Sábado, 16 de diciembre de 2017

‘La senda de las espigas’, antología poética de Boris Rozas

El autor ofrece su poesía escrita entre 2004 y 2015

Condensar con relativo acierto más de 15 años de prolífica actividad poética no es tarea fácil para un autor, tampoco para un editor. En este caso han confluido en tiempo y forma dos maneras de vivir y entender la pasión por la literatura, dos estilos antagónicos pero semejantes en esfuerzo y dedicación, el de Zeús Pérez Villán, editor y fundador de Al Margen Editorial, sello que lo ha dejado todo en este primer título de su colección poética, y el de Boris Rozas, poeta ya de recorrido pero aferrado a sus recuerdos y a sus costumbres, que ha querido regresar a su eterna Valladolid de la mano de un sello local consolidado, espléndido en la inmediata puesta de largo de esta senda de las espigas.

Insisto, no es fácil reducir el inmenso talento de más de 15 años de carrera poética a una difícil selección de casi un centenar de páginas, con más de setenta poemas premiados a uno y otro lado del charco, intensos y diferentes, con una variedad cromática de difícil parangón en el panorama poético actual, como así está siendo reconocido por jurados de todo el mundo con una regularidad casi abrumadora.

Rozas no es un poeta de excesos lingüísticos o retóricos, es más bien un cronista indiscutible de las diferentes realidades que se entrelazan sutilmente en el tiempo, en su tiempo. Como esa senda que ahora se intuye camino literario magistralmente trazado, su poesía es tiempo discurrido y amortizado ya por el viajero de estas latitudes, es imagen, es momento, no pretende ser formulario de nada ni de nadie, sólo él mismo hecho renglones a través de los múltiples caminos que han construido su propio horizonte de sucesos.

La senda de las espigas es un necesario alto en el camino para coger aire y perspectiva de lo andado, pero también una gruesa oportunidad para el lector que se quiera sumar a esta carrera vertiginosa que es la vida vestida de poeta, con los galones del que piensa y se expresa en verso, del que ha elegido esa senda para retratarse en vena ante los demás.

Obviamente, Ragtime e Invertebrados ya son dos referentes necesarios para aquellos que conocen y respetan la poética de Rozas, y cuyos pasajes más sonoros y evocadores no podían dejar de estar presentes en esta selección poética que es La senda de las espigas, ese aroma inconfundible a viejo Jazz neoyorquino paseado con ternura por un marco inigualable, en definitiva un magistral cuaderno de viaje imprescindible en el panorama poético actual vallisoletano.

Y qué decir de esos Invertebrados que apuntalaron definitivamente el proyecto vital y literario de Boris Rozas, haciéndose merecedores por unanimidad del Primer Premio de Poesía Pilar Fernández Labrador, en nuestra querida Salamanca. Pocas veces el tiempo se detiene lo suficiente como para dejarnos mirar atrás lo necesario, pero en Invertebrados Rozas lo consigue una vez más. En palabras de la Catedrática de la Universidad de Salamanca y miembro del Jurado Internacional de este prestigioso premio, Carmen Ruiz Barrionuevo: “Con Invertebrados, el poeta se instala definitivamente en el horizonte del lector y eso mismo incide, en estos tiempos nuestros, en la rotunda eficacia de su palabra poética”.

En efecto no es tarea fácil condensar tanto talento poético desbordado, pero lo cierto es que el resultado deja poco lugar a las dudas, y estamos seguros de que los buenos lectores de poesía agradecerán sobremanera esta segunda oportunidad de incorporación rápida a esta senda aún incipiente, pero vertiginosa y plausible, hermosa y vibrante. Boris Rozas es ya uno de nuestros poetas más icónicos, más pluralmente contundentes y certeros, pero a la vez expresión pura del pensamiento lírico más clásico y estéticamente certero.

Disfrútenlo en este paréntesis.