Sábado, 16 de diciembre de 2017

De Domingo de Silos a Domingo de Guzmán

Los Dominicos están celebrando este año el octavo centenario de la fundación de su orden religiosa por Santo Domingo de Guzmán. Con ese motivo, los dominicos tienen concedido por el Papa un año jubilar con diversos beneficios espirituales. Y los mismos dominicos celebran diversidad de acontecimientos religiosos, culturales, musicales, etc.

Aprovechando la ocasión, y bajo la atención e ilustración del padre prior del convento de San Esteban de Salamanca y del historiador dominico padre Lázaro Sastre, veinte sacerdotes de nuestra diócesis hemos pasado tres días siendo enriquecidos con los conocimientos de la época de Santo Domingo y con la visita a los lugares dominicanos, desde Caleruega en la provincia de Burgos, donde Domingo nació, hasta Gumiel de Izán donde pasó varios años de su infancia con un tío, pasando por el monasterio de Santa María de la Vid, y la catedral de Osma, de donde Domingo fue canónigo.

La familia Guzmán-Haza poseía una torre defensiva y propiedad familiar en el lugar de Caleruega. La familia era de profunda religiosidad tradicional, tanto que todos sus miembros: padre, madre, y hermanos gozan de honores populares y oficiales de santidad.

Caleruega está próxima al monasterio de Santo Domingo de Silos, y allí acudía la madre de Domingo a pedirle al santo monje benedictino le concediera el favor de tener un hijo. El santo le hizo ver en sueños un perrillo que llevaba una antorcha en la boca con fuego ardiendo, y le inspiró que tendría un hijo fiel como el perro y que extendería el fuego de la verdad por todo el mundo. Cuando nació el muchacho, en agradecimiento, la madre le puso el nombre de Domingo.

Domingo estudió las primeras letras con un tío clérigo en Gumiel de Izán, y luego marchó a hacer teología en la Universidad naciente de Palencia. Se ordenó de sacerdote y llegó a ser canónigo de Osma. Los canónigos de esta diócesis y catedral tenían influencias de monacales y llegarían a regirse por la regla de San Agustín.

Con Domingo y su obispo, descubrieron algunos de los canónigos la importancia de predicar al pueblo, y especialmente a los herejes, sobre todo albigenses y cátaros, en Francia, a donde viajaría con bastante tiempo, centrando su trabajo y actividades en la ciudad de Toulouse o Tolosa de Francia. Así fue naciendo la familia religiosa de la orden de predicadores, como se la llamaría después. Santo Domingo creó primero un monasterio de monjas dominicas, y más tarde fue aprobada, en el año 1216, la orden de predicadores varones. A la muerte de Domingo el 6 de agosto de 1221, la orden dominicana contaba ya con ocho provincias y 60 conventos repartidos por toda la geografía europea.

Los frailes estudiaron desde el principio en las universidades más célebres de la época, como París, Bolonia o Salamanca. Y se dedicaron siempre a la reflexión, a la oración y a la predicación. Hasta hoy han mantenido ese estilo de vida inspirado por el fraile predicador Domingo. También vivían con espíritu de pobreza, lo mismo que los frailes mendicantes de San Francisco, que en principio no nacieron con una vocación tan orientada al estudio, pero que después tendría también un acercamiento a la vida intelectual de las universidades en algunos de sus miembros.

En Salamanca tenemos que estar agradecidos por las grandes aportaciones intelectuales y prácticas de los frailes predicadores. Dejando de lado su dedicación a la defensa de la verdad que les hizo estar íntimamente dedicados a la institución de la Inquisición, ellos fueron promotores de la ida de Colón en busca de las Indias, provocando de hecho el trascendental descubrimiento de América. Luego los dominicos serían los orientadores de las leyes de libertad para los indios, como en el famoso sermón de Antonio Montesinos en la isla Española, hoy República Dominicana y Haití, y luego con las leyes internacionales que, a partir de Francisco de Vitoria, dieron lugar al nacimiento del derecho de gentes que hoy ha terminado en la declaración de los Derechos Humanos.

Ellos han formado siempre parte importante de la vida de nuestra famosa universidad salmantina. Tenemos motivos de agradecimiento a los padres dominicos en nuestra ciudad y diócesis de Salamanca. Nos unimos a las celebraciones de su octavo centenario, y deseamos que sigan haciendo sus valiosas aportaciones entre nosotros por otros ochocientos años. Con la bendición y apoyo de Santo Domingo de Guzmán.