Sábado, 16 de diciembre de 2017

La Comunidad de Magdala y el Nuevo Colegio Apostólico de Mujeres Sacerdotes

D. Lemar, autora de esta obra, se llama Te. León y ha dedicado lo mejor de su vida a la promoción de las mujeres andinas y al desarrollo de programas de formación de comunidades de base en Europa. Ha defendido una tesis doctoral sobre el pensamiento de X. Zubiri y ha sido profesora de Teología Dogmática en una de las universidades más prestigiosas del mundo hispano.

Su obra (La comunidad de Magdala, Acibel, Sevilla 2007) se mueve entre la historia del siglo I d.C., la ficción y la utopía liberadora, relacionada con las mujeres, y su papel de agentes indiscutibles, silenciadas e invisibles, dentro de las culturas y las religiones (y en especial en el entorno de la Iglesia Católica). La obra tiene dos protagonistas:

‒ La primera es María de Magdala, discípula y apóstol de Jesús de Nazaret; ella es como “papa” de una iglesia animada por mujeres que han entendido mejor a Jesús; y a ella le sigue otra mujer, Raquel de Al-Laban, y después un buen grupo de mujeres, y algunos hombres, miembros de una Comunidad muy importante y casi ignorada de cristianos antigos. Esas mujeres (que forman laComunidad de Magdala), fueron al principio marginadas, luego perseguidas y, finalmente, olvidadas y desconocidas, logrando sobrevivir a pesar de ello hasta el día de hoy, en espacios que parecen marginales (¡pero no lo son!) dentro la Gran Iglesia.

‒ La segunda protagonista es Elvira Valero Acosta, una mujer de nuestro tiempo, andaluza por más señas, que entre el siglo XX y XXI recibe el encargo de tomar el relevo en la dirección de esa Iglesia de Mujeres, que han vivido hasta ahora en ocultamiento (¡el silencio nos hace fuertes!), para redescubrir un elemento fundamental de la palabra y mensaje de Jesús que había permanecido latente, para introducirlo de nuevo en la Gran Iglesia, que sólo así alcanzará su verdad.

Se trata, pues, de retomar el impulso de la comunidad de Magdala (=Magdalia) en las nuevas condiciones de la historia de la Iglesia, animada en esa línea, hoy (año 2016), por el Papa Francisco, algo que casi no podía ni soñarse el año 2007, cuando D. Lemar escribió su propuesta (=su apuesta de Iglesia). La postal de hoy tiene dos partes, como lo indica el mismo título:

a. La primera parte (Comunidad de Magdala), ofrece el resumen del “relato histórico-teológico” de D. Lemar, con los elementos básicos de su comunidad, y su programa de actualización de la Iglesia, desde María Magdalena. No se trata de crear una nueva jerarquía (de ordenar a las mujeres sacerdotes al estilo actual, compitiendo en ese plano con los varones ordenados), sino de cambiar desde María de Magdala (con el Discípulo amado) el tipo de estructura y misión de la Iglesia actual.

b. La segunda parte trata de Nuevo Colegio Apostólico de Mujeres Sacerdotes, formado por un Colegio Superior de Mujeres Jerarcas (con algún varón entre ellas). En principio, estas mujeres no tienen (que yo sepa) un programa unitario y radical de reforma de la Iglesia (como el de D. Lemar y su comunidad de Magdala), pero da la impresión de quieren empezar tomando el poder sacerdotal… (que las mujeres puedan ser jerarcas, obispos y papas, igual que los varones actuales, a su estilo). Después, cuando ellas sean de verdad sacerdotes operantes en la Iglesia ya se verá lo que pueden hacer.

Como verá quien siga leyendo, las propuestas de la Comunidad de Magdala y las del Colegio Apostólico de Mujeres sacerdotes son muy distintas... pero eso lo seguiré diciendo (si es que el tema importa) en los próximos días.

Para animar el diálogo he querido presentar una foto y programa de esas Mujeres Sacerdotes del siglo XXI, que corre por ahí en las redes. No sigo hablando de esas Mujeres Sacerdotes, pues se ha dicho ya bastante sobre ellas, en días pasados en diversos medios.
Dicen estar ordenadas obispos y presbíteros legítimos, por sucesión apostólica, y quieren ofrecer un camino y programa complementario de Iglesia, en línea de jerarquía, como verá quien siga leyendo. Buena semana a todos.


1. LA COMUNIDAD DE MAGDALA (MAGDALIA)

Esta obra quiere volver a los orígenes de la iglesia, múltiple y una, para recuperar el proyecto de Jesús, su verdadera historia, con Pedro y Pablo, con María, la Madre de Jesús y con Santiago, pero sobre todo con María Magdalena.

Su autores, D. Lemar (filósofa, teóloga, profesora de universidad…) logra descorrer el velo de la historia y ofrecernos un relato de lo que pudo haber sido (y de lo que puede y debe ser hoy) una comunidad donde se mantiene la experiencia de M. Magdalena (la primera creyente: Mc 16, 9), la iniciada en los misterios más hondos de Jesús (Jn 20, textos gnósticos).

Ella nos muestra, de un modo narrativo, que María Magdalena ha estado siempre y sigue estando en el fondo de los mismos textos católicos… Y así, de pronto, con gran sorpresa, descubrimos con admiración que la historia cristiana sigue abierta en un camino que nos lleva de Jerusalén a Magdala, para volver de Jerusalén/Magdala hasta el occidente del imperio
(Ilíberis/Hispania, el camino que trazaba Pablo en Rom 15), para volver de nuevo a los confines de la India/China, donde está Magdalia y de donde puede empezar de nuevo el mismo cristianismo (no otro cristianismo, no una pura iglesia paralela), enriquecido con María Magdalena.

La comunidad de mujeres de Magdala (Magdalia) está presidida por un friso de tres mujeres de ojos suplicantes y de velo blanco, con una cruz al fondo y el pez de Cristo en la base. Una comunidad-comunidad de tipo fraterno, sin jerarquías superiores:

1. Magdalia es un relato, que comienza en España y en el Himalaya y, pasando por Magdala, llega a Roma (¡donde parecen ir todos los caminos…). Es el relato abierto de una mujer (Magdalena) y de unas mujeres (las tres, las siete, las mil, las mil millones de magdalenas) que han hecho y seguirán haciendo el camino de Jesús de Nazaret y de su amiga María de Magdala. Un relato bello, en la línea de las Actas o Hechos de los Apóstoles, que ahora son Actas de Magdalena, Ester, Tecla, Egeria o Elvira. No es un libro de teología, pero es un relato que hace teología o, mejor dicho, hace iglesia, mi iglesia.

2. Magdalia es un lugar humano. Evidentemente, es Magdala, la ciudad física de Galilea, cerca de Tiberíades, sobre el lago, el poblado de la torre, la capital de la industria del pescado, ciudad de Magdalena y de las primeras seguidoras de Jesús, muy cerca de la colina donde las Comunidades Neocatecumenales han construido físicamente su ciudad, Domus Galileae, más cerca todavía del Monte de las Bienaventuranzas de Jesús. Pero Magalia no existe en los mapas, sino que ess un espacio y tiempo humano, el signo de una forma de vida, como Jerusalén y Vaticano, como La Mancha y Utopía, como Macondo y Obaba. Ha estado escondida en la historia de los hombres y mujeres (¡más mujeres!) de la Iglesia, ha sido expulsada y condenada muchas veces, pero se ha mantenido siempre resistente, sobre un Himalaya de blancura que puede abrirse ya a toda la tierra.

3. Magdalia es una palabra. Triunfó y se impuso en muchos luares un tipo de Iglesia que silenció la palabra que Jesús había compartido, sobre todo, con mujeres, conforme a la sentencia (¡contraria a Jesús!) que decía: Las mujeres callen en la iglesia (1 Cor 14-34). Siguiendo ese mandato, las mujeres han guardado por siglos un de silencio “que les ha hecho fuertes”, les ha capacitado para escuchar cosas que, en general, los hombres no solemos escuchar. Pero ha llegado la hora de que las mujeres, herederas de aquellas que siguieron a Jesús desde el principio, digan la palabra y descubran la verdad. Lo que María Magdalena ha dejado en y para la Iglesia no es un “hijo físico” con Jesús, sino su palabra acogida y transmitida, en su misma existencia de mujer y de persona, su palabra hecha “testamento de Jesús”, un evangelio perdido y recuperado.

4. Magdalia es una alternativa, “otro Vaticano”, pero no en su forma actual, con estructura de poderes y sistema de jerarquías, sino a modo comunidad de la palabra y del amor del Cristo, que fue escuchada y aceptada mejor por Magdalena, que hoy, tras siglos de silencio, quiere ofrecer a Pedro su experiencia, no para crear otra iglesia, sino para enriquecer y actualizar la del principio. No es una iglesia paralela (Magdalia frente a Vaticalia), porque las seguidoras de la Primera, que fue Magdalena, no quieren el poder ni el control jerárquico, sino la experiencia de una comunidad de iguales, que se ha expresado mejor, hasta ahora, en una iglesia de mujeres que de hombres.

5. Magdalia es un fermento… Ahora que parece que la Gran Iglesia corre el riesgo de morir, como masa seca en una artesa donde se multiplican normas y leyes pero falta el pan… (falta la mujer de la masa de pan con levadura, en tres partes: Mt 13, 33). Ahora que muchos cantan el Réquiem a la Iglesia, viene ella, como dice el evangelio: El reino de los cielos es semejante a la levadura que una mujer tomó e introdujo en tres medidas de harina, hasta que todo quedó leudado o fermentado" (Mt 13, 33). Magdalia es fermento de Jesús y de María Magdalena (de María la Madre) para una iglesia que parece seca, sin fermento, para recrear de nuevo las Iglesias, para ortodoxos y protestantes (¡tres medidas de harina) desde el Himalaya hasta el Japón y China, hasta Francia y el duro Altiplano de los Andes… Fermento de humanidad hecha iglesia de Jesús, esto quiere ser Magdalia.

6. Magdalia es una y son siete. Ha sido y es el lugar de una mujer: Magdalena, su sucesora Raquel, su sucesora actual, Eliva de Ilíberis… Esa mujer parece Papisa pero no lo es; parece Obispo, pero tampoco lo es, al modo de los obispos actuales, ni es tampoco presbítero sacerdote. Es una mujer hermana, servidora y amiga, al estilo de Jesús, en una iglesia donde el tipo de sacerdotes actuales va desapereciendo. Ella una mujer y son siete, el Consejo Misionero de las Diaconisas del principio (cf. Hech 6-7), la servidora de la comida universal de los Siete Panes (Mc 8, 5-7)… Ellas y sus compañeras son siete, que son más importantes que Pedro y los Doce (aunque sin negarlos).

Esa nueva mujer-Magdalena, que se llama Elvira de Ilíberis, acaba de asumir el encargo de renovar la Iglesia universal, y ha empezado a desarrollar su programa, sin grandes fotos, sin presentaciones ante la prensa, sin manifiestos de poder. Ella y su grupo no quieren el poder, como no lo quiso Jesús, ni quiso que lo tuvieran los suyos (cf. Mc 10, 35-45); pero el Jesús de Magdalena les dice que vuelvan otra vez a Pedro y le enseñen el camino que lleva a Galilea (cf. Mc 16, 1-8); no lo habían podido hacer hasta ahora, ahora pueden hacerlo, como la Magdalena mujer compañera y amiga del Discípulo amado, que evangelizar a Pedro y a los apóstoles (Jn 21).
con … Esos/esas Siete que no quieren romper con Pedro y que vuelven una y otra

7. Magdalia es el gozo de ser cristiana/o, de una forma nueva. Magalia son las tres mujeres de la cruz y de la pascua de Marcos y de Juan, las “Tres Marías” (de la portada del libro: María la Santa Madre, María la Santa Amiga, María Salomé la Santa Compañera). Magdalia son las Siete Iniciadas de la Iglesia universal… Magdalia es el gozo de ser cristiano, con ellas y por ellas, en un lugar (del Himalaya/Tibet o los Andes, de Roma o New York, donde fuera…), un lugar humano, para mujeres y niños, para hombres, para todos.

Allí donde una lectura del evangelio miedoso dice que hubo pan para cinco o cuatro “hombres” sin contar mujeres y niños (¡que no se cuentan! Mt 14, 21; 15, 38), el evangelio de Magdalia abre una mesa de pan y pescado, de amor y palabra, para una comunidad de mujeres y niños, donde también hay un lugar para los hombres, un lugar donde Pedro y los suyos tiene también mucho que decir (desde ese fondo se puede re-leer Mc 3, 31-35 y 10, 29-30).

2. NUEVO COLEGIO APOSTÓLICO DE MUJERES SACERDOTES

Recojo la noticia que apareció en El Mundo http://www.elmundo.es/sociedad/2016/06/03/5751806fca4741750a8b45fa.html. En ella se habla de la formación de un nuevo grupos de mujeres-sacerdotes que, en algún sentido pueden parecerse a las mujeres de la Comunidad de Magdala. Hay, sin embargo, algunas diferencias importantes que sería necesario precisar. Por hoy dejo el tema así:

Que los lectores de mi blog vean la nueva foto, al principio y al final de esta postal
‒ Que comparen el ideal de estas mujeres-sacerdotes con las mujeres de la diaconía de Magdala, tal como las presente D. Lemar
‒ Que saquen sus consecuencias. Yo sacaré las mías dentro de unos días. Para los que no pueden activar el link del mundo, presento a continuación el trabajo entero. Buena semana a todos los amigos del blog
:

M. Bernabé: C. Moreira, la primera mujer sacerdote española

El Mundo. 03/06/2016 15:06

No viste un disfraz, sino que es sacerdote y ejerce como tal. Y además, en A Coruña. Se llama Cristina Moreira y es la primera y única mujer española que ha sido ordenada presbítero, respetando la "sucesión apostólica", asegura ella. Pero eso sí, saltándose a la torera el derecho canónico, que establece que sólo un hombre puede celebrar la eucaristía.

Forma parte de la Asociación de Mujeres Sacerdotes Católico Romanas (ARCWP, en sus siglas en inglés), un colectivo que promueve la igualdad de derechos de hombres y mujeres dentro de la Iglesia Católica, y que en 2002 ordenó a las primeras siete mujeres sacerdote. Lo hizo en el río Danubio.
"Las diócesis funcionan territorialmente, pero el río Danubio no es territorio de ningún obispo. Por eso las primeras ordenaciones se hicieron allí, para evitar invadir el espacio de ningún prelado", justifica madre Cristina. Por eso, y por el gran simbolismo que el agua tiene en el cristianismo. "Es fuente de vida, de renovación", detalla la sacerdote. Las ordenaciones las hizo un obispo varón. De ahí que madre Cristina asegure que han respetado la "sucesión apostólica" en todo momento.

"Para ser presbítero, te tiene que ordenar alguien que haya seguido la línea de los apóstoles. Es decir, que fuera ordenado por Pedro, primero, o por el resto de los apóstoles. Y así sucesivamente. Y nosotras, esa línea la hemos seguido", aclara la madre Cristina que, sin embargo, no quiere desvelar el nombre de ese primer obispo varón que se saltó el derecho canónico, pero que ordenó a las primeras mujeres sacerdotes según los ritos de la Iglesia Católica.

"Es cierto, no tenemos la autorización canónica", admite la religiosa. "Pero nosotras no estamos de acuerdo con el canon 1024 del derecho canónico que establece que sólo un varón puede ser ordenado sacerdote. La Biblia no dice eso por ninguna parte", argumenta.

Cristina fue ordenada diácono en A Coruña en 2013 por una mujer obispo. Y dos años más tarde, en 2015, llegó al sacerdocio, pero para ello tuvo que trasladarse a Florida, ya que en la actualidad sólo hay una decenas de mujeres obispo en todo el mundo. En cambio, las mujeres sacerdote que forman parte de la ARCWP suman más de ciento veinticinco.

La reacción del Vaticano ante estas ordenaciones fue excomulgar a todas ellas. "Este es el año del Jubileo de la Misericordia, del perdón. Hemos venido a pedirle al Papa Francisco que nos levante la excomunión", explica madre Cristina, que se ha trasladado desde A Coruña a Roma para precisamente eso. "¿Qué mal hemos hecho? Dar la eucaristía no es nada malo, y ayudar a quienes lo necesitan, tampoco", afirma.

Ellas y otra sacerdote de ARCWP, Janice Sevré-Duszynska, se reunieron el miércoles con un representante de la Curia y le entregaron un escrito dirigido al pontífice con dicha y otra petición: que Francisco abra un diálogo con ellas. "Más de ochenta comunidades pastorales dependen de nosotras, y podemos ser fuente de inspiración para dar un vuelco a la vieja Iglesia, que tanto necesita un lavado de cara", declara la religiosa.
Las dos sacerdotes y activistas de la organización Women's Ordination Conference (WOC) -otra asociación católica que defiende el mismo objetivo- protagonizaron este viernes una protesta en los jardines de Sant Angelo, a unos centenares de metros del Vaticano, a favor de que las mujeres puedan ser ordenadas sacerdote en la Iglesia Católica.

La protesta fue bastante desangelada -apenas asistieron una quincena de mujeres-, pero relevante. Es la primera vez que se autoriza una manifestación de este tipo en la capital italiana. Miembros de la WOC habían intentado llevar a cabo acciones similares en Roma en otras ocasiones, pero siempre habían sido reprimidas por las fuerzas del orden.

Todas las activistas vistieron de color negro -emulando el color de la sotana de los curas-, y algunas se presentaron con alzacuellos. "Un Jubileo para las mujeres sacerdotes", se podía leer en los folletos que repartían a los viandantes, muchos de ellos curas. Se da la circunstancia que estos días se celebra en el Vaticano el denominado Jubileo de los Sacerdotes, y más de seis mil curas de todo el mundo se han trasladado a la capital italiana.
Tras la protesta, las mujeres participaron en una misa en la basílica de San Pedro, con motivo del Jubileo de los Sacerdotes. Las fuerzas del orden les requisaron las pancartas y los folletos a la entrada, y las vigilaron durante toda la celebración.