Viernes, 15 de diciembre de 2017

Salmantinos en Dinamarca

Por esas circunstancias que a veces se dan en la vida, en mi caso un congreso de Ingeniería en el que participa un familiar que no puede ser más cercano, un grupo de salmantinos y madrileños nos hemos puesto en ruta y hoy nos encontramos en Dinamarca, ese/este hermoso país con apenas cuatro por ciento de paro y una gran apuesta por los derechos sociales.

    Para quien se quiera escapar de tanta sinrazón como depara la campaña electoral que estamos soportando, en la que se habla muy poco de los problemas que atenazan a los españoles y mucho de cuotas de poder, huir de la presión televisiva que entra por las casas es un escapismo que en mi caso se da junto a una sirena tierna, delicada y no engañosa como la de Ulises, hablo de la sirenita, buque insignia cultural del país escandinavo.

Y aquí sí, en la ciudad de Copenhague donde me encuentro no se habla nada de nuestra campaña. Es más, después de las tres horas largas de avión, con la mirada puesta hacia abajo para mirar las nubes (Zapatero las contemplaba mirando hacia arriba) te da tiempo a pensar en la vulnerabilidad de lo humano y la relatividad de los sorpassos.

     Pero dado que serían muchos los que hubieran deseado gozar de este privilegio del que algunos disfrutamos, sólo puedo y debo pedir disculpas hasta de informar de ello. Y también hago saber que este disfrute no viene propiciado por ese clásico de poseer las rentas de dieciséis pisos como un Wyoming cualquiera, sino de todo lo contrario, pues un servidor estuvo a punto de marcharse a Laponia a consecuencia de aquella innombrable Reforma Laboral de 2012.

Sin embargo, dado que todos los españoles , ya hartos, no nos vamos a salir de España y dejar que los mítines se los den los políticos entre sí, seguros de que ya no nos pueden decir nada que no sepamos, desearíamos que sean ellos quienes se marcharan del país hasta el día 27, y con sumo gusto, creo, los españoles pagarían un viaje a Rajoy para que  viajara a Francia a ver la Eurocopa (¡cómo clavó el pronóstico de España contra Turquía cuando vio un micrófono cerca!).

Pero dejemos al presidente aparte, que él se encargó de decir el 20D a los cuatro vientos y hasta al Rey de que nadie le quería y me voy a centrar en los jóvenes, que no porque sean jóvenes haya que exculparles de sus responsabilidades e irresponsabilidades en la campaña. Por tanto, se lo han ganado a pulso, y por ese tan traído y llevado  sorpasso, último divertimento de campaña, llamémoslo así, a Pablo yo lo mandaría a Surennes, con lo que podría comenzar de nuevo la refundación del Partido Socialista, con la consecuencia de que tal gesta iría unida a mandar a Pedro a recorrer las casas del pueblo para tapar las imágenes de “santos” socialistas como Julián Besteiro, Indalecio Prieto, Tierno Galván, etc., todo antes de que Pablo volviera y se las llevase.

Y una vez dadas estas misiones a los del sorpasso, qué hacer con Albert Rivera. Esto es difícil. Se nos ocurre en este predicamento medio en serio medio en broma, todo ello para ir descargando adrenalina, que podíamos mandarlo al Vaticano para que blinde la Santa Sede y así evitar que el Papa termine dando la bendición a los pablistas, pues de todos es conocida la gran devoción del pablismo por el Papa, casi tanto como por Zapatero. Un hecho que me recuerda a algunos colchoneros de mi infancia, que para darle duro al Madrid se significaban seguidores madridistas, con lo que terminaban por decir: “yo soy del Madrid, pero reconozco que todos los madridistas son unos…”.  O sea, Papa y Zapa de usar y tirar.

Pero esto de mandarlos fuera en estas elecciones ya es un tanto precipitado, con lo que sólo debemos pedir  que no quede en el olvido si llegamos a unas terceras, pues los ciudadanos creo que hemos cumplido y cumpliremos  con creces si el número de abstencionistas es menor que el 20D; al menos los que están por aquí, cada uno con sus ideas, ya han resuelto ese deber cívico con su voto por correo.

Por último, aunque estemos prácticamente recién llegados, déjenme darles la primera impresión de Copenhague, una ciudad moderna y multicultural. Es más, estamos hablando de la ciudad de Europa con mayor número de habitantes por metro cuadrado y, sin embargo, a pesar de su dinamismo, lujosos edificios,  monumentalidad, esos canales robados al mar y orgullosos escaparates… parecería una contradicción si decimos que es un remanso de paz, y es así, pues esas calles espaciosas, ocupada en buena parte por sus bicicletas, ofrecen al visitante una sensación de bullicio civilizado que no es fácil de encontrar en otras ciudades europeas.

Tampoco podemos terminar este artículo si no nos referimos a la cultura, que en lo literario tanta notoriedad le ha dado  Walt Disney, el gran magnate de los dibujos animados, personaje que no sabemos si pisó en alguna ocasión suelo danés, pero ni  le hizo falta, ya que la gloria debe compartirla con Hans Christian Andersen, el auténtico padre del cuento, reverenciado por los daneses como si fuera su Shakespeare particular, autor de la Sirenita, Pulgarcito, El patito feo, Soldaditos de plomo y tantos otros.  

Ocuparía mucho espacio una pormenorizada información de estas minivacaciones, sólo nos queda decir que cualquier matiz político del presente artículo solo es achacable a la independencia de quien escribe, nunca de las personas que comparten la fotografía de portada.