Domingo, 17 de diciembre de 2017

El yerno perfecto

"Aunque no haya muchas razones para felicitarse por la repetición de las elecciones, quienes aún tenemos hijos en casa y con derecho a voto, estamos contentos porque se ha despertado el interés por la política dentro de la familia. Si hace unos años nos quejábamos por el desinterés de los adolescentes que se preparaban para votar por primera vez, ahora cerramos un curso académico donde la politización familiar progresa adecuadamente.

Con el PP y el PSOE, las familias de nuestra generación tenían dos opciones razonables. Este curso, la emergencia de Podemos y Ciudadanos ha complicado la deliberación. Nuestros hijos disponían de interesantes bibliotecas sobre la transición donde contrastar las buenas razones por las que había que votar a socialistas o populares. Incluso podíamos haberles contado de primera mano cómo se fraguaron determinados consensos. A la hora del postre comprobamos que se han complicado los argumentos cuando preguntamos: “¿A quién van a votar vuestros amigos?”
 
La respuesta es sencilla. Sus amigos dudan entre Podemos y Ciudadanos, como si fuera incompatible ser joven y votar al PSOE o al PP. Entonces, mirándonos con cierta complicidad, los padres nos preguntamos: ¿qué hemos hecho para que nuestros hijos terminen votando a estos amnésicos advenedizos de la política? ¿en qué hemos fallado para que Iglesias y Rivera hayan seducido a nuestros hijos?
 
De poco valen nuestros argumentos cuando les pedimos que revisen el programa, se informen con detalle y comprueben las tradiciones ideológicas de las que se nutren. Les llegamos a decir que además del liberalismo jacobino de Ciudadanos o del Eco-estalinismo bolivariano emocional de Podemos, se fijen en las virtudes personales, la coherencia moral y la trayectoria de estos figurines. Les aconsejamos que miren en las redes para comprobar no sólo lo que estos personajes han dicho o proclamado, sino lo que han hecho en los últimos años. Les pedimos que analicen algunos temas cotidianos como la factura del dentista, el retraso en la valoración de la dependencia de los abuelos, las ayudas a la maternidad para sus compañeras casadas que ya han empezado a trabajar, la calidad en los primeros empleos a los que ya tienen acceso, las dificultades fiscales o administrativas para montar un negocio propio, incluso el imposible acceso a la función pública de su propia generación.
 

La videopolítica ha conseguido que nuestros hijos no se orienten por razonables argumentos sino por ocurrencias epidérmicas, vibraciones emocionales y buen rollito televisivo. Lo saben quienes seleccionan las herramientas electorales, desde la retórica de las manos hasta la inocencia de miradas, sonrisas y poses. Lo saben quienes los colocan en el escaparate mediático con camisas blancas de domingo, vaqueros de marca y “dockers” de moda. Buscan meter en nuestra casa al yerno perfecto.