha pasado de creer, decir y defender que “un arma te daba la vida y no tenerla te la quitaba en cualquier momento” a contagiar su esperanza en el proceso de paz que vive el país porque, argumenta, “la paz empieza por uno mismo”.

Día 4, Juegos de niños para jóvenes curtidos en batallas reales

Traspasar las puertas del CAPRE (Casa de Protección Especializada) que losSalesianos tienen en Medellín supone entrar en la diversidad: allí conviven más de medio centenar de menores entre 14 y 18 años, chicos y chicas, negros, blancos, mestizos, indígenas… a los que les une una pesada mochila deexperiencias traumáticas relacionadas con la violencia y el conflicto armado de Colombia.

Todos han tenido un fusil en sus manos, todos han pasado frío, hambre, han sentido soledad, se han arrepentido mil veces de su decisión de alistarse con losgrupos armados… Los chicos fueron entrenados para infligir dolor, para matar, para descuartizar cuerpos sin miramientos… Las chicas saben lo que es desear morirse tras haber sufrido abusos de todo tipo y abortos…

Pero como es más lo que les une que lo que les diferencia, el trabajo de loseducadores, psicólogos y trabajadores sociales siempre comienza por el mismo punto: que se conozcan a sí mismos y que aprendan a quererse para poder mostrar cariño a los demás, porque llegan desubicados y sin haber disfrutado de la infancia ni del amor de una familia.

Entre las actividades que realizan en grupo semanalmente, sentados en un gran círculo en el patio del CAPRE y siempre con una gran participación, el otro día asistí a una que se titulaba Tu cuerpo. Más allá de la educación sexual que también reciben, perseguía que se conocieran más a sí mismos a través de un juego sobre cómo los veían los demás.

Una competición cambiando de pareja a piedra, papel o tijera y el que perdía tenía que imitar los gestos del otro como si fuera un espejo. Así de sencillo en la teoría pero a la vez tan complicado en el fondo, porque cambian sus rostros para hacer muecas, burlas, sonreír… y les obliga a pensar en cómo se comportan y a la vez en cómo son vistos por los demás.

De esta manera, poco a poco, y con terapias que para ellos son juegos inocentes, van aprendiendo a comportarse, a valorar la oportunidad que tienen por delante, a respetarse y, de esa forma también, a respetar a los demás y a corresponder al cariño que reciben.

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