Domingo, 17 de diciembre de 2017

Ayuno de Ramadán, uno de los pilares del Islam

Entre hoy y mañana (5-6 VI 2016), comienza el Ramadán, mes de ayuno de los musulmanes, una institución que forma parte de los cinco grandes pilares de la religión, que son los siguientes:

1. La Sahada o confesión de fe. Musulmán es un hombre o mujer que se confiesa sometido a Dios, y así lo proclama con la Sahada (sólo Allah es Dios, y Muhammad su profeta). Esto es lo primero, lo más importante: El reconocimiento absoluto de Dios, la sumisión a su voluntad creadora, a la Vida que es su vida.

2. Azalá, oración. La comunidad se funda en la plegaria, que los fieles deben repetir cinco veces al día (amanecer, mañana, mediodía, tarde y noche), inclinándose ante el Dios poderoso. Cada uno ante Dios, sometido a su Poder, todos juntos, en filas, con los pies descalzos, ante la absoluta Majestad.

3. Limosna y/o justicia social. En el principio del movimiento del Islam está la condena profética de Muhammad contra la injusticia de los ricos comerciantes de la Meca. Por eso, él situó en el centro de su proyecto religioso una fuerte exigencia de participación social, un mandamiento de 'limosna' o tributo social en favor de los necesitados.

4. Ayuno. Más que de ayuno en sentido ascético, es mes de recreación social y encuentro con Dios: cesan las actividades ordinarias, de día se duerme u ora; de noche se celebra el misterio de la vida (relaciones afectivas y familiares, comida compartida...). . "Durante el ayuno os es lícito por la noche uniros a vuestras mujeres: son vestidura para vosotros y vosotros lo sois para ellas... Comed y bebed hasta que a la alborada pueda distinguirse un hilo blanco de uno negro. Luego observad un ayuno riguroso hasta la caída de la noche" (Corán 2, 183.185.187).

Largos años he enseñado el Islam en una facultad de Teología Católica, y en la facultad de Periodismo... Siempre he destacado la importancia de un mes de "ruptura" cada año, un mes para la interioridad, el descubrimiento de la fragilidad de la vida, y la comunicación de amor en la noche... Si el Ramadán es difícil en una cultura "moderna" (activa, implacable...) como la nuestra, ello se debe quizá a la falla de nuestra cultura, no al carácter "primitivo" del Islam.


5. Peregrinación. Muhammad empezó mirando a Jerusalén como ciudad sagrada, pero luego destacó la importancia de la Casa o Caaba de la Meca, que Dios mismo había ordenado construir a Abrahán y su hijo Ismael. Allí debía mantenerse su recuerdo, la memoria de la fe monoteísta (cf. 2, 124-125). Por eso, cuando culminó la Hégira y conquistó la Meca (el 630 EC), purificó la Caaba, como lugar de memoria y encuentro con Dios, organizando la peregrinación, especialmente la Grande, una vez a la vida, para así retomar el principio de la experiencia sagrada.

Hoy quiero fijarme de un modo especial en el ayuno de Ramán, como ha sido expuesto en el Diccionario de las Tres Religiones, por A. Aya y J.F. Durán. Todo lo que sigue es de ellos:

ISLAM. YUNO DE MES. RAMADÁN

Los musulmanes deben ayunar durante todos los días del mes de Ramadán, que es el noveno mes del calendario islámico. Éste es el cuarto “pilar del islam” (arkân al-islâm). El mes de Ramadán fue en el que Muhammad recibió la primera revelación coránica. Por eso es un mes en el que los musulmanes están particularmente atentos a la recitación, memorización y meditación del Corán. Ramadán es para los musulmanes el mes del Corán.

El que ayuna –el sâim– deberá abstenerse de comida, de bebida, de cualquier otro tipo de sustancia (como tabaco, por ejemplo) y de actividad sexual…, lo que se llama en árabe las muftirât, desde la salida del sol hasta el ocaso. Literalmente, “hasta que no pueda disinguirse un hilo blanco de un hilo negro”. A la comida de antes del alba se la llama el suhûr y a la de ruptura del ayuno tras la puesta de sol el iftâr. Las noches de Ramadán son momentos especialmente propicios para la recitación del Corán. Tras el salât 'isha, en todas las mezquitas, los musulmanes establecen los tarâwîh: son series de postraciones durante las cuales adquiere especial importancia la recitación de las azoras del Corán, completándose al final del mes la recitación del Libro.

Todo musulmán que haya alcanzado la pubertad debe ayunar. Están excluidos del ayuno los enfermos, los viajeros, las menstruantes, las embarazadas y las que estén amamantando. Todas estas personas deben recuperar luego los días de ayuno perdidos cuando haya terminado la enfermedad, el viaje, la menstruación, el embarazo o la lactancia.

Al terminar el ramadán se celebra ´îd al-fitr (la fiesta de la ruptura del ayuno), en esa ocasión se practica la çakât al-fitr (el azaque de la ruptura del ayuno), consistente en un donativo a los pobres y necesitados.

2. Una costumbre anterior a Muhammad

El ayuno –en árabe siyâm o saum– no se presenta en el Islam como ninguna innovación religiosa de Muhammad (en realidad el Profeta no cesó de decir que ha venido tan sólo a recordar lo que todos los otros profetas anteriores habían enseñado). Dice expresamente el Corán: yâ ayyuhâ l-ladzîna âmanû kútiba ‘aláikumu s-siyâmu kamâ kútiba ‘alà l-ladzîna min qáblikum la‘állakum tattaqûn (“Oh aquellos que tienen confianza en Allâh, se os ha ordenado el ayuno tal como fue prescrito a los pueblos que os precedieron”).

Muhammad solía retirarse a la Cueva de Hirâ, como norma un mes al año, siguiendo la tradición de los unitarios hanifes de la península arábiga. En ocasiones especiales, como fueron los meses que precedieron a la primera Revelación, esos ayunos se intensificaron. Finalmente, descendió el Corán cuando Muhammad estaba cumpliendo con uno de estos ayunos, durante el mes de Ramadán. Así queda reflejado en el Corán: sháhru ramadâna l-ladzî: únçila fîhi l-qur-ân (“El mes de Ramadán, en el que fue revelado el Corán”). Según la tradición, este descenso tuvo lugar en la “noche del poder” (lailat al qadr), definida por el Corán como “mejor que mil meses”, y también se dice de ella: “Es Paz hasta rayar el alba”.

Cada año se conmemora de forma especial la noche veintisiete de este mes de ayuno; fecha a la cual, se atribuye el acontecimiento. Los hadices cuentan que, esta noche misteriosa vuelve a tener lugar cada año en cualquiera de las últimas diez noches del ramadán, por lo que se recomienda que el musulmán esté especialmente atento, retirado en las mezquitas o en dzikr frecuente, recordando a Dios. Este ejercicio se llama el i‘tikâf.

3. El “otro ayuno”

El musulmán no sólo debe ayunar de comida, bebida o sexo, también debe ayunar de sus defectos, ayunar de falsedades, ayunar de agresividad, ayunar de injusticias… Muhammad dijo: “Allâh no tiene necesidad de que abandone su comida y su bebida quien no deja de calumniar y actuar según las calumnias”. Es a este ayuno de torpezas y errores lo que se llama “Ayuno del Corazón” (saum al-qalb). Sólo así el ayuno es perfecto y aceptable para Dios. En un hadiz qudsî, el Profeta Muhammad dice que Dios ha dicho: as-siyâmu lî (“El ayuno es para mí”). Rûmî, el gran místico persa, añadiría: “El hambre es el alimento de Allâh”.

4. Beneficios del ayuno

Lo cierto es que el Islam invita a los musulmanes una vez al año, durante un período de tiempo significativo, un mes, a pararse, a alterar de modo radical su cotidianidad: la actividad se trastoca, la noche y el día cambian de contenido, se paraliza y a la vez se activa todo.

Es una profunda ruptura con la rutina. El ayuno enseña al ser humano a adaptarse a las circunstancias, a hacerse consciente de su capacidad para cambiar el curso de los acontecimientos y superar sus propias limitaciones. Les entrena a tener autocontrol: alejarse de lo harâm y a ser sobrios en lo halal (→permitido, prohibido). Los musulmanes no lo viven como si se tratara de un sacrificio. Por la noche puede satisfacer sin restricción las necesidades de las que se han privado durante el día.

Lo fundamental es su facultad para trastocar los órdenes cotidianos, la conciencia de su protagonismo. El ayuno sirve también para pulir la rudeza del ser humano. Con él se hace consciente de sus necesidades y aprende a valorar aquello con lo que Dios lo sustenta. Una tradición relata que cuando Dios creó a Adán, éste se mostró soberbio. Entonces se le hizo pasar hambre y sed, y el hombre conoció entonces a Dios.

Con el ayuno, el ser humano va conociéndose a sí mismo, sus posibilidades y sus limitaciones, y en esa misma medida va reconociendo el señorío de Dios sobre él. El ayuno le enseña que es capaz de superarse y a la vez, le evita la arrogancia. Les hace conocer la solidaridad con los que sufren hambre y sed, les enseña a apreciar cada bocado de agua, cada sorbo de bebida… Los efectos del Ramadán entre los musulmanes son de una tremenda eficacia. El maestro Shaqiq de Balj hablaba de la alquimia del ayuno pues decía que “cuarenta días de hambre podían transformar la oscuridad del corazón en Luz”.

El Profeta dijo: “Gentes, llega a vosotros el mes de Allâh portando rahma (fecundidad divina), baraka (bendición y prosperidad) y magfira (la indulgencia de Dios), un mes que es, junto a Allâh, el mejor de los meses”. El ayuno también se puede practicar voluntariamente fuera de este mes y hay días recomendados especialmente para ello.

5. El ayuno refuerza los vínculos de la comunidad de Muhammad

Como los meses islámicos son lunares y no solares, el mes de ramadán va cayendo en estaciones diferentes a lo largo del año, la duración del ayuno no es idéntica en todas las estaciones y todas las latitudes. Su comienzo se guía por la aparición de la luna del mes noveno del calendario islámico, unos dicen que desde el momento en que uno mismo o alguien de nuestra confianza la ven. Otros piensan que la tecnología astronómica puede igualmente servir para establecer el comienzo del mes. Las diferencias de criterios y de latitudes no crean una división real de la comunidad, ya que el propio Derecho Islámico estableció la legitimidad del yawm ash-shakk (“el día de la duda”).

Esta flexibilidad en el día de anticipación o de postergación de un ayuno que se cumple en las tierras islámicas con tanta rectitud tiene una nada desdeñable sabiduría para la comunidad de los creyentes, y es la de que la certeza sólo pertenece a Dios. Y que lo único que está en manos del creyente es la correcta intención al hacer lo que creemos que es mejor, la niyya. A pesar de estas diferencias en el comienzo del ayuno en unos lugares y otros (e incluso en un mismo lugar), para aunar a la comunidad de Muhammad (→ umma) y para hacerla proyectar su fuerza sobre un objetivo común, no hay práctica (´ibâdât) tan contundente como el ayuno de Ramadán.

A. Aya.
J. F. Durán